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La periodista y presentadora Nuria Marín (45 años) ha roto el tabú del sector inmobiliario compartiendo su propia odisea como inquilina.

Con un discurso afilado, directo y sin concesiones, la catalana ha denunciado la encrucijada que asfixia a generaciones en España: la brecha abismal entre unos salarios estancados y un mercado del alquiler a precios desorbitados.

"Yo no he comprado mi piso hasta los 44 años con mi pareja, después de haber trabajado desde que salimos de la universidad", revela la comunicadora. Para ella y su pareja, Juanlu de Paolis, con quien contraerá matrimonio el próximo 30 de octubre, adquirir un inmueble propio era una meta que durante lustros percibieron como una quimera inalcanzable.

"Hasta ahora no nos lo habíamos planteado seriamente porque lo veíamos algo imposible", asevera con rotundidad.

Asimismo, comparte una reflexión sobre la precariedad salarial en nuestro país: "Hay que mejorar el tema de los sueldos; los sueldos son precarios y no está equilibrado lo que cobra la gente con lo que se pide por un alquiler o por lo que se están vendiendo los pisos".

El viacrucis de su piso de alquiler en Madrid

El testimonio de Marín con una vivienda de alquiler se remonta a seis años atrás, cuando el cierre del mítico formato Cazamariposas la obligó a trasladarse a la capital para conducir un nuevo espacio televisivo diario.

"En 2020 se acababa Cazamariposas, que lo hacíamos en Barcelona, y me tengo que ir a vivir a Madrid porque el programa nuevo que vamos a hacer es de lunes a viernes. Y tengo que ir allí y buscarme un piso de alquiler allí, aunque sigo pagando el de Barcelona junto con mi pareja porque él sigue viviendo aquí y yo quiero seguir viviendo también en Barcelona e ir a Madrid solo a trabajar", ha explicado.

Ante la urgencia de encontrar un hogar amueblado sin abandonar su residencia habitual en Barcelona, optó por el alquiler de temporada.

La experiencia arrancó con un desembolso astronómico en el céntrico barrio de Lavapiés: "Un piso muy pequeñito, muy mono, muy arregladito, está muy bien, muy apañado".

Por un inmueble reducido de 1.210 euros mensuales, desembolsó de golpe más de 6.000 euros entre mensualidad en curso, comisiones de agencia y dos meses de fianza.

Tras el estallido de la pandemia y la posterior cancelación del programa, la presentadora siguió abonando su cuota a distancia mientras recibía exigencias inflexibles por parte de la gestora.

"Durante el confinamiento recibo un simpático mail que me sentó fatal, que decía: 'Le recordamos a todos los inquilinos que deben seguir haciendo frente a sus mensualidades a pesar de las circunstancias'. Y dices: "Yo ya he pagado la mensualidad que me estás reclamando, por lo menos mira quién ha pagado y quién no antes de enviar este mail en un momento tan delicado", ha lamentado.

El verdadero calvario, según su relato, llegó con la extinción del contrato a los 11 meses. "Digo: "Bueno, devuélveme la fianza". No... (risas) fianza not found. Desaparecen, se esfuman. Envío mails, hago llamadas, nadie me contesta, hasta que encuentro un foro en internet donde hay más afectados".

Sólo tras articular una estrategia común y remitir un burofax formal logró recuperar su dinero, tras meses de dilaciones bajo el pretexto de tensiones financieras. "Me pedían la comprensión que no tenían ellos con la gente que no podía pagar durante la pandemia", lamenta.

Núria Marín. TV3

"Pececitos que se creen tiburones"

En su alegato, Marín pone el foco en la proliferación de las licencias de temporada.

"No es normal que haya tantos pisos de temporada. Hay gente que hereda un piso o tiene un piso extra y quiere sacarle el máximo rendimiento, lo mete en una agencia de este tipo, que se preocupen de todo, lo alquilen por temporada porque pueden pedir un alquiler mucho más alto", subraya.

En relación a quienes poseen un elevado número de propiedades, sostiene: "La mayoría de los pisos que están en alquiler pertenecen a grandes tenedores, no pertenecen a pequeños propietarios —que hay gente que es muy legal, ¿eh?".

Nuria Marín en un acto público. Gtres Gtres

En su caso, vive "en un piso, el dueño del piso es muy legal, o sea, no tengo ninguna queja—, pero conozco gente que de repente les han dicho: "Tengo que vender el piso, te tienes que ir" y luego se lo han encontrado en Idealista por 600 € más al mes".

Lo que más lamenta la presentadora es que "en este país hay un montón de gente que son pececitos pero se creen que son tiburones. Veo a mucha gente humilde, gente que gana muy poco dinero, hablar como si fueran de repente un bróker de Wall Street. Hay demasiado flipado en nuestro país en este momento".

Marín ironiza sobre la resignación colectiva impuesta por los intermediarios inmobiliarios, que justifican costes desorbitados por inmuebles deficientes bajo la premisa de que "no se puede tener todo".

Su veredicto final exige, tal y como apunta, a la intervención institucional: "Yo quiero a alguien que defienda a los pececitos de los tiburones, y el tiburón que se vaya al océano a molestar a otros tiburones y a los pececitos que los deje tranquilos, que al final lo único que quieren es su pecerita para poder vivir tranquilos".