El mapa gastronómico de José Luis Martínez-Almeida (51 años) no responde a modas efímeras ni a la estética del diseño. El regidor madrileño profesa un culto fervoroso por la taberna castiza, por el mostrador de madera noble y el guiso de toda la vida. El de chup-chup prolongado.
Su agenda institucional incluye paradas estratégicas en foros regionales, nacionales e internacionales, pero su día a día se cocina en las distancias cortas.
Muy cerca de la sede nacional de su partido en la calle Génova, en el callejero de la Justicia y el arte, descansa su trinchera de confianza: Barrutia y el 9.
Situada en el número 9 de la calle Santa Teresa, en pleno barrio de Justicia, esta taberna centenaria nació a principios del siglo XX y conserva intacto su aroma a tasca ilustrada. Un negocio familiar que rehúsa las esferificaciones y basa su prestigio en el producto atemporal.
Su propuesta no admite discusiones: unas memorables croquebravas, torreznos confitados a fuego lento hasta alcanzar la crujiente perfección y unos callos a la madrileña —con su punto justo de picante, morros melosos y salsa trabada— que figuran entre las referencias obligadas de la ciudad.
De Lhardy a las barras ilustradas
La pasión de Martínez-Almeida por la cocina tradicional madrileña alcanzó su punto álgido durante su enlace matrimonial con Teresa Urquijo (30). Para la celebración de su convite, la pareja confió el apartado culinario a Casa Lhardy.
Fundado en 1839 por el suizo Emilio Lhardy en la Carrera de San Jerónimo, este restaurante es el auténtico decano de la restauración capitalina.
Pionero en la alta cocina de corte francés acoplada al recetario español, Lhardy introdujo en Madrid el servicio de mesa refinado, las vajillas de plata y los salones privados donde se redactaron episodios fundamentales de la historia política de los siglos XIX y XX.
Su mítico consomé servido en samovar de plata, los hojaldres artesanos y, por encima de todo, su monumental cocido madrileño servido en dos vuelcos —con sopa de fideos finos y bandeja de carnes, tuétano y garbanzos de fuentes primarias— representan la aristocracia culinaria donde el alcalde selló su boda.
La ruta secreta del regidor
El radar gastronómico del primer edil abarca desde el centro histórico hasta las manzanas de Chamberí y el distrito financiero.
Otro de sus establecimientos de cabecera es Casa Lucio. Ubicado en el Madrid de los Austrias, este mesón comandado por el legendario Lucio Blázquez (93) seduce a Almeida con una fórmula imbatible.
"Me gustan los huevos estrellados tal y como los hace Lucio", ha confesado el regidor sobre el icónico plato de patatas pochadas y yema fluida que ha enamorado también a monarcas y jefes de Estado.
Entre sus establecimientos favoritos, cabe citar también a Richelieu. Ubicado en el paseo de Eduardo Dato, levantado sobre un antiguo solar del diseñador Balenciaga.
José Luis Martínez-Almeida, con el restaurador Lucio Blázquez, en 2023.
Conocido históricamente como el rincón favorito de la alta sociedad de la capital, sus sofás de cuero han cobijado a personalidades como Adolfo Suárez, Rocío Jurado o Florentino Pérez.
Por otro lado, el Mayflower es uno de sus locales de referencia. Este enclave especializado en cocina mediterránea y línea vanguardista, situado junto al Estadio Santiago Bernabéu, cuenta con una terraza idónea para la hora del vermut.
Guiado por la influencia de su esposa, el regidor ha sumado a su catálogo personal de restaurantes otros restaurantes de cabecera. Se trata de Las Bridas 1972, una taberna de recetario tradicional presentado con refinamiento de alta escuela, y El Castizo, en la calle Zurbano.
En la lista del alcalde convergen la política, la historia del guiso madrileño, la caña bien tirada y la memoria viva de la cazuela centenaria.
