La realidad a veces supera cualquier guion de ficción. Mientras el fenómeno global de La casa de papel catapultaba a la fama internacional a Hovik Keuchkerian (53), el actor alicantino vivía una peripecia inmobiliaria al margen de los focos.
Una singular historia de okupación, reforma integral y posterior negociación con los propietarios de la que habló entre risas durante su entrevista en el programa A las bravas, presentado por Raúl Pérez (48) en la Cadena SER.
Todo comenzó en un terreno colindante con la vivienda de su hermano. Se trataba de una propiedad deshabitada con un minúsculo habitáculo de apenas 19 metros cuadrados "impracticable". Una caseta de aperos insalubre, inhabitable y cubierta por la maleza: "La parcela estaba absolutamente abandonada".
Permisos, reformas y ocho años de estancia
"Mientras triunfaba La casa de papel, y tú también, tenías una casa sin papeles, ¿puede ser? Me han dicho que fuiste un tiempo okupa", preguntaba Pérez al intérprete. Este respondía con un rotundo "sí" y explicaba cómo la parcela aledaña a la vivienda de su hermano se encontraba en absoluto estado de descuido.
Según su relato, la presencia de extraños merodeando cerca encendió la chispa: "Entraban a ver la parcela y hubo dos o tres veces que vimos gente ahí y tal. Y los niños, mis sobrinos, eran pequeñitos".
El hecho de que se acercaran personas a curiosear la finca despertó cierta preocupación por la seguridad familiar: "Bueno, a ver si van a entrar". Poco después, Keuchkerian decidió tomar la iniciativa por la vía directa.
"Un día se me cruzó el cable y dije: 'Aquí me quedo'", relató el intérprete. Lejos de actuar en la clandestinidad, el excampeón de España de boxeo acudió al Consistorio correspondiente para solicitar las licencias urbanísticas pertinentes y abonar las tasas municipales obligatorias: "Me fui al Ayuntamiento, pedí los permisos para poder hacerlo. No me preguntaron nada porque lo que tienes que hacer es pagar las tasas y ya está".
Tras cerciorarse de que no constaban propietarios ni herederos conocidos a simple vista, emprendió una inversión económica para acondicionar el inmueble: "Me gasté un dinero importante en rehabilitar el chamizo ese".
Un acuerdo a precio de mercado
Aquel caserío ruinoso se transformó en su hogar durante un periodo considerable: "Estuve ocho años".
Hasta que una tarde sonó el timbre. Al otro lado de la puerta se presentó un intermediario preguntando por la titularidad del terreno. "Dije: 'Pues no sé de quién es, pero estoy yo aquí'", rememoró el actor en su charla radiofónica. La parcela pertenecía a una estirpe familiar lejana con derecho sucesorio.
El conflicto se resolvió sin tribunales de por medio. Keuchkerian planteó una salida pragmática: o le reembolsaban la cuantiosa suma invertida en la restauración o formalizaban la compraventa del terreno a valor real. "Llegué a un acuerdo con el heredero del heredero del heredero. Pagamos el precio de mercado y compré la parcela. Estaba destinada para mí, porque es donde vivo ahora", aseveró.
La historia tiene, además, una curiosa secuela vecinal. En la actualidad, una parcela colindante alberga a un hombre que reclama la titularidad histórica del suelo tras un pleito familiar.
El propio Keuchkerian ha hablado de su caso: "Si realmente era de su familia y se la quitaron, es suya. Hace su vida".
