El desahucio de Maricarmen ha vuelto a incendiar el debate de la vivienda en España. El caso de la anciana, fallecida el pasado 7 de octubre a los 87 años, ha encendido las alarmas sobre la tensión inmobiliaria, el acceso a la propiedad y la regulación del alquiler en nuestro país.
En pleno choque ideológico sobre el control de rentas, el relato que compartió Albert Rivera (46 años) durante su intervención en el pódcast Roca Project, conducido por el comunicador Carlos Roca (42), cobra más vigencia que nunca en el debate público.
En su caso, aportó una visión crítica basada en su propia experiencia familiar. El expresidente de Ciudadanos recurrió a una vivencia de su propio abuelo para manifestarse en contra de la intervención estatal en los precios de los inmuebles.
"Un pisazo en el centro" a precio congelado
"Yo lo viví en primera persona. Mi abuelo estaba de inquilino en un piso, que era el almacén de las tiendas familiares. Los propietarios se empobrecieron porque fijaron los precios de los inquilinos y los inquilinos se enriquecieron", rememoró el abogado barcelonés en el citado podcast.
Rivera ilustró el desfase económico de aquel modelo de renta antigua con cifras crudas. "Qué chollo, pago 500 euros o lo que fuera en aquel momento por un pisazo en el centro de Barcelona y el propietario no podía ni pintar la escalera", expuso el exlíder político para evidenciar el deterioro de los inmuebles bajo esa regulación.
A juicio del jurista, fijar topes artificiales al mercado genera un efecto bumerán que termina por asfixiar tanto a los arrendadores como a la propia oferta disponible.
"La consecuencia de ese modelo es que empobreces al propietario tanto que ni cuida la vivienda, ni la reforma, ni reinvierte. Y la otra consecuencia es que haces que los inquilinos, que igual te votan, pero la realidad es que estás destrozando el mercado", aseveró con contundencia.
La advertencia sobre la intervención del Estado
En un momento en el que diversas corrientes políticas reclaman topes estrictos al alquiler para mitigar emergencias habitacionales, Rivera cargó contra lo que considera soluciones populistas y simplistas.
"La solución, si fuera tan fácil, señores, ¿por qué no fijamos el precio en lo que diga el gobierno? Claro, fantástica idea. Destruyes oferta, la gente no pone el piso en el mercado y crece el precio", concluyó el político retirado, advirtiendo de los riesgos de repetir viejos errores regulatorios en el convulso panorama inmobiliario actual.
La alianza entre propietario e inquilino
No es la primera vez que el expolítico se pronuncia de forma tan tajante sobre este asunto. Hace apenas unos días, el propio Rivera compartía en sus redes sociales una profunda reflexión económica sobre la urgencia de rearmar la seguridad jurídica frente a la estigmatización del arrendador.
"Propietarios e inquilinos se necesitan, no son enemigos, son ambos parte de la solución. En España, cada vez más personas necesitan una vivienda. Pero mientras aumenta la demanda, la oferta de alquiler disminuye", decía.
"El resultado es previsible: menos viviendas disponibles y más personas buscando casa, lo que significa precios más altos. Es la ley de la oferta y la demanda", subrayaba.
Su solución al problema de la vivienda es clara: es preciso facilitar más garantías a los propietarios.
"Si queremos alquileres más asequibles, necesitamos que haya más propietarios dispuestos a alquilar. Pero con más inseguridad jurídica, más ocupación y menos mecanismos para garantizar el cobro del alquiler, se genera el efecto contrario: se reducen los incentivos para poner viviendas en el mercado", concluía.
En otras declaraciones recientes, advertía: "El asunto de la vivienda necesita soluciones estructurales: más suelo, más construcción, más seguridad jurídica y más oferta".
"Intervenir el mercado con decretazos sin resolver el problema de fondo no crea viviendas, incluso provocará una menor oferta de viviendas de alquiler por asustar a los pequeños propietarios. Necesitamos menos populismo y más soluciones".
