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Hay actores que no parecen cumplir años: más bien acumulan aplomo. A sus 69 años, José Coronado campa por la profesión a sus anchas. Sin la prisa del debutante ni la inercia del veterano fatigado.

Tras cuatro décadas frente a la cámara, el ganador de dos Premios Goya atraviesa una especie de estado de gracia profesional en el que el trabajo ya no es una trinchera o un simple medio de vida, sino, casi, un patio de recreo. Porque se divierte más que nunca.

Con el estreno de El problema final, la miniserie de Netflix que adapta la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte y en la que comparte plano con Martiño Rivas (41) y María Valverde (39), el madrileño reafirma su idilio con una industria que ha visto transformarse desde dentro.

El actor José Coronado. Pedro J. Pacheco.

"Hace unos diez años empecé a pensar en qué hacer cuando llegara a los 65, si sería hora de dejarlo… ¡Mentira!, los he cumplido y me doy cuenta de que quiero vivir hasta el último día jugando, eso es esta profesión. Yo quiero seguir divirtiéndome en la vida. Y, si tengo la oportunidad de seguir haciendo personajes, de la edad que sean, ahí estaré", confiesa sin rodeos en una profunda charla con la revista Esquire.

Las deudas con Shakespeare

Esa pulsión por no soltar el oficio no nace de la ambición desmedida, sino de un pragmatismo vital esculpido a base de rodajes. Rostro imprescindible del cine y la televisión española gracias a hitos como No habrá paz para los malvados, Cerrar los ojos, Entrevías o El príncipe, Coronado ha aprendido a protegerse de los cantos de sirena de una carrera caprichosa.

"He aprendido en este maravilloso oficio a enamorarme de lo que tengo entre manos. El azar es muy importante en esta profesión e ilusionarte con cosas imposibles luego te lleva a frustraciones", reflexiona.

Aun así, con los pies firmemente pegados al suelo, no oculta las espinas que la edad va dejando en el vestuario: "Es cierto que siempre hay personajes que ansías, aunque algunos ya no los puedo hacer por edad. De los que sí puedo hacer, en teatro, me gustaría hacer un Rey Lear. Soy un enamorado de Shakespeare y sería como una culminación para mi carrera. Al margen de eso, vivo con los pies bastante en la tierra".

Esa mirada serena coincide con la perspectiva que le dan sus cuatro décadas en activo, un periplo en el que ha sido testigo directo del salto cualitativo de la ficción nacional.

"Creo que hemos evolucionado, en estos 40 años que yo llevo en la industria, hasta colocarnos en un puesto muy alto en relación a las producciones que hay en todo el mundo", señala al evaluar el momento dulce del audiovisual español.

José Coronado, en 'Entrevías' Mediaset España

El revés que le enseñó "a priorizar"

Si el actor no le teme a la vejez ni al ritmo de las producciones, se debe en parte a la grieta que se abrió en su rutina en 2017, cuando un infarto cortó en seco su ritmo de vida. Aquel fue un aviso biológico que lejos de paralizarlo, terminó por reordenar su escala de valores.

"Aprendí la lección en su momento, a priorizar, a relativizarlo todo. Después, me olvidé de ello. No quiero vivir con el miedo de que me pueda dar otra vez. Que pase cuando tenga que pasar. Lo recuerdo como una bendición que me vino, una señal para saborear más la vida y lo que de verdad importa", explica con la tranquilidad de quien ya ha firmado la paz con sus propios límites.

Sin la carga de tener que demostrar nada a nadie, José Coronado enfoca el futuro como una prórroga regalada. Ni los 65 supusieron el punto final ni los 69, de momento, tienen pinta alguna de marcarle el freno. Mientras el cuerpo aguante y el libreto merezca la pena, el actor seguirá acudiendo al plató con la misma premisa fundamental: encender la cámara para seguir entreteniéndose.