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Ha sobrevivido a la pobreza de la posguerra, a las tentaciones de la fama, a las adicciones, a los espías rusos y a graves problemas de salud como una cirrosis y un linfoma cerebral. Y, aun así, sigue en pie, sobre los escenarios, con la misma voz que lo llevó de Linares a Las Vegas, Moscú o el Royal Albert Hall.

Este viernes, 9 de octubre, Netflix ha estrenado Aquel, la serie biográfica de ocho episodios que desgrana las luces y las sombras del cantante Raphael (83 años), desde sus orígenes humildes hasta convertirse en una de las mayores estrellas de la música.

No hay nada que el intérprete esquive sobre su vida. Raphael ha participado activamente en el proyecto y ha asegurado que se trata de un retrato íntimo y "sin filtros".

Rapahel en 1967. Getty Images

Los primeros minutos no dejan lugar a dudas. La serie no viene a contar una versión edulcorada de su vida. La ficción abre con un Raphael maduro (interpretado por Javier Morgade) desplomándose en mitad de un concierto, víctima de un desmayo provocado por el alcohol, el estrés y el desgaste de una vida sometida a la exigencia de los escenarios.

A partir de ahí, la serie retrocede en el tiempo a una Jaén de los años 40 y 50 con un Raphael niño que crece en una familia humilde, en el que su madre hace auténticos malabares económicos para que nunca falte un plato de comida en la mesa.

Su padre, Francisco Martos, era albañil; su madre, Rafaela Sánchez, ama de casa. El matrimonio tuvo cuatro hijos, siendo el cantante el tercero de ellos. La estrechez económica marcará al de Linares el resto de su vida.

Antes que músico fue aprendiz y repartidor en una sastrería, pero pronto se dio cuenta de su talento y abandonó su trabajo para ingresar en la academia de música del maestro sevillano Gordillo.

La mili y Eurovisión

Uno de los primeros puntos de inflexión en su vida fue la mili. Estar sometido a la jerarquía castrense, a los castigos continuos y la excesiva disciplina marcaron un antes y un después en su carácter.

Resulta curioso que es en este contexto militar cuando su carrera empezó a despegar de verdad. Es en este momento cuando Raphael firmó su primer contrato importante: TVE1 le llamó para participar en el especial de Navidad donde interpretó su ya mítico villancico El Tamborilero. Desde ahí, los españoles no conocen Navidad sin Raphael.

Cabe recordar que España en aquel momento era franquista y para poder salir de la mili para grabar el especial Manuel Fraga le concedió un permiso especial.

Su salto definitivo llegó, en cambio, con un concierto en solitario en el Teatro de la Zarzuela de Madrid -hasta ese momento nadie había hecho nada parecido en España-. Y con su participación en el Festival de Eurovisión en Luxemburgo en 1966 con Yo soy aquel.

La canción se alzó con el séptimo puesto, el mejor resultado de nuestro país hasta ese momento, y lo lanzó de golpe a la fama internacional.

Como dato simpático, Raphael tuvo que utilizar una peluca durante su actuación porque llevaba el pelo rapado por la mili.

Carmen Polo y los comunistas

La política está muy presente en Aquel como telón de fondo de toda la primera mitad de la carrera de Raphael. La serie muestra una España que, bajo el franquismo, trata de exportar una imagen más amable y abierta al mundo a través de la cultura y el espectáculo.

Siempre se dijo que Raphael fue el cantante preferido de Carmen Polo, mujer de Franco. Le llamaba para que fuera a cantar a El Pardo y él iba sin rechistar. Qué podía hacer si no, ha asegurado él en muchas ocasiones.

Sin embargo, Raphael nunca quiso significarse con ningún color político. También viajó a Moscú en plena guerra fría para ofrecer una serie de conciertos en la capital rusa, invitado por el gobierno comunista.

Rapahel en uno de sus conciertos. Getty Images

De hecho, su primera gira por la Unión Soviética es uno de los episodios más tensos de la serie. Desde la España franquista, el cantante logró los permisos para viajar a un país comunista gracias a la intervención de la ministra de Cultura y a una serie de trámites burocráticos con la correspondiente tensión política.

Una vez en la URSS, Raphael se encontró en un entorno hostil y vigilado: le asignaron un intérprete oficial que no se separaba de él y que, en la práctica, funcionaba como un controlador de sus movimientos y sus palabras. Lo que viene a ser un espía.

En uno de sus conciertos en Moscú, tuvo un encuentro en su camerino con Dolores Ibárruri, 'La Pasionaria', histórica líder comunista española. Ahí la paradoja de su trayectoria: el cantante preferido de la mujer de Franco fue visitado por una de las figuras más emblemáticas del comunismo español, exiliada y convertida en icono de la izquierda.

El amor que lo ancló al suelo

Si hay una mujer que está la "primera en el ránking", como dice el propio Raphael en sus entrevistas, esa es Natalia Figueroa. Su primer encuentro fue en una entrega de premios auspiciada por Encarna Sánchez, cuando él ya era una estrella consolidada y ella, una joven presentadora de televisión con proyección.

Los comienzos no fueron fáciles por la oposición del padre de ella. Agustín de Figueroa (marqués de Santo Floro) se negó a que su hija mantuviera una relación con Raphael debido a la gran diferencia de clases sociales y los prejuicios de la época. Ella, alta aristocracia; él, cantante de origen humilde.

Raphael y Natalia el día de su boda. Gtres

Ese rechazo inicial se disipó en cuanto Agustín conoció a Raphael y se dio cuenta que su amor era puro y sincero.

Los novios se casaron el 14 de julio de 1972 en una boda que iba a ser secreta en Venecia. Ni los padres de los novios tuvieron conocimiento del escenario hasta la víspera.

El mismo día la prensa anunció el compromiso. La ceremonia tuvo lugar en la iglesia de San Zacarías, próxima a la plaza de San Marcos, ante unos escasos 100 invitados. La cena se celebró en la maravillosa terraza del hotel Danieli.

A partir de ahí, Natalia se convirtió en su "ángel de la guarda terrenal", según palabras del cantante, y en la figura que lo ha sostenido en los momentos de crisis, incluidas las relacionadas con el alcohol y la salud.