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El calendario avanza con una prisa implacable, pero la psique de Xavier Sardá (68 años) se niega a dar por bueno el cómputo de los años. En una sociedad obsesionada con encasillar cada etapa vital en compartimentos estancos, el comunicador catalán desmonta la mística del envejecimiento desde la ironía y la lucidez: el envoltorio se transforma, sí. Pero lo que hay en su interior permanece intacto.

"Yo ya me siento maduro y, por lo tanto, soy una persona madura. Pero en el fondo, por dentro, subsiste el mismo de siempre. No me acabo de enterar de que el tiempo pasa... que ha pasado muy rápidamente... muy rápidamente", reflexiona al abordar ese desajuste entre la fecha de nacimiento y la autopercepción.

Esa mirada sin filtros encuentra su altavoz en el proyecto Generación+ de CaixaBank, un ciclo de encuentros centrado en la longevidad saludable y en resignificar la madurez como un nuevo punto de partida.

Lejos de concebir esta fase como una despedida de la escena pública, Sardá defiende que estar cerca de cumplir 70 años no equivale a apagar el micrófono: "La jubilación o la madurez no es una retirada, es un nuevo inicio. Una etapa para participar, para opinar y para compartir".

Xavier Sardà (RTVE) RTVE

Experiencia vs. juventud

Al abordar el debate sobre el valor real que la sociedad concede a la veteranía, Sardá elude los discursos complacientes. Más bien apela al sentido práctico. "Depende, depende, depende", matiza.

"Usted imagínese que va a visitar a un médico. ¿Qué prefiere que sea? ¿Muy joven o muy mayor? Que sea bueno. Pero estamos hablando de ser más viejo o más joven. Yo lo preferiría, digamos, senior. ¿Con experiencia? Claro", sostiene.

Para el periodista, el paso de las décadas otorga un poso crítico e innegociable, aunque traiga consigo peajes físicos inevitables. "Con la edad tenemos más cosas que decir, pero somos menos ágiles", asume entre el pragmatismo y la guasa.

No obstante, la pérdida de velocidad muscular no debe derivar en un repliegue voluntario: "Todos sabemos hablar, pero no todos sabemos comunicarnos. Decir las cosas que tienen que decirse, aunque ya tengamos una cierta edad. La capacidad de comunicar, de sentirnos todavía útiles. Hay que atreverse, ser comunicativos y huir de los miedos".

Xavier Sardà, en 'TardeAR' Mediaset

"Habrá más ancianos que jóvenes"

Más allá del terreno individual, el análisis de Sardá apunta directo al cambio de paradigma poblacional. El aumento de la esperanza de vida ya no es una hipótesis de futuro: es un fenómeno estructural que transformará la economía, el ocio y la convivencia.

"Cada vez habrá más gente adulta, senecta. Va a ser impresionante la cantidad de gente que habrá viviendo largos años", advierte.

Consciente de la urgencia de repensar el modelo social ante una pirámide poblacional invertida, concluye con una advertencia sin dramatismos, pero con aplastante realismo: "Esto va a suponer unos cambios sustanciales. Yo no sé si los veremos, pero mucha gente adulta entrará en la edad avanzada y habrá más ancianos que jóvenes a este paso".

Una realidad en la que, para él, saber pedir ayuda sin perder la voz ni la capacidad de influencia será la verdadera clave del envejecimiento activo.