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La presión social sobre la maternidad ha perseguido históricamente a las mujeres al alcanzar la madurez, pero la actriz santanderina Marta Hazas (48 años) ha decidido dinamitar el tabú desde la calma y sin buscar la aprobación ajena.

Con una carrera profesional sólida y una relación de más de una década con el actor y guionista Javier Veiga (53), con quien se casó en 2016 tras iniciar su noviazgo en 2010, la intérprete aborda con absoluta naturalidad la elección compartida de no ampliar la familia, alejándose de los tópicos que durante años han estigmatizado la renuncia a la crianza.

"Estaría bien tener dos vidas: con hijos y sin ellos"

En una charla íntima en el podcast de Vicky Martín Berrocal, Hazas profundizó en cómo construyó esta postura junto a su pareja.

Cuestionada sobre si el hecho de no tener descendencia respondía a una decisión deliberada y consensuada con su marido, la actriz reconoció la afinidad de ambos en este terreno.

"Yo creo que los dos nos hemos encontrado pensando los dos lo mismo. Y yo creo que estaría bien poder tener dos vidas, ¿no? Para probar una, que es tener hijos, y otra, no tener hijos", reflexionaba con pragmatismo sobre las renuncias y elecciones que implica cada camino vital.

La intérprete no elude el análisis personal al explicar los motivos que la llevaron a apartarse del mandato biológico, vinculándolo directamente a su trayectoria y a sus tiempos de maduración.

"Por cómo es mi vida, también creo que tiene que ver con que he crecido más tarde, he dado mucha prioridad a toda la parte profesional en mi vida", explicaba abiertamente durante la entrevista.

"No lo veo egoísta"

Para Hazas, la decisión de priorizar su desarrollo laboral frente a la maternidad durante las décadas centrales de su vida fue una constante inequívoca.

"He tenido muy claro que de mis 30 a mis 40, o de mis 40 a tal, no me apetecía pasármelos criando", aseveró de forma tajante. Una postura libre de culpas que desmonta los prejuicios que aún orbitan sobre quienes eligen la no maternidad.

"Creo que no es para mí y no lo veo ni más ni menos egoísta", matizó ante los micrófonos, despojando la decisión de cualquier carga moral o justificación innecesaria.

En lugar de entender la realización personal únicamente a través de la filiación, la actriz santanderina concluyó su reflexión dejando claro dónde sitúa su verdadera aportación vital: "Creo que mi granito de arena para aportar al mundo no está ahí".

Un testimonio directo que reivindica la diversidad de proyectos de vida y el derecho a elegir el propio rumbo sin rendir cuentas a las expectativas del entorno.