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Insegura, abrumada por el éxito y con un instinto fatalista que la acompaña desde sus inicios, Carmen Machi (63) ha demostrado que el genio interpretativo suele alimentarse del conflicto interior.

La actriz madrileña —ganadora del Goya por Ocho apellidos vascos y rostro imborrable de la cultura popular por Aída— acaba de sumar un hito más a su prolífica carrera tras recoger el Premio Nacional de Cinematografía de manos del ministro de Cultura, Ernest Urtasun.

Un reconocimiento entregado durante el Festival de San Sebastián que sirvió para certificar su estatus de gigante de nuestra escena, arropada por compañeros y cineastas como Paco León, Natalia de Molina o Félix Sabroso.

Carmen Machi recogiendo el Premio Nacional de Cinematografía. EFE/Juan Herrero

Visiblemente emocionada, la intérprete miró hacia atrás para recordar el origen imprevisto de su vocación: "Nunca imaginé que ese juego que era refugio para mi inseguridad y timidez se convertiría en mi oficio".

Sin embargo, detrás de la brillantez ante la cámara habita una profesional que mantiene una compleja relación con la estabilidad y la felicidad, conceptos sobre los que ha reflexionado abiertamente a lo largo de su trayectoria.

"El miedo al destino"

Ya en 2004, cuando apenas arrancaba la grabación del piloto de Aída y su nombre estaba a punto de convertirse en un fenómeno de masas, Machi deslizaba una frase que con el tiempo se convertiría en su sello filosófico: "La felicidad agota, aburre. Yo, cuando todo va bien, presiento como un cataclismo".

Aquella reflexión en las páginas de El Mundo no era una ocurrencia pasajera. Para Machi, la perfección o la calma sostenida carecen de interés narrativo, sosteniendo que las historias que verdaderamente conectan son "las de los perdedores, porque alientan".

La literatura y el cine necesitan del conflicto, la vulnerabilidad y la capacidad de superación para cobrar sentido. Pero la actriz admitía que este enfoque iba mucho más allá de la teoría dramática: respondía a una sensación real con la que convivía día a día.

"Yo tengo un punto casi pesimista, que hace que cuando todo me está saliendo bien me entre un miedo atroz, porque pienso que algo malo tiene que ocurrir", confesaba al analizar la dificultad de alcanzar una tranquilidad plena.

Ese temor a la fatalidad inminente en mitad de la bonanza, reconocía la intérprete, quizás no sea más que "el miedo al destino, que surge con la edad".

Carmen Machi Gtres

Un presente lleno de retos

Pese a ese recelo instintivo hacia la calma plana, lo cierto es que la carrera de Carmen Machi atraviesa un momento insuperable.

La actriz encadena proyectos de primer nivel de la mano de los mejores creadores del país: protagoniza la aclamada serie Celeste de Diego San José, encabeza el esperado regreso del universo de Aída con el largometraje Aída y vuelta dirigido por Paco León, y forma parte del nuevo trabajo de Pedro Almodóvar (Amarga Navidad).

Además, participa en 53 domingos a las órdenes de Cesc Gay. Un volumen de trabajo aplastante que demuestra que, aunque la felicidad y la tranquilidad le sigan pareciendo sospechosas, el público y la industria siguen celebrando de manera incondicional su talento único.