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Parecía que no iba a llegar ese día, pero, finalmente, Francisco Rivera (52 años) tiene en su haber lo que tantísimos años anheló, pidió y le fue rechazado: parte de la herencia material de su padre, Francisco Rivera 'Paquirri'.

Huelga recordar que tanto Francisco como su hermano Cayetano (49) han luchado con denuedo durante décadas, desde que murió su progenitor, para que Isabel Pantoja (70) les entregara los enseres que Paquirri hubiera querido que ellos tuvieran.

Por fin ha ocurrido. Lo que durante más de cuatro décadas pareció una batalla perdida, alimentada por los juzgados y el distanciamiento mediático, ha concluido en buenos términos, gracias a una iniciativa personal de Kiko Rivera (42).

El hijo de Isabel Pantoja ha accedido y entregado a su hermano lo que le pertenece. Se desconoce, de momento, si este trámite ha sido llevado a cabo con el consentimiento y la aprobación de la intérprete de Marinero de luces.

Extremo que, por otro lado, es más que previsible, teniendo en cuenta que la relación actual entre Kiko y su madre es cordial, próxima y afectuosa.

Kiko y Francisco junto a las cabezas de toro. Redes Sociales

Sea como fuere, la histórica imagen de los hermanos Rivera con las cabezas de toro que el marido de Lourdes Montes (42) ha hecho pública en las últimas horas habla por sí sola.

Francisco y Kiko posan sonrientes junto a una camioneta pick-up en la que trasladan dos cabezas de toro disecadas que pertenecieron a Paquirri y que permanecían custodiadas en la finca Cantora.

El propio Fran Rivera ha expresado su emoción de forma pública dedicando unas emotivas palabras al DJ: "Gracias, Kiko".

Y apostilla: "Después de años y de perder la ilusión de tener algo de papá, esto dice mucho y muy bueno de ti. Me has tocado el corazón y siempre lo voy a recordar. Estarán en un lugar especial. Papá hoy está más feliz".

La entrega de estos enseres de incalculable valor sentimental se produce tras un giro definitivo en el patrimonio de Isabel Pantoja.

La mítica finca Cantora, refugio de la tonadillera durante décadas, fue vendida el pasado mes de enero por aproximadamente 1,2 millones de euros a un empresario libanés con nacionalidad francesa.

El desalojo y vaciado del inmueble ha permitido a Kiko Rivera disponer de los objetos que su madre albergaba en la propiedad.

Para Francisco, la recuperación de estos objetos representa, qué duda cabe, una victoria personal, así como el cumplimiento de una promesa viva hacia sus cuatro hijos.

Las cabezas de toro, símbolos de las grandes tardes de gloria de Paquirri, descansarán ahora en el hogar del diestro como tributo a su memoria.

Kiko Rivera junto a Francisco y Cayetano. Redes Sociales

Por el momento, se desconoce si Cayetano Rivera ha recibido también parte de los objetos almacenados en la finca o si Kiko Rivera planea una entrega similar con su otro hermano.

No obstante, la relación entre el DJ y Cayetano siempre ha mantenido una sintonía estrecha desde que estrecharon lazos en octubre de 1998, llegando a convertirse Kiko en un apoyo fundamental durante sus recientes procesos personales.

Lo que es de justicia destacar en este punto es que la entrega de los enseres a Francisco por parte de Kiko ha tenido lugar en el momento más delicado y tenso entre los hermanos Rivera Ordóñez.

Sabido es que Francisco y Cayetano no atraviesan su mejor período desde que trascendieran públicamente sus diferencias en relación a la celebración de la Goyesca, en Ronda.

La guerra que inició Carmina

La reclamación de los trajes de luces, capotes y enseres personales de Paquirri ha sido una constante en la vida de la familia Rivera-Ordóñez.

Fue su propia madre, la recordada Carmen Ordóñez, quien inició la batalla legal y moral tras el deceso del torero para que sus hijos tuvieran los recuerdos que su padre les había destinado.

En noviembre de 2020, Francisco y su hermano Cayetano Rivera reabrieron el proceso requiriendo notarialmente a Isabel Pantoja la entrega de los trajes y objetos personales depositados en Cantora.

La artista rechazó la solicitud aludiendo a que los enseres no figuraban en la escritura de partición de bienes de 1987, la cual solo contemplaba activos con valor económico y no sentimental.

Ante el bloqueo administrativo, seis meses después, los hermanos decidieron paralizar la vía judicial para evitar mayor desgaste emocional.

"He llorado mucho. Con mucha impotencia y sin entender nunca el porqué. No perdonaré que una de las penas que tuvo mi madre en su vida fue no haber logrado que sus hijos tuvieran el legado que su padre quería para ellos", llegó a confesar Fran.