Hay heridas familiares que el tiempo consigue cerrar, pero no borrar. Si no, que se lo digan a Samantha Vallejo-Nágera (56 años).
Acostumbrada a lidiar con la autoexigencia y el escrutinio en el plano profesional, la empresaria y figura televisiva ha desnudado las costuras de su infancia al recordar la figura de su padre, el ingeniero José Ignacio Vallejo-Nágera, fallecido en 2007.
En su caso, la figura paternal, lejos de la calidez cotidiana, estuvo marcada por el vacío tras la quiebra del matrimonio con su madre.
Samantha Vallejo-Nágera.
"No tuvimos fines de semana con él"
Detrás del perfil enérgico de la chef subyace una arquitectura emocional esculpida por la ausencia.
La separación de sus progenitores fracturó de forma drástica la dinámica familiar de los hermanos Vallejo-Nágera, dejando secuelas que la empresaria y restauradora no ha dudado en verbalizar sin edulcorantes ni reproches fuera de lugar.
Junto a su hermano Nicolás 'Colate', la jurado televisiva repasó los pasajes de un distanciamiento que transformó su niñez de forma radical. Colate evocó cómo de la noche a la mañana se esfumó la complicidad de los fines de semana, las motos y el campo, abriendo paso a un vacío insalvable donde la figura paterna quedó relegada a un plano testimonial.
Fue precisamente en el programa DecoMasters, emitido en RTVE a comienzos de 2026, donde se produjeron estas revelaciones durante una velada que derivó hacia el terreno más íntimo.
En medio de confidencias compartidas en el taller del concurso, Samantha fue tajante sobre el papel de su padre en aquella segunda etapa vital: "Papá nos cambió por otros niños, la verdad. Nunca tuvo un sitio para nosotros en su segunda casa. No tuvimos fines de semana ni veranos con él".
Samantha Vallejo-Nágera.
"Me acuerdo un montón de él"
Esa drástica reorganización familiar no impidió que los recuerdos permanezcan vívidos en su memoria, con un contraste entre la vertiente trabajadora del lado materno y el carácter extrovertido y bohemio del apellido paterno.
A pesar del aislamiento al que fueron sometidos, Samantha reconoció que extraña su recuerdo con frecuencia: "Me acuerdo un montón de él. Fíjate que nuestros padres estaban separados y que tampoco hemos convivido mucho con él... Me extraña todo lo que me acuerdo".
Frente al peso que supondría cargar con el rencor, la chef prefiere digerir el pasado desde la aceptación y una mirada serena: "No le guardo ningún rencor. Solo me acuerdo de lo bueno, de lo divertido que era, iba a cantar a las residencias".
La infancia de Samantha quedó marcada por una cicatriz. Pero se curó a base de tiempo, madurez y una memoria que ha elegido quedarse únicamente con la luz.
