Esta semana, como en el resto de España, en casa de Fabiola Martínez (53 años) ha habido un especial trajín de cara al inicio del nuevo curso escolar. Por un lado, Carlos (17), el vástago menor de Fabiola y su exmarido, Bertín Osborne (71), ha empezado la universidad.
"Carlos ha empezado hoy Márketing", ha contado Fabiola a ¡HOLA! En paralelo al momento vital que está transitando el pequeño de la casa, la empresaria vive en constante preocupación en torno al bienestar de su primogénito, Kike (19), aquejado de una parálisis cerebral.
Esta enfermedad afecta severamente a las capacidades motoras y cognitivas de Kike, una condición que exige atención médica y terapéutica constante en su vida cotidiana.
El primogénito Kike junto a sus padres.
Tal y como reconoce la propia venezolana al citado medio, el joven representa su prioridad absoluta en estos momentos: "Kike es mi principal preocupación".
El motivo de esta inquietud radica en el marco regulatorio y asistencial que rige la educación especial en España.
Kike acude actualmente a un centro adaptado, pero esta etapa concluye de forma definitiva cuando los alumnos cumplen los 21 años.
A partir de ese momento, el abanico de posibilidades asistenciales se reduce drásticamente, dejando a las familias en una situación de extrema vulnerabilidad.
"A partir de ahí nos quedamos prácticamente sin alternativas, porque para personas como él, afectadas por parálisis cerebral tanto a nivel motor como cognitivo, las opciones son muy escasas", explica Fabiola.
Las vías que contempla el sistema público tras la etapa escolar se limitan a centros de día o residencias, una alternativa que la colaboradora califica de compleja e insuficiente para perfiles de alta dependencia.
"No se trata únicamente de que Kike necesite terapias y atención en todas las actividades de su vida diaria; además tiene epilepsia y necesita una atención específica y especializada", apostilla.
Fabiola junto a su hijo mayor, en un acto público.
A la falta de especialización de las instalaciones se añade un déficit estructural de vacantes en el territorio nacional.
"Hay mucha más demanda que oferta. Las plazas disponibles son muy escasas y, en muchos casos, solo se liberan cuando una persona se traslada de ciudad o de zona o cuando fallece", denuncia la exmodelo, visibilizando una problemática que afecta a miles de familias en todo el país.
Ante este panorama, Fabiola Martínez reclama un cambio de modelo que garantice la continuidad de las terapias, la especialización médica y la calidad de vida de los adultos con gran dependencia.
"En España no hay una solución suficiente para las personas con este grado de afectación y quiero solicitar al Gobierno un planteamiento a nivel nacional", asevera, ejerciendo de altavoz para el colectivo de cuidadores.
La situación es paradójicamente consecuencia de un avance médico: los pacientes con parálisis cerebral disfrutan hoy de una esperanza de vida significativamente mayor que en décadas anteriores.
Cuando Kike nació, los pronósticos médicos eran desfavorables y apenas le daban dos años de vida. El próximo noviembre, el joven alcanzará los 20 años, evidenciando un progreso que la red de recursos públicos no ha sabido encajar a la misma velocidad.
"La esperanza de vida de estas personas ha aumentado muchísimo y, afortunadamente, hoy viven muchos más años. Pero los recursos no han crecido al mismo ritmo. Los centros están colapsados y apenas hay rotación de plazas", añade.
Fundación Kike Osborne
La búsqueda de respuestas no es nueva en la trayectoria de la familia Osborne Martínez. En octubre de 2009, tras comprobar el desamparo que afrontaban los hogares con situaciones de discapacidad grave, Fabiola y Bertín crearon la Fundación Bertín Osborne.
Al alcanzar Kike la mayoría de edad, la institución fue rebautizada como Fundación Kike Osborne para rendir homenaje a su figura.
Pese a que la exmodelo ha sopesado la posibilidad de promover la apertura de un centro propio a través de la entidad, reconoce que la escala del problema desborda la capacidad de la iniciativa privada.
"Aunque la fundación tuviera los recursos para montar un centro, ahora mismo no habría capacidad para dar solución a todas las personas que se encuentran en esta situación", argumenta, insistiendo en que "necesitamos una respuesta mucho más amplia".
El compromiso de Fabiola con el proyecto es absoluto, como ratificó el propio Bertín Osborne en 2024 a la revista ¡HOLA!: "Fabiola está involucrada 24 horas al día los siete días de la semana".
Y agregó el cantante: "Ella está absolutamente en cuerpo y alma. Toda la gente que trabaja en la fundación es su gente y son una gente maravillosa. Ella es la que maneja, ella es la que lo dirige y ella lo hace todo muy bien. Es su vida y está a tope".
Centrada en acompañar a su hijo menor en su paso a la universidad y en asegurar el bienestar de Kike ante su inminente salida del sistema escolar, Fabiola Martínez concluye su charla con la citada revista reafirmando su propósito: "Quiero buscar soluciones".
