Pastora Soler (47 años) atraviesa uno de los momentos más especiales de su trayectoria. La cantante celebra sus 30 años sobre los escenarios con un espectáculo en el que repasa las distintas etapas de su carrera y que recientemente ha llevado hasta Starlite Occident, uno de esos escenarios que todavía tenía pendientes de conquistar.
La celebración no se limita a recordar sus grandes éxitos: también pone el foco en los momentos más difíciles de su vida profesional.
Entre ellos ocupa un lugar destacado la crisis que la llevó a apartarse temporalmente de los escenarios. Lejos de esconder aquella etapa, la artista ha decidido incorporarla a su espectáculo biográfico a través de imágenes de archivo, vídeos y una voz en off que reconstruye lo que experimentó antes de volver a cantar.
"Ese concierto es un concierto peculiar, porque yo narro todos los 30 años de carrera", ha explicado.
Pastora Soler, durante su concierto en Starlite, junto a Marta Sánchez y Sandra García-Sanjuán, promotora del evento.
La ansiedad y el miedo
Pastora ha reconocido que aquellos años fueron probablemente el capítulo más doloroso de su trayectoria artística. La presión, la inseguridad, la ansiedad y el miedo escénico llegaron a alterar por completo la relación que hasta entonces había mantenido con los escenarios.
Ahora, la cantante ha optado por hablar abiertamente de aquella experiencia porque considera que su historia puede servir de apoyo a otras personas que atraviesen situaciones similares. Su mensaje parte de lo aprendido durante su propia recuperación y pone el acento en la necesidad de pedir ayuda y respetar los tiempos de cada proceso.
"Hay muchas personas que a lo mejor empatizan con un problema, sobre todo un problema de inseguridad, de depresión, de salud mental", ha explicado.
Y desde esa experiencia lanza un mensaje esperanzador: "A lo mejor se tarda más o menos, pero con amor, con paciencia, con ayuda se puede salir".
Para Pastora, superar aquella crisis no significó simplemente volver a subirse a un escenario. También supuso modificar la manera en la que entendía su profesión y aprender a establecer un equilibrio diferente entre su vida personal, sus emociones y las exigencias de su carrera.
Ocho años de su regreso
Han pasado ya ocho años desde que retomó su actividad sobre los escenarios y la artista asegura que ha conseguido encontrar una estabilidad que antes no tenía. Eso sí, el miedo no ha desaparecido por completo. En ocasiones, admite, las señales de alarma vuelven a aparecer y es necesario prestarles atención.
"Gracias a la experiencia todo sigue equilibrado", ha señalado. Una perspectiva que nace precisamente de haber aprendido a reconocer sus propios límites y a no ignorar las señales que en el pasado terminaron obligándola a parar.
Su relación con la música también ha cambiado. De niña, Pastora era una persona tímida que encontró en el escenario una vía para expresarse y sentirse libre. Paradójicamente, aquello que durante años había sido su refugio terminó convirtiéndose en el origen de uno de los periodos más complejos de su vida.
Ahora, con tres décadas de carrera a sus espaldas, contempla su profesión desde una perspectiva diferente. "Creo que el secreto de esta profesión es disfrutar a tope en cada una de las oportunidades que te dan", ha asegurado.
El día que Pastora dijo 'basta'
La crisis que marcó su carrera comenzó en 2014, después de que la cantante sufriera un desvanecimiento durante una actuación en Sevilla.
Aquel episodio, ocurrido el 8 de marzo, fue el inicio de una etapa en la que comenzó a experimentar un miedo escénico que hasta entonces no había formado parte de su vida. Meses después, durante un concierto en el Teatro Cervantes de Málaga, volvió a encontrarse mal sobre el escenario y tuvo que suspender la actuación.
El 1 de diciembre de 2014, Pastora anunció públicamente que aparcaba su carrera "hasta volver a recuperar la confianza". Había intentado continuar pese a lo ocurrido, pero terminó admitiendo que ya no tenía fuerzas para seguir enfrentándose a aquella situación.
La decisión supuso un punto de inflexión en su trayectoria y le permitió alejarse temporalmente de los escenarios para recuperar su bienestar.
Su regreso no llegó de inmediato. En 2017, tras 44 meses alejada de los escenarios, Pastora comunicó su vuelta con el disco La calma y un concierto en el Teatro Real de Madrid. Entonces explicaba que una de las principales lecciones que había aprendido era la necesidad de parar, tomarse un respiro y volver a disfrutar.
También reconocía el papel que tuvo el nacimiento de su primera hija, Estrella, durante aquel periodo de recuperación.
"El mayor aprendizaje"
Ahora, con la perspectiva que le proporcionan los años y después de haber convertido aquella experiencia en parte de su relato artístico, la cantante habla de la ansiedad y el miedo desde un lugar diferente.
Recientemente, durante una conversación con RNE, definió aquellos años como "el mayor aprendizaje de mi vida" y detalló cómo la autoexigencia y el perfeccionismo influyeron en su crisis y en la manera en que tuvo que reconstruir su relación con el escenario.
Su experiencia también ha quedado reflejada en su libro En cuanto se apagan las luces, aparecen las estrellas, donde profundiza en aquel periodo y en el proceso que siguió para recuperar la confianza.
Más recientemente, ha vuelto a hablar con franqueza de la salud mental y de la necesidad de reconocer cuándo es necesario detenerse. En 2025 relató que aquella retirada le produjo una sensación de alivio y que fue fundamental escuchar las señales que le indicaban que necesitaba parar.
Tres décadas después de comenzar su carrera, Pastora Soler ya no contempla aquella retirada como una derrota, sino como una parte fundamental de su historia. Una etapa dolorosa que, con el tiempo, ha terminado convirtiéndose en una lección de vida y que ahora utiliza para lanzar un mensaje a quienes atraviesan sus propios momentos de oscuridad.
