Antes de convertirse en uno de los humoristas más afamados de la televisión en los años 90, Ángel Garó (61 años) hizo sus pinitos en la milicia.
Mucho antes de que Chicho Ibáñez Serrador lo catapultara a la fama en el legendario Un, dos, tres... responda otra vez en 1991, donde encandiló a millones de espectadores encarnando a inolvidables personajes como Pepe Iturburua, Chikito Nakatomi o Juan de la Cosa, el cómico vistió el uniforme militar.
Tras haber iniciado sus primeros estudios de arte dramático en su tierra natal, el polifacético artista tuvo que hacer una pausa en su vocación para cumplir con el servicio militar obligatorio.
Con la naturalidad y el desparpajo que lo caracterizan, el gaditano ha compartido una faceta tan desconocida como sorprendente de su juventud durante su intervención en un podcast del periodista Joaquín Campos.
Un infante de marina entre obuses
"Te voy a contar una anécdota que te va a gustar: yo fui infante de marina y estuve en Ferrol, en Cartagena y en San Fernando. Era un militar de obuses. Estuve unos 15 meses", reveló el humorista sobre aquella etapa castrense que le llevó por distintos puntos de la geografía española.
Lejos de guardar un mal recuerdo de una experiencia que a priori podría haber resultado dura para un perfil artístico y con una sensibilidad diferente, Garó ha guardado un gratísimo pálpito de su convivencia con la tropa.
"Yo no tuve problemas en el cuartel, para nada. Es más, el brigada me regaló una metopa de bronce con el Juan Sebastián Elcano que la tengo, la misma que de futbolista", decía, sincero.
La huella del acoso escolar y la responsabilidad familiar
El tono del intérprete es más serio cuando aborda las dificultades que atravesó durante su infancia y adolescencia previas a la milicia, reflexionando abiertamente sobre el impacto del acoso o bullying en los niños que destacan por salirse de la norma.
"Siempre había dos cabrones que estaban dándote por saco o insultando, tal y cual. Pero eso a un niño diferente le hace mella", ha recordado con cierta crudeza.
Para el cómico, la raíz del problema no reside únicamente en los menores que ejercen ese hostigamiento, sino en el entorno en el que se educan. "Eso es un error, porque si son así de pequeños, ¿cómo serán de mayores? Ahí hay mucha responsabilidad de los padres. Hay que educar, educar", ha sentenciado.
