Con una mezcla de nostalgia, franqueza y un punto de mordacidad, Ángel Garó (61 años) ha abierto las puertas de su memoria.
El humorista y actor linense ha visitado el pódcast conducido por el periodista Joaquín Campos, donde ha repasado los años más vertiginosos de su carrera y ha recordado cómo vivió el impacto de un éxito tan masivo como repentino a principios de los noventa.
Garó se convirtió en un auténtico fenómeno sociológico a comienzos de los 90 tras sus memorables apariciones en el legendario concurso Un, dos, tres... responda otra vez, de Televisión Española.
De la mano de Chicho Ibáñez Serrador, el artista conquistó a millones de espectadores encarnando a personajes tan icónicos como el aristócrata altivo Pepe Iturburua, el histriónico Chikito Nakatomi o la entrañable pareja formada por Maruja y Juan de la Cosa.
Aquel torrente de gags, caracterizaciones brillantes y un dominio escénico abrumador lo catapultaron al pico absoluto de la popularidad a partir de 1991.
La vida en Boadilla
Aquel año de explosión profesional le permitió dar un salto cuantitativo en su vida personal.
"Cuando yo salí famoso en el año 92, no había la vorágine después de programas como Sálvame y cosas de esas. Había un respeto. Yo me compré una casa grande en Boadilla del Monte, a las afueras de Madrid", ha recordado el cómico sobre cómo gestionó sus primeros grandes ingresos en la capital.
Pese a ese ambiente de relativa tranquilidad mediática, el acoso de algunos medios comenzaba a asomar. "Mis vecinos me decían: 'Me están intentando comprar para que te graben en tu vida privada'", ha recordado.
"Bueno, mi vida privada era que yo tenía una pareja chico, que es ya notorio y público, que era Juan Antonio, el rubio de Locomía", ha desvelado Garó en el espacio.
El artista ha precisado el significado de aquel noviazgo con Juan Antonio Fuentes en su biografía sentimental: "Esa fue mi primera pareja, digamos, homosexual. Porque yo antes tuve novias".
Fuentes, uno de los miembros más emblemáticos del célebre grupo musical español Locomía, y Garó mantuvieron una relación sentimental a principios de la década de 1990, cuando ambos se encontraban en el punto más alto de sus carreras profesionales.
Ángel Garó.
"Soy humano"
En su conversación en el citado podcast, Garó ha reflexionado sobre los límites de la intimidad y la evolución del tratamiento periodístico a los famosos en España.
"Yo siempre entendí que había un respeto grande por los demás, de no meterte en la vida del otro de manera íntima. Y aquí te voy a decir una cosa que me sorprende en España: la privacidad está respetadísima dependiendo de quién sea", ha lamentado.
Para el actor, la figura pública sufre una vara de medir desproporcionada ante la opinión general: "Para las personas públicas es como si tuviéramos que pagar un peaje. Nos exigen ser ejemplares en todo, y yo soy humano. Yo he sido discreto hasta que hubo una noticia que rompió mi tranquilidad profesional y personal", ha sentenciado con amargura.
A lo largo de los años, las relaciones de Ángel Garó han generado un notable interés público, especialmente tras salir a la luz su tormentoso romance con Darío Neira, que terminó en los tribunales a finales de la década pasada y derivó en un sonado y polémico periplo por los platós de televisión.
