Miguel Ángel Revilla (83 años), una de las figuras más reconocibles de la política española, ha compartido a lo largo de sus apariciones públicas un detallado retrato de sus orígenes.
Detrás del expresidente de Cantabria se halla una infancia marcada por el rigor de las montañas de Polaciones, la impronta de sus padres y una trayectoria profesional previa a la política que abarca desde el pastoreo infantil hasta la banca y la docencia universitaria.
Su infancia transcurrió en Salceda, una pequeña localidad cántabra donde las duras condiciones de vida en la zona no se lo pusieron fácil. Corrían las décadas de 1940 y 1950. Años caracterizados por la falta de infraestructuras básicas, el frío y el aislamiento.
Miguel Ángel Revilla
"Viví en la Edad Media"
"En mi infancia viví en la Edad Media, pero del siglo XX", confesó en The Objective, el pasado mes de enero.
En aquel entorno sin electricidad ni carreteras asfaltadas, las nevadas invernales llegaban a colapsar calles y viviendas. Con tan solo ocho años, las tareas del campo y el cuidado del ganado formaban parte de su rutina diaria.
"Yo con solo 8 años subía con las ovejas. Me iba a las 6 de la mañana y hacía 15 kilómetros. Nos tirábamos cuatro meses sin luz, tapados por cuatro metros de nieve. Eso te marca para toda la vida", declaró en una entrevista con Pablo Motos en El Hormiguero.
"Mi madre me enseñó a leer"
A pesar de las dificultades que presentaba el entorno, Revilla tuvo la suerte de que su madre fuera la maestra del pueblo. "Esa era mi gran ventaja, ¿tú sabes lo que es tener de madre a la maestra en un pueblo como este?", reveló en una charla en RTVE.
Su padre ejercía como guardabosques y su madre, profesora rural, deseaba que su hijo continuara la tradición familiar del magisterio.
Sobre cómo su progenitora le facilitó acceso a la educación, ha detallado: "Tuve la fortuna de estudiar porque soy un privilegiado, ya que mi madre era la maestra. Me enseñó a leer y a escribir, hice una carreruca y una trayectoria profesional en lo que pensé que era para mí el destino", dijo en una entrevista en 20 minutos.
Entre esos recuerdos de austeridad también hay espacio para celebraciones significativas, como el día de su Primera Comunión durante el verano de 1950, cuando tenía siete años.
"Ese día era importante porque hacía la Primera Comunión... Mi madre había preparado una chocolatada para los niños del pueblo para celebrarlo", confesó en EL ESPAÑOL en 2016.
Miguel Ángel Revilla
El choque del internado
A lo largo de diversas entrevistas en televisión y prensa, Revilla ha explicado que su vida dio un vuelco a los 11 años debido a un traslado laboral de su padre, que "era guardabosques".
Esto provocó que, del valle de Polaciones, tuvieran que trasladarse a la capital cántabra. Así, la familia tuvo que reorganizarse por completo. Sus padres tomaron la decisión de enviarle interno a un colegio de Salesianos en Santander.
Su experiencia en el internado la recuerda de forma amarga: "Tengo una experiencia muy mala de ese colegio, salí de allí traumatizado, yo estaba acojonado", subrayó en el espacio de Motos.
A pesar de las dificultades, su padre insistió de forma constante en la importancia de la educación como vía de progreso: "Hijo, tú no has nacido para llevar ovejas, tú tienes que ser alguien", le decía.
Durante su etapa universitaria, el esfuerzo familiar continuó siendo el pilar de su formación: "Mi padre me mandaba 500 pesetas al mes con un sobre y con eso hice yo una carrera".
