El regreso de Amaia Montero (49 años) a los escenarios y a la primera línea de la industria musical se ha convertido en uno de los acontecimientos culturales de mayor impacto.
Tras un prolongado retiro apartada de los focos para volcarse por completo en su recuperación, la artista donostiarra ha roto su silencio y se ha sincerado abiertamente sobre la compleja etapa de salud que le tocó atravesar y la madurez con la que hoy aborda esta nueva oportunidad vital y profesional.
Lejos de esquivar los pasajes más oscuros de su biografía reciente, la exvocalista de La Oreja de Van Gogh reflexiona sobre cómo el dolor y el proceso de sanación han transformado por completo sus prioridades y su manera de encajar la exposición mediática.
"Estoy preparada: cuando vienes del infierno, como vengo yo, de la enfermedad y de años muy duros, aprendes a relativizar y sabes qué es lo importante: los rumores y las polémicas me dan igual", ha sentenciado en una entrevista concedida recientemente a El Diario Vasco.
Sus años "fuera del circuito"
El proceso para reconstruirse no ha sido rápido ni sencillo. Durante años, la preocupación por el estado de la cantante fue constante entre sus seguidores.
Ahora, con la perspectiva que da la distancia y el trabajo personal, Amaia mira atrás para poner nombre a la travesía que le ha tocado vivir y al papel clave que han jugado sus compañeros en su sanación.
"Llevaba tiempo fuera del circuito, estuve muy enferma y lo pasé muy mal, pero me fui curando. Quería volver al mundo pero desde lo que considero 'mi casa', y mis compañeros del grupo son mi casa. Ha sido mi mejor cura, una terapia para todos", ha explicado.
Asimismo, ha recordado que "cuando vienes de ahí abajo aprendes a relativizar y distinguir lo importante de lo secundario: solo quieres ascender a la superficie. Al principio hubo nervios sabía que había gente esperando mi caída. Quería vivir el escenario, estar ante el público otra vez".
Esta lección de vida ha sido la coraza perfecta para afrontar los inevitables comentarios y el escrutinio público que siempre acompañan a un regreso de esta magnitud.
"Cuando vienes del infierno, como me ocurre a mí, relativizas polémicas y rumores y haces caso solo a lo que de verdad importa", ha destacado.
Amaia Montero
Un regreso marcado por las críticas
La vuelta a la actividad musical no ha estado exenta de turbulencias ni de debate.
En sus primeras puestas en escena tras el parón, la artista tuvo que hacer frente a diversas críticas en redes sociales y expertos que señalaban una supuesta falta de preparación vocal o de forma sobre las tablas.
Preguntada por estos señalamientos en el citado diario, Amaia no solo no los ha esquivado, sino que los ha enmarcado en el lógico proceso de adaptación y la exigencia de romper un largo periodo de inactividad, anteponiendo la ilusión de reencontrarse con su audiencia por encima del juicio ajeno.
A este reto técnico se suma un mapa de cambios estructurales de calado en el entorno de la formación.
El reencuentro con su antigua banda se produce tras una época convulsa que incluyó el cese de Leire Martínez tras más de 15 años al frente del grupo y la posterior salida de Pablo Benegas, guitarrista, compositor e hijo del histórico político Txiki Benegas, considerado tradicionalmente el gran arquitecto lírico y creativo de la agrupación.
Pese a las ausencias y las reestructuraciones, la sintonía entre los miembros veteranos ha resistido el paso del tiempo y las tormentas del pasado.
"Han sido meses de trabajo muy duro, con obstáculos, pero los hemos superado de una manera mágica. Conservamos lo mejor del principio, las risas y la complicidad de cuando teníamos 20 años, pero con la tranquilidad de estar ya en torno a los 50. Y aunque quede cursi puedo decir que me emociona lo bien que seguimos congeniando", ha revelado Amaia.
