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El universo del flamenco vuelve a rendir homenaje a una de sus estirpes más emblemáticas. El pasado 22 de julio se ha estrenado en Movistar+ el esperado documental Serás Farruquito, un recorrido audiovisual impecable por el arte, el legado y la pasión de una dinastía que ha marcado un antes y un después en la danza gitana.

Desde la figura imponente de su abuelo Farruco, creador de un estilo y una escuela únicas, hasta la huella de su padre, Juan Fernández Flores 'El Moreno', la cinta profundiza en las raíces y en la figura de Juan Manuel Fernández Montoya, conocido universalmente como Farruquito.

Ese arte indomable, sin embargo, viene de mucho más atrás. Su bisabuela logró ser una pionera absoluta: fue la primera mujer gitana en presentarse a un concurso de baile en Sevilla a principios del siglo XX.

De Broadway a gestionar su compañía

"No la querían dejar apuntarse porque era un concurso para hombres, pero mi bisabuela insistió porque le hacía falta para comer y tenía muchos niños. Se llevó el primer premio bailando una farruca", ha relatado el bailaor sobre la valentía de sus ancestros.

En una entrevista concedida a 20 minutos, Farruquito ha echado la vista atrás para rememorar cómo fue crecer bajo el peso y la gloria de su apellido.

Cuestionado por su primer recuerdo sobre las tablas, el artista se traslada a la meca del teatro internacional: "Fue en Broadway. A la gente le sorprendió ver salir a bailar a un niño tan pequeño, al lado del abuelo Farruco. Hice unos tarantos y empezaron a tirarme monedas".

"Tengo ese recuerdo tan presente por el ruido de las monedas sobre el escenario. Cuando terminé, me iba a agachar para recogerlas y me dijo mi abuelo: '¡No!, saluda y luego las recoges'. ¡Mira la lección que me estaba dando mi abuelo con cinco años! Lo primero es lo primero", ha relatado.

Aquella anécdota marcaría el inicio de una vida volcada en cuerpo y alma al taconeo, sin pausas ni treguas: "Desde que empecé a bailar no me he quitado las botas. No he tenido un tiempo de reflexión", ha confesado sobre la precocidad con la que tuvo que asumir el liderazgo familiar y profesional.

Fama temprana

El flamenco no solo fue su vocación, sino la herramienta con la que tuvo que madurar a pasos agigantados.

"El flamenco me ha dado una confianza que no tenía. Yo tuve que pedir permiso a mi madre cuando tenía 16 años para abrir mi primera empresa. Me he ido con toda mi familia y todos los niños a América, y el mayor era yo con 22 años", ha contado en su charla con el citado diario.

En su caso, le tocó afrontar la responsabilidad de subirse a los escenarios a una edad en la que otros apenas empiezan a orientar su futuro.

Esa exigencia profesional vino acompañada de un impacto mediático que le pilló completamente por sorpresa, como él mismo relata al evocar el lanzamiento de sus propios proyectos.

"Cuando fui por primera vez de gira con mi espectáculo, con 18 años, como Farruquito, no como nieto de Farruco, me llevé a mi hermano Farru y a toda la compañía. Volviendo a Sevilla, en el aeropuerto vimos que había muchas cámaras esperando", ha rememorado.

Aquel día, "le dije a mi hermano Farru: 'En el avión tiene que venir alguien importante porque hay un montón de cámaras' (risas). ¡Me estaba esperando a mí! No era consciente, porque yo nunca he sido consciente de esas cosas".

Una vida de vértigo, talento y entrega que hoy cobra de nuevo protagonismo en la pequeña pantalla, recordando que tras la figura del mito hay un niño que aprendió a saludar antes de recoger las monedas del suelo.