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La retirada de un deportista de élite suele asociarse a la pérdida de motivación, a la falta de resultados o a las secuelas de las lesiones físicas.

Sin embargo, en el caso de Jorge Lorenzo (39 años) , hubo un factor invisible y sumamente desgastante que precipitó el fin de su carrera en el motociclismo profesional: su batalla legal contra la Agencia Tributaria.

El expiloto mallorquín se ha sincerado al respecto en una charla con AurumMinute, donde ha desvelado por primera vez la magnitud del impacto físico y psicológico que le causó la presión fiscal hace siete años, una época que coincidió con su complicada etapa deportiva a los mandos de Honda oficial.

"El juez me dio la inocencia"

"En 2019, aparte de los malos resultados que tuve con la Honda, se me empezó a hacer calvas aquí en la barba y empecé a perder todos de la barba. Si ves fotos, perdí el 90% de los pelos de la barba, de la ansiedad", confiesa Lorenzo.

Los problemas de salud derivados del estrés se hicieron evidentes en su propio rostro mientras intentaba lidiar con las exigencias del campeonato del mundo y, en paralelo, con la fiscalización de su patrimonio.

La acusación de Hacienda se centraba en su lugar de residencia. No obstante, la defensa legal del piloto logró aportar las pruebas necesarias para desmontar la tesis de la administración española.

"Mis abogados fiscalistas demostraron que efectivamente viví la mayoría del tiempo en Suiza. Tenía todo mi patrimonio en Suiza, firmaba los contratos en Suiza, hacía que la gente se trasladara. Mi entrenador vivía en Suiza.. Yo vivía en Suiza, y no vivía en España. Lo demostramos y el juez me dio la inocencia", detalla.

Jorge Lorenzo, ante los medios de comunicación en un evento. GTRES MotoGP

Una losa económica "de locos"

Durante la conversación se pone de relieve la dureza del sistema español a la hora de afrontar este tipo de litigios financieros. En su caso, tuvo que desembolsar cantidades ingentes de dinero antes de que se dictara una sentencia firme.

Al recordar que le pedían montos elevados, "algo de locos", el balear detalla: "Una millonada. Tuve que... muchos, muchos millones depositarlos. Porque al contrario que, por ejemplo, Italia, que tienes que depositar solo el 10% de lo que te piden, aquí el 100% más las multas, más los intereses".

Para Lorenzo, la defensa de su postura era una cuestión de principios y de legalidad: "He vivido en Suiza, he decidido vivir en Suiza y pago los impuestos donde yo vivo. Punto".

La resolución a su favor supuso una liberación tan profunda que el piloto no duda en situarla por encima de sus mayores hitos deportivos.

"Cuando inesperadamente mis abogados me llamaron un día y me dijeron 'Tenemos una buena noticia, has ganado el caso con Hacienda'... eso fue de los días más felices de mi vida, incluso más que ganar muchos de los mundiales", admite con alivio.

"Porque te puede cambiar la vida, te pueden destrozar la vida injustamente", lamenta.

Jorge Lorenzo, en una imagen de 2017. GTRES

El detonante de su adiós a las pistas

Curiosamente, la respuesta de su propio cuerpo tras conocer el fallo judicial confirmó el origen psicosomático de sus dolencias: "Gané, y a la semana y media me empezó a crecer la barba. Ahora recuperé toda la barba, me queda aquí una ligera calva... Imagínate el estrés".

El desgaste acumulado durante todo ese proceso judicial terminó por pasarle factura a su mentalidad competitiva.

Subirse a una MotoGP a más de 300 kilómetros por hora requiere una concentración absoluta y una gestión del riesgo que Lorenzo empezó a cuestionar debido, en parte, a la incertidumbre financiera.

"Bueno, yo creo que una de las razones por las que me retiré fue eso de Hacienda", concluye el pentacampeón. "Por decir también: 'Me estoy arriesgando la vida para que de repente el 80% del patrimonio te desaparezca y prácticamente te arruine'. Pueden ser los intereses, más las multas, más los recargos, más... arruinado".

Una revelación que reescribe los motivos de su adiós a los circuitos a finales de 2019, cuando el rival más duro no estaba, ni mucho menos, sobre el asfalto, sino en su propio estado de ánimo.