Dentro de apenas unos días, Daniel Diges (45 años) afronta una de las citas más importantes y multitudinarias de su carrera.
El reconocido artista será uno de los cantantes principales que actuará ante el Papa León XIV este fin de semana, concretamente el sábado 6 de junio en la Plaza de Lima de Madrid, con motivo de la histórica visita apostólica del Pontífice a España.
Sin embargo, antes de cantar ante decenas de miles de personas, la mente y el corazón del madrileño suelen viajar a un rincón mucho más silencioso, apartado del ruido mediático: un pequeño municipio extremeño que define como su auténtico refugio.
Daniel Diges, en la localidad cacereña de Torrecillas de la Tiesa, donde nacieron sus abuelos.
Un pueblo en la provincia de Cáceres
Se trata de Torrecillas de la Tiesa, una acogedora localidad situada en la provincia de Cáceres que refleja a la perfección la esencia de la penillanura extremeña.
Un lugar del que el propio Diges ha hablado públicamente con gran emoción, revelando en sus redes sociales el fuerte vínculo que le une a esta tierra donde pasó gran parte de su infancia.
"Aquí la casa de mis abuelos,Margarita la paturra y Daniel el guapo jeje.. Aquí nacieron mi madre y todos mis tíos", compartía el artista con sus seguidores en el año 2016, rememorando sus raíces complutenses y extremeñas.
"La de tiempo que he pasado de pequeño aquí, Torrecillas de la Tiesa. Qué grandes recuerdos", añadía.
Puente de Caserones, en Torrecilla de la Tiesa.
Un tesoro de 1.038 habitantes
Integrado en la comarca de Trujillo -de la que dista apenas 23 kilómetros- y a unos 66 kilómetros de la capital cacereña, Torrecillas de la Tiesa cuenta hoy con una población de 1.038 habitantes, según los últimos datos del INE.
Custodiado por los términos de Madroñera, Aldeacentenera, Deleitosa y Jaraicejo, el relieve llano de este término municipal está delimitado por el curso de dos corrientes de agua: el río Almonte al norte y el río Tozo en el centro, que cuenta con su propio embalse.
Históricamente volcado en el sector agropecuario, donde predominan los paisajes de dehesa, el pasto y la ganadería, el pueblo de los torrecillanos ha sabido diversificarse en las últimas décadas gracias al empuje de la construcción, el transporte y los pequeños comercios de carácter artesanal.
Fachada de la iglesia de Torrecillas de la Tiesa, en la provincia de Cáceres.
Castros celtas
A pesar de su reducido tamaño, el pueblo esconde un legado patrimonial e histórico abrumador que justifica el fascinante contraste de su entorno.
Su mayor tesoro arqueológico es el Castro de la Coraja, un antiguo asentamiento celta de unos 2.000 años de antigüedad fortificado con murallas y ubicado estratégicamente junto al cerro del mismo nombre.
No es el único. A unos 7 kilómetros del núcleo urbano se encuentra el Tercio de la Atalaya del Saliente, otro yacimiento que conserva restos de un poblado e instalaciones ibéricas y celtas.
Ya en el plano civil y religioso, el corazón de la villa lo componen, en primer lugar, la iglesia Parroquial de Santa Catalina.
Esta joya arquitectónica, construida en el siglo XVI, preside el casco urbano. En su interior se venera a la Virgen de los Remedios, conocida popularmente por los fieles como la "Virgen de las Tres Manos".
Otro lugar de interés es el Rollo. Situado en el centro de la Plaza de España, este monumento es el icono civil del municipio y se erige como el símbolo histórico de su villazgo y su antigua jurisdicción judicial.
Tradición y fogones
La vida en Torrecillas de la Tiesa está íntimamente ligada a sus tradiciones. Sus habitantes celebran con fervor la festividad de San Antón cada 17 de enero, una vistosa cita donde los jóvenes engalanan a los caballos para dar la tradicional "vuelta".
También destaca la Fiesta del Labrador (22 de febrero), que conmemora una histórica nevada en 1944, y sus Fiestas Patronales, que llenan el municipio de procesiones y verbenas del 8 al 11 de septiembre.
Es imposible entender los veranos de infancia de Daniel Diges en este rincón sin su gastronomía, una cocina adaptada históricamente al pastoreo donde sobresalen platos tradicionales como el cochifrito, la caldereta, el gazpacho, los escabeches, las migas de pan y las sopas de patata.
Todo ello coronado por una repostería artesanal famosa por sus pestiños rugones, perrunillas y bollos de Pascua.
Un santuario de piedra, dehesa e historia familiar al que el cantante escapa de vez en cuando siempre que puede para reconectar con sus raíces familiares.
