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Noelia Bonilla (34 años) y el empresario Íñigo de Lorenzo (50) se divorcian. Tras meses de angustia, dolor y noches infernales, ha sido ella quien ha dado el paso definitivo: la próxima semana firmarán los papeles del divorcio, un año y medio después de contraer matrimonio y sin hijos en común.

Y es que durante el breve tiempo que estuvo casada tuvo que hacer frente a situaciones tan adversas como las ausencias prolongadas e injustificadas de su marido, así como sus excesos e infidelidades.

EL ESPAÑOL habla con la protagonista de esta historia, y la influencer se muestra sincera con este medio, ofreciendo su versión de los hechos, la cara B de una relación que parecía idílica y que, finalmente, ha desembocado en uno de los capítulos más complicados de su vida.

"Tardé más en organizar mi boda que lo que duró mi matrimonio", ha comenzado diciendo.

Para comprender esta decisión, hay que remontarse al año 2020, cuando la pandemia de la Covid-19 acaparaba las noticias del día a día. Sin embargo, una joven Noelia Bonilla conoció al que sería el hombre de sus sueños, un empresario de la noche madrileña que la trató como una princesa.

La historia de amor comenzó durante el confinamiento, un periodo en el que el sector del ocio nocturno no funcionaba con normalidad. Aun así, la pareja disfrutó de momentos únicos: viajes, paseos y la forma en que un caballero sabe conquistar a una mujer.

Noelia Bonilla e Iñigo de Lorenzo en una fotografía de archivo. Gtres

Tras tres años de relación, Íñigo decidió pedir matrimonio a Bonilla en el Estadio Metropolitano de Madrid, un lugar único que marcó el inicio de uno de los mejores años de su vida. Después de un año de preparación, el 12 de julio de 2024, la influencer y el empresario se convirtieron en marido y mujer en la Iglesia de San Jerónimo el Real, en Madrid.

Al casarse, la vida de Noelia Bonilla cambió. Tras una idílica luna de miel, el empresario retomó su vida nocturna: vive de noche y duerme durante el día, al menos de jueves a domingo.

"Yo sé que su trabajo es la noche, pero lo respetaba porque es su trabajo. Aunque las circunstancias eran que cuando llegaba a casa no llegaba en condiciones, aun así, entendía que formaba parte de su trabajo y debía beber con sus clientes", desliza a este periódico. "No me gustaba, pero lo respetaba porque era trabajo", añade.

Tras el verano, la boda y la luna de miel, llegó septiembre, un mes especialmente intenso para Noelia, que siempre viaja a las semanas de la moda de París y Milán. Ese mes viajó a Cáceres, a casa de sus padres, y tuvo que ser hospitalizada de urgencia.

"Me llevan al hospital y me operan de una torsión ovárica. Me dejaron diez días ingresada y el que era mi marido tardó diez días en ir a verme. Me mandó flores y me dijo que, como estaba en buenas manos, no era necesaria su presencia", manifiesta.

La influencer comenzó a justificar su ausencia ante familiares y amigos, pero estas faltas en momentos importantes despertaron sus sospechas. Sin embargo, volvió a ponerse la venda y continuó con su vida. Tras su recuperación, viajaron a Dubái en enero de 2025, y al regresar, ese mismo viernes, el empresario retomó su jornada laboral semanal.

Iñigo de Lorenzo y Noelia Bonilla en un posado juntos. Cedida a EL ESPAÑOL

"El viernes se va a trabajar sobre las 10 de la noche. No lo volví a ver hasta el día siguiente a las 8 de la tarde. Ese día llegué a llamar a la Policía porque habían pasado casi 24 horas sin saber nada de él. Lloré, me desesperé, no paraba de mirar por la ventana. Un episodio que no le deseo a nadie. Cuando llegó le digo: '¿Dónde has estado?' y me contestó: '¡Déjame en paz, voy a dormir!'".

Noelia Bonilla vivía aislada del mundo, sin entender lo que sucedía en su relación. De hecho, no contó nada a su familia ni amigos por "vergüenza", ya que siempre "sentía que iba a cambiar".

Sin embargo, en esta relación, donde la toxicidad comenzó a aparecer, empezaron a surgir pruebas de que su marido no era siempre quien ella pensaba.

"Me había sido infiel"

Desde hacía unos años, una mujer había entrado en la vida de Íñigo. Se trataba de una amiga de Granada, a quien él le había presentado antes de casarse, y algo llamó la atención de Noelia: aquella mujer mostraba un interés evidente por su marido.

"Él, en los últimos años, ha cambiado mucho de trabajo y no importaba dónde ni el día de la semana que fuese, ella siempre estaba ahí. Aunque él siempre me decía que no era su prototipo, porque todo lo asociaba al físico", ha expresado Bonilla.

Esta mujer estaba presente en muchos momentos de su vida: asistía a reuniones con él y más personas a altas horas de la noche, y poco a poco Noelia comenzó a recibir fotografías de su marido junto a ella, en posturas muy cariñosas (e incluso besándose entre ellos). ¿Lo peor? Solo habían pasado seis meses desde aquel idílico 'sí, quiero' ante más de 300 invitados.

Iñigo de Lorenzo y Noelia Bonilla en un posado juntos. Cedida a EL ESPAÑOL

En ese momento, Noelia Bonilla se armó de valor y llamó a uno de los mejores amigos de Íñigo para contarle lo que sospechaba. "Le llamo por teléfono y le hago ver que sé la verdad, y él me dice: 'Lo siento un montón, Noe'. Y claro, ahí él me lo confirmó", ha afirmado.

Tras recibir la confirmación, la influencer sintió una liberación y decidió coger un tren hacia Cáceres, junto a su familia. "Sabía que si se lo decía a la cara no tendría el valor de pedirle el divorcio. Entonces pensé: 'Sé que en el momento en que lo diga en voz alta, esto ya va a ser una realidad'. Se lo conté a mis padres, les relaté el 100 % de la historia, lo que sabían y lo que no. Al contarlo, tuve un ataque de ansiedad, y fue entonces cuando tomé la decisión", confiesa.

Unos días más tarde, la influencer habló con quien era su marido para anunciarle su separación. "Es muy duro porque te casas pensando que es el hombre de tu vida, pero lo último que esperas es que a los seis meses ocurra algo así", desliza.

Ahora, EL ESPAÑOL puede confirmar, tras escuchar el testimonio de la influencer, que Noelia Bonilla e Íñigo de Lorenzo firmarán el divorcio la próxima semana. Será de mutuo acuerdo y no habrá acuerdo extramatrimonial.

La pareja se casó en régimen de separación de bienes: el empresario continuará con su legado laboral y la influencer, que proviene de una familia acomodada, rehará su vida sin patrimonio heredado de quien fuera su marido.