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Imanol Arias (68 años) atraviesa un momento especialmente dulce. A principios del pasado mes de enero contrajo matrimonio con Nélida Inés Grajales, una discreta licenciada en Derecho que trabaja como responsable de recursos humanos en un hotel de Mar del Plata, en Argentina.

Junto a su cuarta esposa disfruta de un periodo tranquilo, alejado ya de los sinsabores que le supuso el caso Nummaria y centrado en su carrera. Una que empezó a mediados de los años 70, cuando abandonó el hogar familiar para hacer sus primeros pinitos como actor.

El intérprete nació el 26 de abril de 1956 en el seno de una familia obrera en Riaño, León. Pero creció en la localidad vizcaína de Ermua, donde pasó su infancia y juventud. Sus primeros años en Vizcaya, sin grandes comodidades, dejaron una huella en su forma de ser y de afrontar la vida.

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"Un niño de pueblo pequeño e industrial"

"Me recuerdo como un chico poco feliz con eso que me tocaba. No soportaba la cuestión industrial, ha recordado en Infobae al hablar de sus primeros años de vida. Unos que estuvieron marcados por la austeridad en materia económica y por el duro trabajo de sus padres.

Ambos estaban tan afanados en sacar adelante a la familia que no había tiempo para los afectos. "Mis padres nunca me besaban, ni acariciaban, ni mucho menos pronunciaban ‘te quiero’. Tal vez la razón por la que hoy soy un hombre lleno de amor que requiere de abrazos", ha reconocido.

Con los años, Imanol Arias encontró una gran recompensa emocional en "la popularidad" y el cariño del público. Algo que "me hizo sentir muy querido". Tiempo después "entendí que no debía devolver a los míos la misma moneda".

Su progenitor, Manuel Arias, era original de Santander. Un hombre "de pocas palabras" que se ganaba la vida como marino y mecánico naval de una compañía que trasladaba soja y vacas vivas entre Rosario (Argentina) y Bilbao (España). Cuando se marchaba a ejercer su oficio solía ausentarse unos 12 días fuera de casa.

Así, Imanol creció escuchando historias fantásticas de Buenos Aires. Una ciudad que su progenitor recreaba, a través de sus relatos, "con un sentido de la geografía que resultaba épico para un niño de pueblo pequeño e industrial, donde fábricas y casas se mezclaban".

"Fue tremendamente popular. Fuera de casa se comportaba exquisitamente cuidadoso, adentro, muy exigente y demasiado tacaño consigo mismo", ha expresado el actor al hablar de su progenitor.

El trabajo de quienes "descargaban las semillas y cargaban los animales" es una de las imágenes grabadas en su memoria. Las "narraciones" de su padre, "y ese cariño entrañable por estas tierras, fueron el primer regalo que recibí de papá", ha destacado en el citado medio.

Su madre, "poco cariñosa"

Por su parte, su madre, Teresa Domínguez (88), leonesa, era "la macho de la casa". Una mujer carismática, "discreta y perspicaz", acostumbrada al "régimen matriarcal", que se dedicó al servicio doméstico desde que tenía 14 años.

"En vez de desarrollar asco, odio o resentimientos, decidió observar a sus empleadores, a la gente tan poderosa de aquellas clases acomodadas. Y aprendió no solo a comportarse sino a ver la vida. Adquirió una educación emocional muy especial a través de ese oficio", ha contado.

Durante las "largas ausencias" de su padre, era ella quien "ejecutaba la vida en casa". Imanol Arias tiene la suerte de tener a su madre aún con vida. Con ella mantiene comunicación de manera frecuente. Se quieren y mantienen una excelente relación.

"Mi madre sigue siendo poco cariñosa conmigo, sin embargo ya ha aceptado sin protestar que la colme de besos y abrazos cada vez que la veo", ha subrayado.

Mujer incombustible, desde hace 40 años, su madre "se instala en la mejor parcela de un camping en Laredo (Cantabria)". Allí lleva "cocina completa, una heladera doble y un horno ferroviario de carbón para sus asados de pescado".

Imanol Arias y María Barranco, en la obra teatral 'Mejor no decirlo'. GTRES

Infancia en entorno industrial

Actualmente, el actor se encuentra de gira con la obra de teatro en tono de comedia Mejor no decirlo, que protagoniza con María Barranco (64).

Tras décadas de éxitos en la pequeña pantalla y en el cine, lejos parecen quedar los tiempos de su infancia en los que los niños de su pueblo "después de los 7 años dejábamos las escuelas para estudiar en las fábricas para pasar luego a una escuela industrial".

En su caso, optó por estudiar la carrera de Maestría Industrial en Electrónica en la Universidad Laboral del País Vasco. Pronto se daría cuenta de que su verdadera vocación eran las artes escénicas.

En 1975 se trasladó a Madrid para empezar a trabajar encima de un escenario. A su padre le costó asumir que su hijo iba a tirar por las artes: "Por años él siguió negando y negándose mi vocación".