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Máximo Huerta (55 años) ha vuelto a las librerías con Mamá está dormida, una historia con tintes personales de la vida del escritor, pese a no ser una obra biográfica, como él mismo ha explicado. El protagonista del relato, así como el periodista, cuida de su madre, quien padece demencia.

"Mi madre me dijo una tarde: 'Y tu hermano ¿dónde está?' Aparte del shock y de intentar no llevarle la contraria, porque llevar la contraria a alguien que está en dependencia le hace sentir mal y yo creo que hay que hacer la vida fácil en un momento tan débil de la vejez, el que se comió el trauma fui yo", ha explicado Máximo en El último tren, el programa que presenta Isabel Gemio (65) en Radio Nacional.

"Dije: 'A mí me está desdibujando porque ella quiere hablar con mi hermano, pero yo no tengo hermanos'. Y ahí nació la novela", ha contado.

Máximo es hijo único y desde hace unos años ejerce de cuidador de su madre en Buñol, Valencia. Pero en realidad, desde niño cuida y protege a Clara Hernández, su progenitora.

Como el mismo ha contado en diversas entrevistas, y sobre todo, durante la promoción de su libro Adiós, pequeño, publicado en 2022, Máximo Huerta vivió una infancia dura.

En aquella novela, como ocurre en su nuevo libro, el periodista utilizó elementos de su propia realidad -los relatos de su madre-, pero sin llegar a escribir una autobiografía.

En la obra aparecen, además de su madre, otras personas clave en su vida. Uno de ellos, su padre, fallecido en 2017. Un hombre estricto y ausente, poco dado a mostrar afecto por su familia. "Complicado" y con una "masculinidad tóxica", como ha relatado en alguna ocasión.

Máximo Huerta y su padre en una imagen de archivo. Foto publicada en sus redes sociales. Redes sociales

"Mi padre era terco, con esa tozudez del que no cede porque cree que es menos hombre, como se decía entonces. Y fue de esos que comprendieron, herencias recibidas, que tenerle miedo al padre era igual que respetarlo", contó en su día Máxima Huerta.

Su padre tenía un carácter difícil y le gustaba beber alcohol. "El sonido de las llaves lo recuerdo yo, no por el ruido sino por el silencio que generaba. A veces venía como venía. Yo me sentaba en la cocina con mi madre porque sabía que no estaba bien. Huía de mi padre y me iba a la habitación a escribir".

Máximo Huerta asumió el papel de cuidador desde muy pequeño. Él mismo ha contado cómo se quedaba en casa para proteger a su madre.

"Debido al carácter de mi padre, que era un hombre de bar, callejero, camionero, de Farias, cero conversador, con esa masculinidad exacerbada, yo me quedaba en casa para proteger a mi madre del ruido cuando mi padre llegaba con una copa de más", ha confesado.

Máximo Huerta y su madre en una imagen compartida en Instagram. Redes sociales

A veces la misión iba más allá de la casa: su madre lo mandaba a buscar a su padre al bar.

Los libros, su refugio

Ante ese clima de tensión, la literatura se convirtió en su escondite y salvación. Su habitación, al fondo de un pasillo que amortiguaba los sonidos de la casa, fue el escenario donde empezó a inventarse otros mundos.

Allí construyó sus propios bosques, palacios y amigos, poblados de personajes que lo acompañaban cuando la realidad dolía demasiado.

Escribir, ha llegado a confesa, era para él "hablar solo" sin que nadie lo molestara.

La muerte de su padre

En una conversación en Chester, el programa de Risto Mejide (51), Máximo se sinceró sobre la última etapa de su padre, marcada por el deterioro. "La vejez era dura para los dos", recordó.

"Yo le dije: 'Joder, papá, con la mala hostia que has tenido siempre. ¡Sube!'. No era el momento de decir eso, pero se giró y me dijo un perdón que era por toda la vida. Como con carácter retroactivo. A mí me sonó a 'hijo, perdona. Fue de verdad y a mí ya me dejó paz", contó el escritor.

El padre de Máximo perdió la vida el 31 de agosto de 2017, a causa del alzhéimer.