Isabel Sartorius y Zorraquín (61 años) lleva un tiempo ingresada en un centro de salud mental en Madrid, a causa de un síndrome de difícil diagnóstico, como se ha informado en los últimos días. La aristócrata, pese a todo, se encuentra bien y está bien cuidada.
Está recibiendo un tratamiento intermitente, y ella, en la medida de lo posible, controla sus ingresos. A su lado, están buenos amigos y una familia unidísima, encabezada por su hija, Mencía, sus hermanos, Luis y Cecilia, y la viuda de su padre, Nora de Liechtenstein (75).
La vida de Isabel -Isa, para su entorno más íntimo- no ha sido fácil. Ha estado marcada por la salud, también por las pérdidas y, sobre todo, por un "trastorno", así lo define ella, que ha marcado y condicionado su vida hasta el presente. La suya ha sido una lucha constante.
isabel Sartorius en una imagen de archivo.
Así lo relató en febrero de 2012 en su libro o suerte de obra autobiográfica, Por ti lo haría mil veces. En el proyecto literario, Isabel explica su vida, con la relación con su madre, Isabel Zorraquín y de Corral, en el eje de todo. "A mi madre, Isabel, que sigue conmigo", escribe en la dedicatoria.
En esas mismas líneas iniciales, Isabel escribe lo que sigue, muy significativo: "A los que caen en el infierno de las drogas y a sus familiares. Para que el amor por la vida prevalezca siempre". "Mi madre siempre ha sido el eje de mi vida", sentencia Isabel en la Nota al lector.
"Condicionó mi vida de una manera determinante. Estábamos tan unidas, la quería y me preocupaba tanto que me até a ella. Luego, esta unión tan intensa nos enredó por completo y dejó en mí la semilla de un trastorno que marcaría mi futuro", plasma Isabel.
Y profundiza: "Con el paso del tiempo descubrí que lo que me ocurría tenía un nombre: codependencia, y que los hábitos que había ido adquiriendo casi sin darme cuenta formaban parte de un trastorno que padecemos millones de personas en el mundo".
A través de la relación con su madre, marcada por la drogadicción, la autora describe cómo el amor puede transformarse en un vínculo "insano" que condiciona toda una vida.
"Esta es la historia de mi madre y también la mía. Una historia de amor y de sufrimiento", se presenta el libro en su sinopsis editorial, marcando desde el inicio el tono entre la ternura y la tragedia.
La portada del libro 'Por ti lo haría mil veces'.
El título, Por ti lo haría mil veces, sintetiza esa entrega extrema de la hija, dispuesta a cualquier cosa con tal de sostener a su madre en medio del abismo de las drogas.
En una de las escenas más sobrecogedoras, recuerda que "con 14 años salía del colegio y mi madre me mandaba a comprar droga. Y yo iba: habría hecho cualquier cosa. Simplemente, era mi madre".
El libro construye así el retrato de una niña y después joven que confunde amor con sacrificio ilimitado.
El punto de inflexión en la vida familiar llega cuando la madre se engancha a la cocaína, una adicción que, según relata Sartorius, destroza el equilibrio emocional de la casa.
Isabel explica que Manuel Ulloa -segundo marido de su madre- le dio a probar la cocaína y que, cuando se dieron cuenta, "ya se había enganchado" y se drogaba con regularidad. La droga se convierte, para ella, en una forma de "escapar del abismo de la depresión durante un rato".
En medio de ese desagradable escenario, ha estado la hija, asistiendo impotente a ese deterioro. "No hay nada más duro que ver a una madre llorar y llorar", escribe Sartorius, que confiesa haber reprimido sus propios sentimientos para no agravar el sufrimiento materno.
Asume entonces "un reto que me sobrepasaba: el de su rescate", un empeño que la llevará a desarrollar lo que define como una adicción al "rescate emocional".
El libro describe cómo el hogar se convierte en un espacio de tensión constante, marcado por las lágrimas, el miedo, las mentiras y la obsesión por salvar a la madre de sí misma.
Isabel Sartorius en imagen de archivo
Sartorius convierte la palabra codependencia en eje conceptual de su obra. Ella misma la presenta como un trastorno que ha condicionado su vida "en un grado altísimo", hasta el punto de definirse como "codependiente" en las entrevistas que acompañaron la publicación del libro.
No se trata, explica, de un simple vínculo intenso, sino de un patrón emocional que convierte el amor en una especie de "virus que se extiende hasta transformar el amor en sufrimiento", como recoge la sinopsis de la edición.
En sus propias palabras, la codependencia la volvió "una escapista con la autoestima por los suelos", siempre más pendiente de resolver los problemas ajenos que de atender los propios.
Describe pensamientos "tóxicos", una sensibilidad desbordada y la necesidad constante de proteger a los demás, incluso a costa de su salud mental.
El libro insiste en que su vida estuvo guiada durante años por esa búsqueda del rescate: primero el de su madre, y después el de parejas y personas de su entorno con las que reproducía una y otra vez el mismo esquema.
Sartorius subraya que la marca de la codependencia no se limitó al ámbito familiar, sino que contaminó su manera de relacionarse con el mundo.
No sólo se ató a una madre enferma, sino que aprendió a situarse siempre en segundo plano, a definirse desde las necesidades ajenas y a aceptar dinámicas que ella misma califica como "insanas".
Felipe VI, cuando aún era príncipe, junto a Isabel Sartorius.
Ese patrón, reconoce, afectó también a su relación sentimental más mediática, la que mantuvo con el entonces príncipe Felipe (58), hoy rey de España, aunque el foco del libro no son las anécdotas de la vida en palacio, sino su propio desorden emocional.
En distintas entrevistas, ha insistido en que el objetivo del libro no era "saldar cuentas" ni "justificar nada", sino "acercar el trastorno de codependencia a la gente" para que otras personas que lo sufran puedan reconocerse y buscar ayuda.
"Isa, mamá ha muerto"
Sartorius relata la muerte de su madre como un despertar brutal en una mañana aparentemente cualquiera, roto por una llamada desde el otro lado del Atlántico.
"Isa, mamá ha muerto", recuerda que le dijo su hermana Cecilia, desde Buenos Aires y entre sollozos, a las siete y media de la mañana del 22 de abril de 2009.
Ya en Buenos Aires, Sartorius cuenta que pidió quedarse sola con su madre en el cuarto, se tumbó a su lado y la abrazó, aferrándose por última vez a ese cuerpo que tantas veces había intentado proteger.
Recuerda el olor "maravilloso" de su madre, mezcla de colonia Nenuco y Marlboro, y cómo le humedeció los labios secos con vaselina mientras le susurraba: "Te quiero, mamá. Ni se te ocurra dejarme sola, ¿eh? Eso sí que no te lo perdonaría…".
"Te voy a echar tanto de menos; cuando puedas, hazme alguna señal para que sepa que estás bien". Así, describe que se quedó dormida abrazada a ella y agarrada de su mano.
