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Hasta este pasado martes, 27 de enero, pocos eran los datos que trascendían de Isabel Sartorius y Zorraquín (61 años), la aristócrata y expareja de rey Felipe VI (57), y del empresario aragonés César Alierta. Ella misma tomó la decisión, hace un tiempo, de alejarse del foco mediático.

Apartarse de una primera línea que nunca terminó de gustarle y de un epicentro informativo que, si bien siempre ha respetado, nunca se ha sentido del todo cómoda. Puede que en su adiós al papel couché pesara que siempre se la vinculara, insistentemente, con el actual rey de España.

Aquella fue una historia amorosa, nunca oficial pero sí oficiosa, que dio mucho de qué hablar e inundó las revistas con fotografías que no dejaban lugar a dudas. Lo último que se sabía de Isabel es que estaba rota, apenada tras la muerte de su última pareja, César Alierta.

Fotografía de Mencía junto a unos compañeros. LinkedIn.

Un deceso, acaecido en enero de 2024, que trajo a la actualidad, muy a su pesar, a Isabel. Se dijo que Sartorius estaba haciendo una vida de lo más cotidiana. Ahora, se conoce que su presente es otro bien distinto: está ingresada en un centro de salud mental.

EL ESPAÑOL ha podido confirmar esta información que, por otro lado, no es nada nueva: Isabel lleva tiempo afrontando un delicado trance a nivel de salud mental. Su estancia en dicha residencia es de régimen abierto. Esto es, que la aristócrata puede entrar y salir con cierta libertad.

"Es un síndrome de difícil diagnóstico", apunta La Razón. Sartorius está bien, dentro de su situación, llevando una vida tranquila. Vive bien rodeada de familiares y amigos, que no la dejan sola en este momento tan vital de su vida. Hay una persona que está especialmente pendiente.

Se trata de Nora de Liechtenstein (75), la viuda de su padre, Vicente Sartorius y Cabeza de Vaca, marqués de Mariño, con quien se casó en 1988. Nora es capital, un sostén emocional clave en la vida de Isabel. La persona más próxima a la aristócrata.

Isabel paseando por las calles de Madrid, junto a su hija, Mencía, en 2016. Gtres

De hecho, cuando Isabel sale de la residencia hace prácticamente vida en la casa de la princesa de la Casa de Liechtenstein. Sartorius cumplió 61 años el pasado 20 de enero, y festejó este aniversario en su casa de Nora. En la línea de los apoyos, ¿dónde está la hija de Isabel?

Sartorius tiene una única hija, Mencía Fitz-James, fruto de su historia de amor con Javier Soto, conde de Montalvo. Explican a EL ESPAÑOL que la relación entre Isabel y Mencía es estrecha, y muy buena. Madre e hija gozan de una confianza excepcional.

Mencía vive con preocupación este trance de salud de su madre, pero sabe que Isabel está bien cuidada y atendida. La comunicación telefónica entre madre e hija es fluida, y la joven, afincada en Londres, visita con frecuencia a su progenitora, "cada 15 días más o menos".

Mencía también viajó desde Inglaterra para celebrar con su madre los 61 años. Los viajes son constantes, como los apoyos y las visitas que recibe diariamente Sartorius. "Está llena de amor", explica a este periódico alguien próximo a la aristócrata.

Instalada en Londres desde el verano de 2024, Mencía Fitz‑James Stuart desarrolla su carrera en Assistant Sustainability Manager, en Iberdrola Offshore Renewables. En la capital británica se ocupa de proyectos ligados a la sostenibilidad de los parques eólicos marinos.

Isabel Sartorius, en una imagen de archivo. Europa Press

Su trabajo pasa por medir el impacto ambiental, integrar criterios de desarrollo sostenible en la estrategia de negocio y garantizar que la compañía cumple los estándares internacionales en materia de cambio climático, derechos humanos y relación con las comunidades locales.

Antes de dar el salto a Londres, Mencía pasó ocho meses en Glasgow, en la filial ScottishPower, centrada en desarrollo sostenible y cambio climático.

Su trayectoria no se limita al sector energético: también trabajó un año en la Fundación Banco Santander, en las áreas de comunicación y social, lo que la familiarizó con proyectos de impacto social, programas de acción cultural y estrategias de reputación ligadas a la responsabilidad corporativa.

Licenciada en Ciencias Políticas por Georgetown, con especialización en mediación y resolución de conflictos, cursó además un semestre en la Universidad de Hong Kong y completó un máster en Dirección de marketing y gestión comercial en ESIC.

Aunque en 2017 llegó a probar suerte en el cine como ayudante de producción en Morena Films -apareciendo en los créditos de la película Todos lo saben, de Asghar Farhadi-, hoy su perfil es otro completamente distinto.

Isabel y el coaching

Antes de que su realidad pasara por este bache de salud, Isabel llevaba una vida centrada en su gran pasión: el coaching. Ha concedido excepcionales entrevistas y una de las últimas veces que apareció ante las cámaras y los focos fue para promocionar su libro autobiográfico, Por ti lo haría mil veces.

También accedió a dejarse inmortalizar en el XLVI Torneo Internacional de Sotogrande, en Cádiz, en 2017. En aquel torneo, Isabel habló de su nuevo rumbo profesional como coach.

"Estoy feliz, pero me falta mucho. Aunque ya me he titulado, requiere años de experiencia y rodaje. Me estoy dedicando a ello, con clientes y me encanta. Cada vez que estás con una persona, te ayudas también a ti misma. Te sale", aseveró entonces.

Isabel Sartorius, en un acto público en septiembre de 2016, en Madrid. Gtres

Según reza su LinkedIn, creó en octubre de 2015, como socia fundadora, Gabinete de Coaching Emocional.

"El coaching llegó a mi vida en el año 2009. Primero me profesionalicé en Programación Neurolingüística y, más tarde, en Coaching Ejecutivo, especializándome en Life Coaching y en Inteligencia Emocional", se puede leer en su perfil de la citada cuenta.

También cuenta Isabel con una faceta como empresaria y emprendedora. En el año 2006 fundó, junto a su buena amiga Marta Oyarzábal, una línea de bolsos. Un periplo que resultó ser un estrepitoso fracaso.

"Mi etapa como empresaria ha sido lo más desastroso de toda mi vida", ha admitido en alguna ocasión.

Se publicó que Isabel y su socia acarreaban deudas por el aval que le firmó el fallecido Fernando Ballvé, una antigua pareja de Sartorius.

Entonces, la familia del empresario reclamó 200.000 euros con los que se respaldó el fallido proyecto, una cantidad que Isabel tuvo intención de asumir hace un tiempo. "Es una cantidad elevada y ahora mismo no puedo devolverla", declaró para Vanity Fair entonces.