Cuando nadie le ve, él sigue siendo Alejandro Sanz. Nunca Alejandro Sánchez Pizarro, su nombre real. Imposible separar al artista del hombre. Quizás por eso llegó un momento que no pudo más y perdió la fe en todo. Sobre todo, en lo más importante: su música.
"Para mí, Dios es la música. Yo sé el disfrute que puede ser para mí y la sensación que tiene uno cuando consigue plasmar en una canción las emociones. Sacrifiqué muchas cosas por el camino, pero la música es la que me ha dado toda la felicidad", confiesa Sanz en el nuevo documental de Movistar Plus +, Cuando nadie me ve, que repasa la vida del artista madrileño.
Desde su impresionante chalet a las afueras de Madrid, Alejandro reflexiona sobre el motor de su vida. No obstante, llegó un día en que simplemente dejó de sentir. Perdió la conexión con aquello que más definía su existencia: componer, tocar y emocionarse.
Alejandro Sanz en un clip de su documental.
"De repente, llegó un momento que me desencanté. Lo que más has querido en el mundo empiezas a no tener ningún sentimiento por ello. Imagínate que no tienes ganas de hacer música. Sentía un rechazo absoluto", desvela Sanz con una sinceridad desarmante.
En la madrugada del sábado 27 de mayo de 2023, el cantante publicó un mensaje en su cuenta oficial de X -antes Twitter- que alarmó a sus fans: "No estoy bien. No sé si esto sirve de algo pero quiero decirlo. Estoy triste y cansado".
Y prosiguió: "Por si alguien más cree que hay que ser siempre una brisa de mar o un fuego artificial en una noche de verano. Estoy trabajando para que se me pase… llegaré a los escenarios y algo dentro me dirá qué hacer. Pero a veces no quiero ni estar. Literalmente. Solo por ser sincero. Por no entrar al ruido inútil. Sé que hay gente que se siente así. Si te sirve, yo me siento igual".
Con este tono tan crudo y directo, Alejandro Sanz descubrió al mundo una de las etapas más difíciles y oscuras de su vida; y comenzó una lucha contra la depresión. "La línea entre estar bien y estar mal es muy fina. Cuando me pasó esto no era capaz de escribir una canción ni una melodía ni nada. Tenía la guitarra abandonada".
Se instaló en él un vacío interior. Las exigencias de la industria y la presión del éxito comenzaron a ocupar el lugar que antes pertenecía a la inspiración. "Lo que pasó es que en mi vida ya estaban más presentes los números que las canciones. Lo peor es que no me interesaba la música ni me interesaba nada. Lo único que podía hacer ante eso era levantarme y empezar de cero".
Aunque reconoce que no tiene "ni puta idea" de cómo se curó de eso, lo hizo. En el camino, una valiosa lección: "La autenticidad es la madre ciencia en la música. En el momento en que yo dejé que entraran otras cosas de la industria que no fueran la música ya dejó de ser lo que tenía que ser".
Poco a poco, volvió a zambullirse en la "burbuja de la música" y empezó su renacimiento. Alejandro Sanz se reencontró a sí mismo al encerrarse otra vez en su refugio, recordando que su identidad y salvación están unidas por siempre a las canciones. "No tengo miedo a hablar de nada", sentencia.
La fama
El desgaste que sufrió Alejandro Sanz no solo fue fruto de las giras y la promoción. La invasión constante a su intimidad fue otro de los detonantes. Esa violación a su privacidad alcanzó su punto álgido tras su boda con la modelo mexicana Jaydy Michel (52), su primera esposa, con quien tiene una hija en común, Manuela.
"Cuando me casé con ella y llegamos de Bali (donde se celebró el enlace) esto fue una revolución. Fue una locura. Los paparazzis son acosadores profesionales que se dedican básicamente a eso".
Alejando Sanz y Jaydy Michel.
"Se saltaban semáforos, se subían a escaleras para tomar dentro de la casa fotos... te amenazan, te insultan... yo no daba crédito a lo que son capaces de hacer. Debería estar prohibido. Debería ser ilegal", explica el cantante con un tono de rabia.
Como consecuencia de esa persecución e intromisión, Sanz relata que llegó a perder el pelo y aparecer calvas en su cabeza. "Fue muy duro el estrés que me generaba. Llegó un punto, para que se entienda el grado de mi desesperación que pensé: ¿y yo cómo puedo liquidar a estos tipos?".
No sabe si el precio del éxito que ha pagado es demasiado alto: "Hay cosas que hubiera hecho de otra forma. Por ejemplo los años de tus hijos es tiempo que no recuperas, pero en mi cabeza lo que estaba es que tenía que hacer el mejor disco. Eso no lo hubiera conseguido si hubiera vivido una vida normal. Cuanto mayor el éxito, probablemente el precio sea más alto".
Y continúa: "Nadie te cuenta que cuando sueñas hay un debe y un haber. Hay una serie de cosas que vas a tener que sacrificar", asegura casi sin poder contener la emoción.
Alejandro San durante su documental.
Cuando nadie me ve (nombre del documental) no es la imagen de una estrella rota, sino la de un hombre que ha decidido mirarse de frente y contarlo en voz alta.
Ya no es el artista inalcanzable de los grandes estadios, sino alguien que ha tenido miedo, que se ha caído y que, aun así, ha encontrado la forma de volver a su refugio de siempre: una guitarra, una melodía y la verdad desnuda de lo que le pasa por dentro.
Y quizá ahí, en ese gesto de compartir la herida, es donde sus canciones vuelven a ser exactamente lo que siempre fueron: un lugar donde muchos se sienten menos solos.
