"Mujeres en mi vida hubo que me quisieron. Pero he de confesar que otras también me hirieron. Pero de cada momento, saqué sin perjudicar el mejor partido", reza la letra de una de las canciones más emblemáticas de Julio Iglesias (82 años), Soy un truhán, soy un señor.
Esa canción fue escrita en 1977 y entonces la vida de Julio José Iglesias de la Cueva, nombre real del artista, gozaba a nivel público y ya casi mundial de una imagen inmaculada, perfecta, sin tacha.
Quién le iba a decir, 49 años después, que serían dos féminas quienes perjudicarían para siempre su vida e imagen por unos hechos que, presuntamente, cometió él contra las denunciantes, en su casa de Punta Cana.
Posado de Julio Iglesias en su casa de Punta Cana.
Volviendo al 77, Julio, listo como nadie, le imprimió a su carrera unas dotes de seductor que lo acompañaron siempre. Y le han granjeado la admiración y el respeto en todo el mundo.
Iglesias está considerado uno de los artistas que más discos ha vendido en la historia de la música. Ha superado los 300 millones de copias vendidas en todo el mundo, con repertorio en 14 idiomas y más de 80 álbumes editados.
Guinness World Records lo reconoce como el artista latino masculino más vendido, y diversas fuentes lo sitúan entre los diez artistas más vendedores del mundo de todos los tiempos, además de ser el cantante español comercialmente más exitoso a nivel global.
Todo ello, construido con trabajo, tesón e innegable buen hacer, cayó cual castillo de naipes el pasado 13 de enero de 2026.
La denuncia pública por presunta agresión sexual de dos extrabajadoras de sus mansiones del Caribe, hechos acontecidos, presuntamente, en 2021, ha desmoronado, hundido y dañado la imagen y la reputación del que fue marido de Isabel Preysler (74).
Isabel Preysler y Julio Iglesias en una imagen captada en 1970.
Cuando todo estalló, Julio se puso en las mejores manos, en las del penalista José Antonio Choclán. Iba a por todas. Defendía que aquello de lo que se le acusaba era falso. Sacó toda su verdad y su munición. Hasta hizo públicos wasaps privados de esas exempleadas.
En ellos, se veía claramente cómo esas mujeres denunciantes le hablaban con cariño, respeto y admiración, durante el trabajo en su casa de Punta Cana y después. Incluso, una extrabajadora le llega a decir que lo quiero mucho. Más tarde, la Fiscalía de la Audiencia Nacional archiva la causa.
Se alega "falta de competencia". Esto es, que los tribunales españoles carecen de jurisdicción para tratar un hecho que tuvo lugar, en el caso de ser cierto, allende los mares, fuera de España. Que la Fiscalía dé carpetazo en España a esta causa es, sin duda, una buena noticia para Julio.
Pero, no: Julio está enfadado, disgustado, con una pena que no puede desprenderse de sí. "Me han jodido la reputación", ha asegurado. Otra persona, próxima a Julio, agrega: "Está bien y tranquilo. Trabajando junto a sus abogados".
El cantante Julio Iglesias, en mayo de 2015.
Insiste el informante que aquí no acaba todo: "Esto no se quedará así". Julio seguirá batallando. "En busca de los que están detrás de lo que entiende una trama en su contra". Y se pregunta quién restaña ahora su honor mancillado.
Ya le pasó a Kevin Spacey (66), el actor de House of Cards. En el caso de Spacey, hasta contratos se le cayeron. Todos le dieron la espalda.
En el caso de Julio, es verdad que se alegró cuando lo llamaron y le contara lo que la Fiscalía había determinado. Pero Iglesias sabe que una cosa es la justicia y otra, muy distinta, la opinión pública, la calle, los ciudadanos, esos que antes lo querían y admiraban. Los mismos que hoy lo han condenado.
Susana Uribarri, amiga personal de Julio Iglesias y representante de algunos de sus hijos, ha aseverado que el intérprete de Me va, me va sintió "paz y alivio" con el archivo, pero "el daño reputacional ya está hecho, a ver quién lo repara, quién lo repara, eso es muy, muy duro".
No es sólo un mero sentir popular, tomado al pie de la calle o extraído de las redes sociales. No, ya hay datos fehacientes que secundan y apoyan que la imagen de Julio Iglesias ha caído, está tocada, para siempre.
Estudios como el que ha realizado Personality Media sostienen que la reputación de Julio ha caído. Y su confianza, también. No en vano, el impacto de la noticia ha llegado a más del 90 por ciento de la población. En concreto, ha alcanzado al 95 por ciento de hombres, y al 93 de mujeres.
Un 74 por ciento de las mujeres consideran que este escándalo le va a afectar negativamente en su vida profesional. "Sólo un 7 por ciento de hombres y un 4 de mujeres considera que la noticia es falsa", se puede extraer desde el estudio.
Y se apostilla: "Por todo esto su confianza cae del máximo de una media de 6,4 a un 3,6". En otro orden de cosas, si se le echa un vistazo a la prensa internacional se puede ver cómo Julio ocupa portadas y titulares, haciéndose eco, claro está, del escándalo de marras.
¿Justicia o espectáculo?
Julio Iglesias durante una de sus actuaciones, hace años.
Hace unos días, el despacho Guerrero & Asociados Abogados envió un estudio a EL ESPAÑOL en el que analiza el escándalo de Julio Iglesias, y ponía el foco en una realidad innegable: cómo la justicia, a veces, se convierte en espectáculo.
"Nos enfrentamos actualmente a una dinámica en la que los medios de comunicación, redes sociales, tertulianos y hasta influencers asumen una función cuasi judicial, adelantando valoraciones de culpabilidad sin que exista imputación formal, y mucho menos una condena", se explica desde dicho despacho.
"Esto contraviene directamente el derecho a la presunción de inocencia, generando una pena anticipada de carácter social y reputacional, que en algunos casos resulta más devastadora que la condena penal en sí misma".
Se incide: "Desde el punto de vista estrictamente jurídico, conviene ser muy claro; la acusación pública no tiene valor procesal alguno, no inicia un procedimiento penal, no genera imputación, no desplaza la presunción de inocencia y no obliga al Estado a actuar automáticamente".
Concluyen: "Debe recordarnos que la justicia no es un espectáculo, sino un proceso que exige tiempo, pruebas y respeto a los derechos de todos, porque en democracia, no hay causas justas sin garantías, ni reputaciones que deban sacrificarse para proteger verdades que aún no han sido probadas".
Julio, "atrapado por el MeToo"
Qué lejos parecen quedar las entrevistas pícaras del aquel truhan. Hoy, el tono es otro. La revista Paris Match lleva a su portada una imagen de Julio, tomada hace años, en su tiempo de esplendor, bajo el titular: "Julio Iglesias, en el centro del escándalo".
La cobertura internacional del caso Julio Iglesias se ha centrado en dos ejes: la gravedad de las acusaciones y el giro jurídico con el archivo en España.
Medios como The Independent han presentado al cantante como "la última celebridad atrapada por el MeToo", destacando que se le acusa de "abusar sexualmente de dos mujeres" empleadas en sus casas de Punta Cana.
Reuters y la televisión pública irlandesa RTE han resumido el inicio del caso con titulares del tipo "Spain opens investigation on women's allegations contra Julio Iglesias", subrayando que la Fiscalía española abrió diligencias por supuestos abusos.
Tras la decisión de la Fiscalía de archivar la denuncia por falta de jurisdicción, la narrativa ha virado a la dimensión procesal. En la misma línea, The New York Times habla de "Prosecutors in Spain End Investigation Into Julio Iglesias".
La prensa anglosajona y europea también ha recogido la respuesta del propio artista y de las organizaciones que apoyan a las denunciantes.
Los Angeles Times y Rolling Stone han subrayado que Iglesias "niega las acusaciones de agresión sexual: 'absolutamente falsas'", y que califica los hechos de "absolutamente falsos".
Frente a su versión, ONGs como Women's Link Worldwide y Amnistía Internacional insisten en que se investigan posibles delitos de "trata de personas para trabajos forzados y servidumbre" y "delitos contra la libertad sexual".
