Algunos desconocen que, antes de convertirse en todo un icono del periodismo de entretenimiento, Karmele Marchante dio guerra como activista feminista y cultural. La propia periodista ha contado que tenía apenas dieciocho años cuando descubrió que era feminista gracias a un libro de Lidia Falcón que robó a escondidas de la biblioteca de su padre. Y también que, siendo una adolescente, sus adinerados progenitores la mandaron a estudiar Periodismo a Navarra, aunque al poco la expulsaron de aquella universidad por hacerse "roja", y entonces no le quedó más remedio que empezar de nuevo en el campus de Bellaterra de la UAB.

La de Tortosa —que este miércoles 15 de septiembre sopla sus 75 velas— fue una de las pioneras del periodismo contracultural en España. Entre otras cosas, fundó junto a unas colegas LAMAR (Liga Antipatriarcal de Mujeres Antiautoritarias y Revolucionarias), se dedicó durante una temporada a quemar ejemplares de Interviú y otras revistas del destape en la plaza de Catalunya, cofundó la libertaria (y hoy ya desaparecida) Ajoblanco, y estuvo al frente de Star, una pionera revista contracultural publicada en Barcelona durante la segunda mitad de los setenta.

Seis meses después de cambiar Barcelona por Madrid, el director de Informe Semanal llamó a Marchante para trabajar en aquel mítico programa —un espacio que ella abandonaría luego, según dice, tras pelearse "con un semi-jefe de informativos"—. En la capital española fue precisamente donde hizo sus pinitos como tertuliana en la mesa política de María Teresa Campos (80 años), primero en TVE y después en Telecinco. Estando en Día a día, Marchante recibió una suculenta oferta para convertirse en una de las figuras de peso de Tómbola, donde cinco periodistas se sentaban frente a cinco personajes populares y les entrevistaban, uno detrás de otro.

Karmele con los directores de 'Sálvame' Raúl Prieto y David Valdeperas. Gtres

Resulta evidente que aquel programa creado en 1997 por Canal 9 (y emitido en otras cadenas autonómicas y locales) inspiró espacios similares en las cadenas privadas dentro de eso que llaman infoshow, y sirvió para que Marchante se convirtiera en despellejadora de famosos de toda naturaleza. Aunque su lengua anabolena —como solía referirse Carlos García Calvo a las lenguas viperinas— le dio algún que otro disgusto a la catalana, que una noche tuvo que aguantar, en pleno directo, que Carmen Sevilla (90) le sacara los colores por haberse referido a ella en un artículo como una de las artistas "más descerebradas del solar patrio" —Marchante acabó siendo condenada a indemnizar con seis mil euros a la actriz y cantante sevillana por "intromisión ilegítima en su honor"—.



"Tengo claro que nunca podría ser ministra de Asuntos Exteriores, porque carezco de diplomacia", comentó una vez Marchante. Desde luego, no hacía falta que lo jurase. Su antológica mala baba le valió para concursar en 2008 en Supervivientes, y para aterrizar al año siguiente en el programa de televisión Sálvame, donde sacó su lado más divertido, y dio el cante día sí y día también. Primero, solo de forma metafórica. Después, lo hizo también de forma literal pues, bajo el nombre de Popstar Queen, se sacó de la manga una canción (Soy un tsunami) con la que pretendía representar a España en Eurovisión.

La periodista en una manifestación contra la violencia machista. Gtres

Se dice que, tratando de emular a Rodolfo Chikilicuatre, la tertuliana se puso incluso a dar "clases de canto a destajo", y comenzó a preparar la coreografía. Pero RTVE le rompió el corazón al expulsarla de aquella carrera en la que llegó a situarse en cabeza. Por un lado, la letra del tema citaba a Carrefour (estando prohibido hacer publicidad de marcas o empresas) y, por otro, se descubrió que la base musical que sonaba al principio de la canción no era original.

Allá por 2015, Marchante se erigió en musa del movimiento independentista catalán y, tras aparecer en un vídeo de la plataforma Ara es l'hora de la Assemblea Nacional de Catalunya (ANC), posó encantada envuelta en una estelada para la desaparecida revista Interviú, lo que le granjeó las críticas de muchos compañeros. "Estoy acostumbrada a que me critiquen, ya lo hacían cuando pedía el divorcio, el aborto o los derechos para los homosexuales", se defendía entonces Marchante, que jamás se sintió cómoda del todo trabajando en Sálvame.

La periodista en el Día de la Diada en Barcelona. Gtres

En realidad, la carismática periodista ha defendido siempre que aguantó más tiempo del deseado en el programa de Telecinco porque, tras casarse con Diego Soto, le dio plenos poderes para gestionar sus ganancias y patrimonio, y aquel tipo la arruinó —hasta el punto de que tuvo que vender el casoplón con jardín que tenía en la calle Arturo Soria para mudarse a un modesto apartamento en el Ensanche de Vallecas—.

Aunque la paciencia tiene un límite y, a finales de 2016, Marchante decidió mandar a paseo a sus jefes. "Sálvame ha sido el peor error de mi vida", confesaría luego en una entrevista concedida a JALEOS. "Estuve más de siete años formando parte de la parrilla de colaboradores del espacio diario de Telecinco y dije adiós para no volver nunca más a un formato como ese. Fue un error mío entrar ahí. Un programa que me ha machacado y del que no quiero ni hablar. Es una cadena que lo hace todo por la audiencia y les da lo mismo ser machistas o acosadores... Lo he sufrido trabajando allí y lo he denunciado".

Después de salir de Mediaset huyendo del periodismo del corazón —"el mundo del colorín no puede ser más zafio y más turbio", apuntaría una vez—, la tarraconense volvió a sus orígenes: se hizo masona de la Logia Clara Campoamor, comenzó a colaborar en varios medios catalanes y escribió un libro denuncia contra la explotación de mujeres y niñas por el lobby del sexo titulado Puta no se nace.

Pero la periodista es una chica in, además de una gran aficionada a las nuevas tecnologías. Por eso, además de emplear Twitter para repartir estopa, la pasada primavera inauguró un canal de Youtube para hablar de "temas de actualidad y de todo lo que queráis que comentemos". O, hablando sin eufemismos, para compartir secretos sobre ciertas celebridades y cebarse con antiguos compañeros de profesión como Jesús Mariñas (78) —con quien nunca se llevó nada bien y al que en un vídeo llama "bicha misógina y mamarracha"—. 

Durante la presentación de su libro 'Puta no se nace'. Gtres

[Más información: Karmele Marchante: "Fue un error entrar en 'Sálvame'; me machacaron y sufrí mucho"]

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