Vestida de azul y amarillo, los colores insignia del veraniego concurso de televisión Grand Prix, Pilar Soto (41 años) se colaba todas las semanas en los hogares de los españoles en una época en la que la televisión era una forma global de entretenimiento. Ya decía la propia sintonía del programa que este era "el programa del abuelo y del niño". Entonces, los años noventa daban sus últimos coletazos.

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Pilar compartió pantalla con el vasco y carismático Ramón García (59) durante las temporadas 1999 y 2000 de uno de los concursos más longevos de la televisión - el proyecto estuvo en antena en Televisión Española once largos veranos-. Este formato enfrentaba a dos localidades que acudían junto a sus alcaldes para promocionarse como destino turístico. Con un equipo vestido de amarillo y el otro de azul, algunos de los habitantes de sendas localidades competían en pruebas de diversa índole en las que igual que toreaban una vaquilla en una plaza de toros que se sumergían en una piscina de agua intentando atravesarla por encima de unos rodillos de espuma enjabonados. Precisamente el cometido de Pilar era explicar cada una de estas dinámicas antes de que los concursantes comenzaran el duelo. En cada programa la azafata atravesaba el extenso plató explicando el recorrido y los obstáculos que tendrían que superar los participantes. 

La presentadora recogiendo un reconocimiento por su labor en 'Mamma mía', junto a su compañero Víctor Sandoval. Gtres

La simpatía y el desparpajo de la madrileña conquistaron a la audiencia y además de presentar el Peque Prix -un formato similar al anterior, en el que participaban escolares con sus centros educativos, en vez de municipios-, subió un escalón más en su carrera televisiva. La que fuera azafata formó tándem con Víctor Sandoval (54) en Telemadrid para presentar el espacio de corazón Mamma Mía entre los años 2000 y 2001, cadena donde también llegó a presentar las campanadas. 

Antes de esto, la madrileña pasó por otros proyectos que le dieron las tablas para afrontar con soltura los que la catapultaron al éxito. Su primera aparición televisiva le llegó en 1993 de la mano de Laura Valenzuela, en Date un respiro, un formato de Telecinco que compaginó con su labor como pianista en Hablando se entiende la Basca, el popular programa conducido por Jesús Vázquez (55). Junto al gallego también se puso al frente de La ruleta de la fortuna y después vendrían otros proyectos también en la cadena de Fuencarral como La Chistera y su primer programa en solitario, La tarde es joven.

Puso fin a este periodo de intenso trabajo, cuando en 1996 decide marcharse a Londres para trabajar como modelo en la agencia Crawfords. A su vuelta, la incorporación al elenco de una de las series que ha pasado a la historia de la televisión supondría el principio de su cumbre como profesional y su calvario personal: en 1998 la polifacética artista daba vida a Pamela en Al salir de clase.

Sin duda, la de Pilar ha sido una carrera meteórica en lo profesional, pero por la que tuvo que pagar un alto precio en lo personal. Fue en 2014 cuando la exazafata desveló en una entrevista en Deluxe cuál era la realidad de su vida durante esos años de fulgurante triunfo televisivo. La excompañera de Víctor Sandoval relató que cayó en dos trastornos de conducta alimentaria: anorexia y bulimia y a esto se le sumaron adicción a la medicación, al alcohol y a las drogas: "Sufrí varias sobredosis, pero yo seguí trabajando, perdí muchísimo peso", explica. 

Por paradójico que parezca fue uno de esos episodios el que dio lugar a que la historia no terminara en tragedia: "Sabía que me estaba muriendo. En ese momento, llamé a Cristo, y con los ojos de mi alma vi su rostro. Estaba todavía en la cruz, lloraba. Y pensé: Dios mío, ¿qué he hecho? Perdóname Señor". Afortunadamente desde ese momento, la madrileña afirma haberse apartado de las drogas y dedica su tiempo a la religión católica. Esta ocupación la compagina puntualmente con el periodismo. 

Pilar, junto a Bibiana Fernández, Rossy de Palma y otros personajes del momento en un evento en 2002. Gtres

Además de la citada entrevista en la que relató cómo pasó su calvario, han sido escasas las veces que hemos visto a la exazafata en televisión hablando de su vida personal. Otra incursión televisiva donde mostró un poco más de su faceta más íntima fue su participación en La selva de los famosos en 2004, una edición que ganó el torero José Antonio Canales Rivera (47).

Pero Pilar tiene mucha vida más allá de la mostrada en la tele. La parte de su historia menos conocida, desde que salió del foco mediático, ha estado dedicada al catolicismo. Desde que ocurriera el episodio en el que descubrió la vida cristiana, ha seguido muy vinculada a sus dictámenes. La exazafata ingresó en el convento de Las Clarisas en Madridejos, Toledo, una nueva rutina que le ayudó a luchar contra sus trastornos de conducta alimentaria. Allí, poco a poco descubrió que todo aquello le hacía bien. 

Más tarde, la madrileña se enroló en un viaje por todo el globlo que pasó por Los Ángeles, San Junípero Serra, (México), el madrileño Valle de los Caídos y otras estaciones muy vinculadas a la historia del cristianismo como Medjugore (Francia), Fátima (Portugal), Lourdes (Francia) y el monasterio de Guadalupe (Cáceres). Todo este periplo culminó en 2014 cuando presenció en directo la beatificación de Juan Pablo II. Ese mismo año, realizó su profesión de votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia como Franciscana Seglar de la Orden Tercera.

Al año siguiente visitó Tierra Santa en un viaje, que según recoge El Mundo, le marco para siempre: "Seas o no creyente, ese lugar es especial. Ha sido un periplo apasionante, espectacular. Recorrimos conventos y sinagogas... Recuerdo que rompí a llorar en un lago en Galilea, me emocioné muchísimo. También me volví a bautizar en el Jordán... No pudimos ir al muro de las lamentaciones porque llovía.... Pero sí al Santo Sepulcro. Escuchar misa en Getsemaní fue una espectacular. E ir a Belén, una pasada...", revelaba la franciscana.

Pilar Soto, junto a la actriz Jenny Llada. Gtres

Pero este cambio de rumbo no significa que Pilar abandonara los medios de comunicación. Desde 2007 ha compaginado su implicación en la iglesia católica con colaboraciones en cabeceras y cadenas muy escogidas. En Popular TV e Intereconomía ha presentado y dirigido programas. Ha realizado incursiones en la cadena COPE y ha escrito en la sección Alfa y Omega, el semanario católico de ABC. También ha dado conferencias sobre el aborto.

Hace cuatro años, en 2017, la madrileña quiso reflejar toda esta vida llena de éxitos y fracasos, tanto el profesional como en lo personal en una autobiografía y publicó Conversión. Este volumen compuesto de veinticuatro capítulos, relata como ha sido su camino e incluye testimonios de sus personas allegadas. De hecho, el prólogo iba a estar firmado por Paloma Gómez Borrero, sin embargo, su precipitada muerte truncó los planes de Pilar. 

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