En medio del confinamiento en el que España se vio sumida en marzo de 2020, Alberto Chicote (51 años) comenzó a mostrar a sus seguidores de Instagram (760.000) recetas con lo que tenía a mano en el frigorífico y en la despensa de su casa. Un año más tarde, y fruto de un arduo trabajo de reelaboración que ha duró tres meses, ha visto la luz Cocina de resistencia (Editorial Planeta). Un libro en el que recopila un centenar de recetas sencillas y en las que los ingredientes principales son alimentos que suelen tenerse a mano.

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JALEOS ha contactado con él para, en un parón de las grabaciones de la cuarta temporada de Te lo vas a comer, hablar de esa nueva obra que lleva su sello, de cómo fue el encierro junto a Inma Núñez, su esposa -la mujer que lleva a su lado desde que la conquistó con unas rosquillas en 2004- y de la manera en la que consigue guardar con cierto hermetismo lo que pasa de puertas para dentro de su intimidad a pesar del éxito que lleva años cosechando merced a su presencia en televisión. 

¿Qué es lo que va a encontrar el lector en su libro?

Una recopilación de unas 100 recetas que publiqué en su día, durante el periodo de confinamiento, en las redes sociales, pero reescrito, reexplicado... He añadido muchísimas historias, reflexiones, recuerdos de personas que han formado parte de mi vida a la hora de cocinar. No son recetas canonizadas, sino una manera de salir del paso con lo que tienes en la nevera, una forma de poder organizarte para comer rico y agradable con lo que tengas a mano.

Aberto Chicote firmando ejemplares de su libro. Instagram.

Además de aprovechar todo lo que tenía a mano para cocinar, ¿a qué más se dedicó durante el confinamiento?

Me dediqué mucho a pintar, leer, hacer ejercicio y, obviamente, a cocinar. Básicamente esas fueron mis ocupaciones fundamentales.

¿Cómo valora la gestión que se ha realizado de la hostelería desde que comenzó la desescalada?

Patética.

Le he escuchado decir que se ha criminalizado al sector.

Lo que he dicho siempre es que no he visto nunca, al menos yo, una certificación de que en los bares y en los restaurantes se estuviesen produciendo los contagios. El sector ha sido en su mayoría muy responsable. Y digo en su mayoría porque, evidentemente, siempre hay excepciones y he apoyado que a quien se saltase las normas le pegasen el estacazo de la manera más radical posible. Pero, desde el principio poner una cuota porcentual a la hora de limitar el aforo, me parecía una cosa de no conocer el sector. Si ya hay un sitio donde se respetan las normas de distancia entre comensales, ¿por qué obligar a ese negocio a reducir su aforo? Las cartas se han jugado al revés de como se podían haber jugado: es más fácil controlar las mascarillas y la distancia social de 40 personas en 10 mesas de un restaurante que de la misma gente en sus casas, que todos sabemos que se relajan bastante.

A nivel personal, ¿qué es lo que más le ha afectado de esta situación?

Como a todos los que tenemos un personal a nuestro cargo, mantener una plantilla con una limitación de foro, horaria, de capacidad de negocio grandísima. Intentar jugar las cartas con los mismos gastos de antes de la pandemia, pero con la gente pudiendo trabajar a un porcentaje menor, es complicadísimo.

Hay parejas a las que les ha costado más de un disgusto pasar tanto tiempo juntos. ¿Cómo ha sido en su caso, con su mujer, Inma?

Ningún problema. Llevaba muchísimo tiempo trabajando fuera y pasando mucho tiempo lejos de casa y el pasar mucho tiempo con mi mujer es algo bueno que he sacado de la pandemia.

El cocinero junto a su mujer, Inma Núñez, en una imagen de 2019.

La pandemia ha sido una experiencia muy dura. Dramática en algunos casos. ¿Qué es lo más complicado que le ha tocado vivir? El momento que borraría de su vida.

El momento en el que me diagnosticaron diabetes tipo 2. Me lo quitaría de encima si pudiese. Es algo que convive conmigo todos los días, en lo que tengo que pensar constantemente encima yo, que vivo rodeado de comida.

Justo eso, que pase tanto tiempo rodeado de comida y se controle, da muestra de que es un tipo con una enorme fortaleza mental.

Es que ni debo, ni puedo, ni tengo manera. Si me quiero conservar en perfectas condiciones de salud, tengo que respetarlo. No es algo que me pueda plantear, partiendo de la base de que tengo la intención de vivir 150 años.

¿Su mujer estaría de acuerdo con esto, con tener que vivir al lado de Alberto Chicote hasta los 150 años?

Estoy convencido. Hemos hecho un trato: hasta los 150 no nos morimos.

Además de para evitar las tentaciones por la diabetes, usted ha tenido una fuerza de voluntad para bajar una cantidad considerable de peso -confiesa que unos 40 kilos-. ¿Qué consejo le daría a alguien que se encuentre ante el mismo reto ante el que usted estuvo hace unos años?

Primero, ponerse en manos de un profesional médico de nutrición. No hay milagros ni consejos de pescadería. El consejo mejor es ponerse en manos de alguien que sabe de verdad, que se dedica a ello y que te puede ayudar con el camino a seguir. Y si lo sigues, el éxito está garantizado. Pero claro, hay que ser constante, porque si no sigues, entonces mal.

Alberto Chicote en una imagen de 2014, cuando aún no había adelgazado los 40 kilos que se ha quitado. Gtres.

¿Qué le gusta a usted que le cocinen? ¿Y qué no pediría nunca al sentarse en un restaurante?

Solamente que me cocinen, ya me parece mágico. En casa, también, pero ir a un restaurante, sentarte y que haya una gente que se esté preocupando de que estés a gusto, de que te lo pases bien y que comas rico, me parece magia. Cada vez que me siento en un restaurante, entiendo más por qué nos encanta. Es tan divertido... Y no pediría nunca unos huevos fritos. Los aborrezco. Por lo demás, soy bastante abierto a probar de todo.

Decía que es una maravilla que le cocinen, incluso en casa. Es de los que se lleva el trabajo cuando llega con su familia, se entiende.

Normalmente, cocino yo, aunque mi mujer me echa una mano, pero porque yo soy más rápido que ella. Ella lo hace de maravilla, pero si hay que picar cinco cebollas, yo tardo menos. Tengo más hábito y más agilidad.

Cocina incluso en casa. ¿Es Alberto Chicote el yerno perfecto?

Pues no lo sé, eso habría que preguntárselo a mi suegra. Pero me llevo muy bien con ella y creo que te diría que sí.

Chicote probando uno de sus platos en una sesión de fotos con motivo del lanzamiento de este libro. Héctor Vila.

¿Cómo consigue llevar la vida privada con cierto celo, sin que queden resquicios por los que entrar apenas, siendo un personaje tan conocido? 

Teniendo muy claro cuáles son las cosas que quieres contar y cuáles no. Desde hace mucho tiempo tengo muy claro, te diría que por una cuestión de compromiso y cariño, que la gente que está más cerca de ti se merece obtener más que la que no lo está. Hay cosas que puedo compartir con gente a la que no conozco, en las redes sociales, en las entrevistas... Pero hay otras que, entiendo, no debo. Que deben seguir estando donde están y para la gente para la que están. Quien más cerca está de ti, se lleva todo lo bueno, pero también todo lo malo: las manías, nuestros rollos... Hay que ser un poquito cabal.

¿Qué manías confesables tiene?

No sabría decirte, porque ninguno somos conscientes de esas cosas que no gustan de nosotros mismos hasta que nos las dicen. Pero, por ejemplo, soy de tener las cosas en un orden particular propio que no siempre es lo que todo el mundo entiende por un orden. Mi mujer ha aprendido a vivir con eso. En mi despacho tengo las cosas que, a lo mejor entras y dices: "Qué desastre". Pero como yo sé cómo lo tengo y cómo lo necesito, pues así lo hago. Tampoco te creas que tengo muchas más. Además, como considero que hay que poner por delante las cosas más importantes de las menos, si resulta que a mí una manía estúpida una relación, que es algo esencial en mi vida, se vaya a ir al traste, pues mando la manía al carajo. Lo que más me interesa es siempre la gente que quiero y que me quiere.

Si no hubiese sido cocinero, a qué se habría dedicado.

Es cierto que, ahora, no me imagino haciendo otra cosa. Es cierto que, durante otra etapa de mi vida, de chaval, quise ser bombero. Y más adelante, gemólogo. Me gusta mucho el mundo de las gemas y las piedras preciosas, pero fui un día a ver el temario que había que estudiar, y como tenía una carga grandísima de Química, que siempre se me ha dado muy mal, pensé: "La voy a cagar". También, en aquel momento, en el año 1985, había una grandísima preocupación por escoger un oficio que tuviese una salid laboral evidente, que no fueses a pasarlo mal o quedarte en el paro. Y entre que la cocina me atraía y que siempre escuché que era un mundo donde no había desempleo, me decanté por ello. Una vez dentro, me enamoré.

¿Qué proyectos tiene en el horizonte?

Acabamos de empezar a grabar la cuarta temporada de Te lo vas a comer y, cuando acabe esto, espero que la cadena tenga algún otro proyecto para nosotros. No sabemos todavía cuándo podremos empezar la octava temporada de Pesadilla en la cocina que, aunque está confirmada, por motivos evidentes de la manera en la que vivimos ahora, es imposible grabarla. Cuando podamos tener ese contacto directo con la gente, ir a restaurantes, recuperar unas condiciones de normalidad para ir a grabar, lo haremos.

[Más información: El épico 'zasca' de Chicote a un tuitero graciosillo que quiso burlarse de él con una surrealista receta]

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