Muchas cosas han cambiado en la vida de Tamara Falcó (39 años) desde que, poco antes de cumplir 30 años, protagonizase con una gran melena y un look rompedor su anterior portada en Vanity Fair España en 2012. Hoy, la nueva Marquesa de Griñón ocupa la portada de esta revista en una nueva etapa de su vida y arrellanada en la cresta de una ola que no tiene visos de atenuarse. En esta entrevista, la colaboradora de televisión trata temas como el amor, la monarquía, sus proyectos laborales y la triste muerte de su padre, Carlos Falcó.

La hija más espontánea de Isabel Preysler (70) también conoció el reverso oscuro de la fama, especialmente a finales de 2016, cuando atravesaba un momento de inestabilidad emocional. Ella misma resumió su estado de ansiedad de una manera gráfica: "En esa época desayunaba filetes empanados". Engordó 20 kilos. "No me reconozco cuando me miro al espejo", declaró en aquellos difíciles días.

Tamara Falcó en la portada de la revista 'Vanity Fair'.

"Lo pasé muy mal. Entonces, muchos contratos que tenía firmados se cayeron. Algunas marcas me dijeron que mi físico no era el que requerían para sus productos. Me penalizaron. Mi hermano Enrique no lo comprendía. 'Tamara, ¡no te pueden dejar sin trabajo por haber engordado!', me decía. Yo, en parte, entendía que habían contratado una imagen y ya no era la misma, pero tengo dudas sobre si eso era ético", se confiesa en esta revista. 

Hoy, acaba de conseguir un millón de seguidores en Instagram y en cada aparición en El Hormiguero la siguen una media de tres millones de espectadores, según los últimos datos de enero. "Tiene inocencia a raudales, es muy culta, cariñosa, ha conocido gente interesante y te ríes con ella. Por si fuera poco, es magnética. Cuando abre la boca, todo el mundo quiere saber qué es lo que va a decir porque es muy imprevisible. O, lo que es lo mismo, libre", reflexiona el presentador Pablo Motos (55).

Tamara Falcó en una imagen reciente. Gtres

A esta colaboración se une su intervención los viernes por la noche en El desafío (Antena 3), donde ejerce de jurado. El espacio cosecha una media de dos millones de televidentes. En la actualidad, su personalidad es el nuevo pilar central del negocio de ser Tamara Falcó, uno de los más rentables de la industria del entretenimiento. El punto de inflexión en su carrera fue su participación en 2019 en el programa Masterchef Celebrity (TVE), en el que se proclamó vencedora. "Si no hubiera sido conocida, no me habrían llamado para aquello, y tampoco estaría haciendo esta entrevista ahora", sostiene entre risas en la citada publicación. En otro orden de cosas, su padre Carlos Falcó dejó escrito en sus últimas voluntades que deseaba que fuera Tamara quien lo sucediera en el marquesado de Griñón, la distinción por la que era conocido en sociedad. "Fue una sorpresa para todos. En esas estamos. A ver si consigo hacerlo la mitad de bien que él. Él es mi referente", musita mientras se le empañan los ojos. Intenta reprimir sus sentimientos en público.

"Los dramas no son elegantes", parece su mantra. Ante la pregunta sobre cómo digirió la muerte de su progenitor, Falcó asegura: "Fue un shock. Ha sido todo muy surrealista. Estas pasadas Navidades han sido muy duras. Él estaba planeando ir a una boda de una prima. Había 8.000 personas invitadas y le dije '¿Pero cómo vas a ir?'. No pudo asistir. Lo ingresaron a los días. Formaba parte de esa generación que no se queja por nada". 

Tamara, la digna sucesora de Preysler 

Durante décadas Isabel Preysler se ha ganado, con pico y pala, el título de reina de corazones. Elegante, estilosa, siempre al punto y con un aura de misterio y glamour flotando a su alrededor, Isabel ha sabido sortear el paso del tiempo y las modas como si viviera en una suerte de cápsula frente al mundo. Con una vida recluida en Villa Meona, alimentando el misterio, junto al escritor Vargas Llosa, Preysler tan solo hace vida social cuando promociona algún acto o en alguna portada de la revista ¡HOLA! vía exclusiva. Dicen los paparazzi bien avezados que "no sale de casa si no hay una importante cantidad de dinero de por medio". Ese ha sido su modo de vivir en décadas. En un segundo plano y, cuando toca el primero, palabras amables y frases cortas y medidas. A Preysler nunca se le ha pillado en un renuncio.

 

Por ello, cualquier gesto de espontaneidad por su parte siempre es analizado con lupa y visto como un acontecimiento. En la memoria colectiva y televisiva quedará por siempre aquella épica visita en 2015 de Isabel al programa de Antena 3 El Hormiguero. La reina de corazones pisaba un plató de televisión para ser entrevistada, hecho que nunca antes se había producido, y que nunca más volvió a acontecer. Ese programa fue visto por 3.855.000 espectadores y un 19,4 por ciento de cuota de pantalla. El resto de sus hijos también han mantenido a raya su relación con los medios de comunicación, cuya única ventana se la concedía la anteriormente citada revista. Todos salvo Julio José Iglesias (47) -que ha participado también en programas de televisión- y la pequeña Tamara. La televisiva Tamara.

Si bien ha heredado de su madre la elegancia, la belleza y el saber estar, pronto se descubrió que Tamara estaba hecha de otra pasta. Espontánea, con una peculiar forma a la hora de hablar y con ademanes a medio camino entre pijos y urbanos, la Falcó fue carne de titulares y los medios comenzaron a seguirla. Unas palabras de ella eran oro. Las "cosas de Tamara", como las bautizó su madre, vendían mucho. Tamara, como bien recordó hace un tiempo Boris Izaguirre (55), "tiene la capacidad de decir, sin filtros y en cada momento, todo lo que piensa. No mide nada, y en eso se diferencia de su familia". Ella lo encuentra un "horror" y ha confesado en varias entrevistas que a veces le gustaría "tener filtro". Afortunadamente, no lo tiene, porque Isabel Preysler solo hay una.

[Más información: Los 70 años de una Isabel Preysler en perfil bajo: analizamos la evolución de su imagen]

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