Desde que Alonso Caparrós (50 años) regresó a la televisión de la mano de Sálvame, había confesado muchos pasajes de los momentos más duros de su vida. De esa etapa en la que bajó a los infiernos. Pero, hasta el momento, no se había pronunciado sobre el duro tratamiento al que se sometió para hacer frente a la depresión. Lo hizo este domingo, 14 de febrero, en el Deluxe.

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"Es un tratamiento en el que tratan de resetearte el cerebro poniéndote corriente eléctrica. Me lo hacían con anestesia general, es muy duro", manifestaba Alonso, mientras el presentador Jorge Javier Vázquez (50) no perdía detalle del relato. "Te ponían algo para morder porque los electrochoques eran tan violentos que podían llegar a partirte los músculos y te quedas varios días como si te hubiese pasado un tren por encima. No me hacía nada y me cabreaba mucho", añadía, explicando que nunca fue efectivo en su caso, causándole una enorme frustración tras pasar por el mal trago.

Hace unos meses, ya deslizó que tuvo que recurrir a ayuda profesional para que le rescataran del pozo en el que estaba sumido: "Estuve ingresado en la López Ibor, durante 10 o 15 días y luego estuve con un especialista las 24 horas del día durante siete meses. Me cuesta mucho contar mi experiencia porque yo he pasado por todos los tratamientos que te puedas imaginar y siempre he tenido un apoyo terapeútico".

Caída a los infiernos

El colaborador se ha deshecho varias veces en los últimos años, desde que se incorporó al espacio de Mediaset en octubre de 2017. Alonso ha revelado los momentos más oscuros a los que tuvo que enfrentarse durante aquella etapa en la que estuvo sumido en las drogas. "Son lugares en los que la degeneración moral es muy fácil. Tengo imágenes y recuerdos que lamento y que me encantaría encontrar de nuevo a esas personas para decir lo siento", explicó sobre las salidas nocturnas de las que se arrepentía. También mostró dolor por haber llegado a ser infiel cuando no se encontraba en facultades plenas: "Una mujer se enamoró de mí y en ese caso fui doblemente dañino. Yo era… Pasamos por sitios que son tremendos".

Alonso junto a su mujer, Angélica Delgado, en una foto de su boda, en 2015.

"Hasta hace muy poco tiempo lo único que veía en el mundo era lo que el resto del mundo me había hecho a mí. A medida que vas superándote, trabajando y cuando tu mente se va despejando y adquiere clarividencia, vi lo que yo le había hecho al resto del mundo. Hay muchísimas imágenes de mi vida que están saliendo otra vez a flote que aparecen en mi mente sin permiso porque estoy escribiendo un libro. Eran como un shock postraumático, muchos lugares oscuros y de la huella que haya podido dejar a otros seres humanos. Una de las cosas que más te cuesta purgar es lo que yo le he podido hacer sentir a todas estas personas, en este caso mujeres, a las que yo en esos tiempos horribles en los que mi adicción me ganaba, les pude hacer sufrir", confesó rompiéndose en directo el pasado verano. En aquella ocasión, explicó cómo llegó a rechazar 1.500 euros al no acudir a una petición de un hombre que buscaba sus servicios como prostituto.

Alonso ha confesado delante de las cámaras cómo los cantos de sirena de las sustancias que tantos problemas le han causado, no tardaron en atraparle. "Empecé muy joven a tontear con las drogas, pero el gran problema fue empezar pronto a ganar mucho dinero en la tele, porque me podía permitir el lujo de comprar todo lo que quería en gramos y prostitución", explicó en una ocasión en el Deluxe, poniendo de manifiesto el despilfarro de todo lo que ganaba en esa etapa de su vida en la que "podría haber muerto prácticamente todos los días". Su adicción era tal, que llegó a ir a comprar cocaína con su hija, Claudia, siendo esta un bebé: "Recuerdo dejar el cesto encima de la barra de un tugurio y ahí comprar cocaína".

Sin cifrar, exactamente, la cantidad que se dejó en aquellos años, en esa entrevista (por la que en su día se aireó que se había embolsado unos 50.000 euros), sí confesó que era su manera de evadirse de la realidad. Una vía de escape a la que acudía, aproximadamente, cada 20 días. "En mi caso fue brutal, ya sea por genética o por las circunstancias, el enamoramiento fue muy brutal, muy atroz, soñaba con montañas de cocaína y me atrapó de una manera bestial y esa sensación sigue latente. Fue una invasión", explicó con desgarro ante la audiencia de Telecinco.

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