"No sabes cómo duele no poder estar a tu lado y la eternidad de tu ausencia. Te quiero desde siempre y para siempre". Estas son las últimas palabras que ha hecho públicas Ana Obregón (65 años) tras la muerte de su hijo. Se las dedicaba el pasado 23 de junio, fecha en la que el joven hubiera cumplido 28 años. También ese día mostraba en sus redes sociales la misma tarta que cada año compraba a su hijo para que soplase las velas sobre ella. Todos estos recuerdos han ocurrido entre las cuatro paredes de su hogar, que se ha convertido en su refugio estas semanas, pero dentro de 24 horas le aguarda la cita más dura tras el fallecimiento de Álex Lequio.

Noticias relacionadas

Este martes 30 de junio a las 20 horas se celebrará una misa en homenaje al joven empresario, que dijo adiós el pasado 13 de mayo en la clínica Quirón de Barcelona tras dos años de lucha contra el cáncer. El lugar elegido para recordarle es la parroquia de Nuestra Señora de La Moraleja en Madrid.

El templo religioso está muy cerca del domicilio de toda la familia Obregón que ahora mismo está volcada en atender y animar a Ana, a quien le está siendo imposible recuperarse tras la pérdida de su único hijo. La actriz apenas ha abandonado su chalet en contadas ocasiones para visitar el cementerio de La Paz donde descansa el joven.

Ana Obregón, devastada y abrazada a Alessandro Lequio tras la muerte de su hijo. Gtres

Su propia hermana Celia García Obregón atendía a los micrófonos de los reporteros de la prensa y aseguraba que la bióloga "está hecha polvo". Por esta razón, el reto al que se enfrenta este martes se le hará aún más difícil que al resto. Ana no solo tendrá que lidiar con la nube de recuerdos que inundarán su mente durante la misa en homenaje a su "grandullón", sino que tanto a la entrada como a la salida del templo una multitud de periodistas, agencias y medios captarán su imagen a la espera de conseguir algunas palabras de la actriz.

Si algo ha definido siempre a Obregón a lo largo de su carrera es su buena relación con los profesionales de la comunicación. Nunca ha negado una sonrisa ni unas declaraciones cuando los reporteros han dirigido el micrófono hacia ella. Incluso el día del entierro de su hijo, la actriz esbozó una pequeña mueca amable en sus labios desde el interior de su coche cuando era consciente de que los objetivos de las cámaras de televisión la grababan.

Este martes, los sentimientos serán muy intensos en esa cita religiosa de las ocho de la tarde. La familia entera arropará a la artista y solo una vez allí se podrá verificar si volverá a hacer gala de su generosidad y atenderá a los medios; o por el contrario -y de forma comprensible-, Ana preferirá mantenerse al margen y solamente dejará que los fotoperiodistas ejerzan su labor libremente pero desde una distancia educada.

Y es que el dolor de Ana Obregón desde hace 47 días es inexplicable. Ella misma lo demostró en su desgarradora carta dedicada a su hijo 18 días después de su muerte, cuando tuvo fuerzas para escribirla: "¿Qué puedo decirte, hijo? Que eras / eres mi vida y ahora ya no hay nada. Que perder un hijo es morir y tener la obligación de vivir. Y tú querías vivir, casarte algún día y tener cinco hijos. Muchas noches en el hospital pedimos juntos a Dios que te curara y no nos hizo ni caso. Ahora solamente le pido que pueda volver a abrazarte muy pronto porque te echo insoportablemente de menos".

[Más información: El día más difícil para Ana Obregón: su cita anual junto a Álex Lequio que ya no será igual]