Álex Lequio convivió con una cámara prácticamente pegada a su ser desde que nació. Después de ese 23 de junio de 1992 en que vino al mundo, el hijo de Ana García Obregón (65 años) y Alessandro Lequio (59) tuvo que acostumbrarse al barullo de los fotógrafos que perseguían a su madre y al traqueteo de los flashes.

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A su corta edad y sin entender la repercusión mediática que lo envolvía, el pequeño Álex creció junto a esas personas que le hacían fotos y preguntas a su madre. En la hemeroteca gráfica quedarán por siempre esos momentos en los que Álex, divertido y alentado por Ana Obregón, mordía la gomaespuma de los micrófonos. 

Ese niño travieso y de rizos rubios ha fallecido a los 27 años a causa del cáncer con el que llevaba batallando duro dos años. Desde que se le diagnosticó en 2018 la enfermedad, Álex demostró una fortaleza encomiable y una gran capacidad de superación. Se encaró al cáncer con optimismo y llamándolo por su nombre, pero no pudo ser. Durante este tiempo de lucha el joven continuó su 'idilio' heredado con los medios de comunicación. Siempre con una sonrisa y sin perder los nervios, todo un ejemplo para alguien como él que casi vivió día y noche colgado de una cámara. 

Ana y Álex en la playa en 1998. Gtres

Su madre siempre se sintió especialmente culpable por el seguimiento mediático al que exponía a su hijo. Siempre intentó pactar con la prensa, llegar a un acuerdo con los fotógrafos para que en esos momentos en que ella estuviese acompañada de Álex en la calle, este 'sufriera' lo menos posible. De hecho, en el afán por liberar a su hijo de las cámaras Ana comenzó cada verano a realizar esos posados veraniegos en la playa. Citaba a la prensa para que hiciesen todas las fotos que fuesen necesarias y el resto de verano poder "disfrutar de mi hijo en la intimidad y sin fotógrafos". Sin embargo, García Obregón entendió que ese pacto no se respetaba, ni en verano ni durante el resto del año. La relación de Ana Obregón con los medios se complicó e incluso se vivieron momentos muy tensos en determinadas salidas públicas de ella junto a su hijo.

Tan insostenible se puso el panorama que García Obregón tomó cartas en el asunto para proteger los derechos de su menor y que, al menos, si no podía evitar el seguimiento de los fotógrafos, sí imploró que se le pixelara la cara a Álex. Toda una pionera en solicitarlo. 

Batalló junto a otras famosas que pedían la misma protección para sus hijos, como Eugenia Martínez de Irujo (51) y Terelu Campos (54). "Fui con Eugenia y Terelu a ver al Defensor del Menor y al fiscal del estado para intentar defender los derechos de nuestros hijos y no sirve para nada", comentaba, dolida, en 2007. Sin embargo, años más tarde esa ley se aplicó y, desde entonces, ningún menor en España puede aparecer en una fotografía sin que se le distorsione el rostro. "Hubo un momento en el que tuve que pararlo. Fue mi lucha en los juzgados, solicitar que se aplicara la Ley del Menor para los hijos de personas que somos conocidas. Y se consiguió. Mi hijo ha ganado en libertad", aseguraba Obregón en una entrevista para Nieves Herrero (63) en 2009. 

Ana Obregón y Alessandro junto a su hijo en Mallorca. Gtres

Por fin lo consiguió. Si bien los veranos posteriores continuaron siendo igual de frenéticos a nivel mediático, al menos su hijo no sufría en el colegio. Y es que, Ana siempre ha asegurado que Álex, en su etapa estudiantil, fue víctima de burlas por ser hijo de una famosa como ella y todos los días se inventaban historias sobre su madre. "Tu hijo tiene que aguantar en el colegio comentarios de todo tipo, que si su madre es lesbiana", aseguró en el programa de Jesús Quintero (79). Pero todo eso, afortunadamente, fue quedando en el pasado y Álex fue creciendo y su comportamiento con los medios de comunicación maduró. 

En su adolescencia continuó llevando con estoicismo el seguimiento mediático y cuando cumplió la mayoría de edad nada en él cambió a ese respecto. Siempre con educación y respeto, Álex supo lidiar con el peso de su apellido y entendió mejor que muchos lo que significa ser hijo de una famosa como su madre. Desde sus 18 años, trabajó duro para ser independiente económicamente, montó su propia empresa y siempre intentó conseguir sus metas lejos del paraguas del mediático apellido Obregón. Nunca vendió exclusivas hablando de su vida personal o sentimental y esa fue la línea que siempre dibujó con los medios. Tan solo cuando regresó de Nueva York, donde se trató por vez primera su enfermedad, concedió dos exclusivas, cuyo dinero donó a la investigación contra el cáncer. 

Durante estos dos años de batalla, Álex continuó trabajando hasta el último momento pendiente de sus empresas, al móvil todo el día pegado, y atendiendo a los medios siempre que se lo reclamaba para cualquier petición. A su lado, siempre su madre, Ana Obregón. La mujer que siempre veló por su hijo, al que cubrió con su manto protector desde su nacimiento hasta el final. "Se apagó mi vida", han sido las únicas palabras que Ana ha pronunciado tras el fallecimiento. Amor y devoción de una madre por un hijo. Una madre soltera y coraje. Hoy, la prensa, los fotógrafos, esas personas que le hacían preguntas y fotos a su madre todos los días -y a las que él les pedía que se fueran a su casa-, lo recuerdan con cariño como ese niño travieso que mordía los micrófonos. 

[Más información: Ana Obregón y Álex Lequio, el amor y la devoción de una madre por un hijo]