Hace unos días, el nombre del empresario cántabro José Campos (54 años) volvía a colocarse en primera línea mediática tras anunciar él mismo en su cuenta de Instagram que había sufrido un ictus, que, afortunadamente, había superado. Rápidamente, muchos portales de crónica social se hicieron eco de la noticia. Así, el exmarido de Carmen Martínez-Bordiú (69) volvía a la actualidad después de muchos años retirado de los medios de comunicación. Muchos se preguntaron lo inevitable: ¿cómo es la actual vida de José? 

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En 2014 anunció, pletórico y feliz, su boda con su actual mujer, Marián Sousa, con la que tiene una hija, Martina. Exceptuando alguna aparición televisiva puntual, su vida desde entonces se escribe en Santander y alejado de todo ruido mediático. José ha formado una familia sólida y JALEOS conoce cómo es su día a día. Se informa a este medio que ese 'coqueteo' con los medios, las revistas y la televisión quedó atrás y no está en sus planes: "Él ahora mismo está en otra etapa de su vida, sereno y tranquilo con los suyos. Es un padrazo que se desvive por Martina y en Marián ha encontrado a la mujer ideal". 

Eso no quiere decir que no entienda que su nombre tenga notoriedad pública; lo asume con estoicismo y reconoce que en determinados momentos "le ha venido muy bien aparecer en prensa", pero su vida, y sus ingresos, están lejos de esas lides. Cuentan quienes lo conocen que lleva una vida tranquila y de "gustos sencillos". Juegos con su hija y cenas entre amigos. Más allá de la familia, que es lo que realmente lo motiva y llena, Campos está volcado en su faceta empresarial, ahora, como en toda España, 'cerrada'. "No hay cosa que más le gusta en el mundo que una buena botella de vino y un buen cocido", desliza alguien que lo conoce bien. 

Es administrador único desde 2007 de un bar en Santander, Galerías Culturas. Este establecimiento es muy conocido en la zona y cuenta con una gran reputación y, sobre todo, con una excelente salud financiera: genera unos ingresos de 280.000 euros. Los comentarios que se pueden leer sobre el restaurante en internet son muy buenos. En la actualidad, teniendo en cuenta la coyuntura sanitaria a causa del coronavirus, este bar se encuentra cerrado, como marca la normativa. Debido a este cierre temporal, José puede dedicarse de lleno a su familia. Así lo reza su red social, donde se lo puede ver jugando a la raqueta con su hija o descansando en la terraza junto a su mujer y el perro

La vida de Campos es plácida y sosegada, salvo por el susto de hace unos días. "Un ictus, poco a poco. Os quiero", posteaba en Instagram. En la imagen que publicó se lo veía ataviado con el pijama de hospital y con los brazos conectados a vías. Eso sí, siempre positivo, haciendo un gesto con la mano en señal de victoria. Y eso es lo que, finalmente, ha sido: una victoria. Y es que, nada más recibir el alta hospitalaria, se ha grabado un vídeo en la terraza de su casa de Santander jugando con su hija Martina. 

Su matrimonio con Martínez-Bordiú

José Campos y Carmen Martínez-Bordiú en una imagen tomada en 2010. Gtres

Con 50 años, Carmen Martínez-Bordiú se enamoró del empresario cántabro José Campos. De su mano caminó por tercera vez hacia el altar en una boda celebrada en Santander el 18 de junio de 2006, que ocasionó un gran revuelo en la ciudad. La propia Carmen ha confesado en más de una ocasión que estaba viviendo junto a José una segunda juventud. Fueron siete años felices, aunque con algún bache que otro. Pero el amor se les acabó y el divorció fue la mejor de las soluciones.

Tras este, llegarían algunas acusaciones veladas en revistas y platós de televisión, un tira y daca que acabó cuando José Campos optó por retirarse de la vida pública y los medios. La última información que continuaba uniendo a José con Carmen se diluía el pasado mes de febrero cuando se publicó que Martínez-Bordiú, después de 10 años intentándolo, había conseguido vender la casa cántabra donde vivió durante su matrimonio. "Lo que llevó a Carmen a tomar esta decisión fue el traslado de su residencia habitual, actualmente ubicada en Portugal. La distancia hace aún más difícil encontrar un momento para escaparse a su refugio en los valles cántabros", se explicó entonces desde la inmobiliaria.

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