Si en una fiesta se reúnen Juan Carlos I (82 años) y Sofía de Grecia (81) –entonces príncipes de España- el Aga Khan IV (83), Grace Kelly y Rainiero III de Mónaco, Aline Griffith –condesa de Romanones- Hugh Hefner –fundador de Playboy-, Christian Barnard –doctor en realizar el primer trasplante de corazón en el mundo- o Roman Polanski (86), no resulta difícil adivinar que se está cociendo algo gordo.

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Y así fue. El 18 de mayo de 1970 se inauguró Puerto Banús (Marbella), uno de los enclaves de lujo más sofisticados y exóticos de Europa. Los artífices de este proyecto fueron el príncipe Alfonso de Hohenlohe –en 1954 había reconvertido la finca familiar en el célebre Marbella Club, cuyo ex director y presidente de honor es el conde Rudi, primo de Alfonso y casado con María Luisa de Prusia, prima hermana de la reina Sofía y de Ernesto de Hannover (66)- y José Banús, que junto a su hermano Juan, fueron los constructores preferidos de Franco, ya que habían levantado el Valle de los Caídos, el puerto de Bermeo (Bilbao) y los barrios de Mirasierra, el Pilar y la Concepción en Madrid.

Alfonso de Hohenlohe era un hombre de negocios visionario que convirtió Marbella en el enclave perfecto para la jet set internacional que buscaba nuevos lugares para divertirse tras la nueva reconstrucción del mapa europeo a causa de la debacle de la II Guerra Mundial. Como el ahijado del rey Alfonso XIII y de la reina Victoria Eugenia quería algo inédito, contactó con el arquitecto de origen siberiano Noldi Schreck, que había diseñado las casas de Spencer Tracy y Judy Garland en Beverly Hills, y le dio carta verde para diseñar el puerto más chic del sur de Europa.

Alfonso de Hohenlohe (izq.) con Pitita Ridruejo en una fiesta en Marbella en 1998. Gtres

A punto de cumplirse 50 años de esta suntuosa marina, JALEOS rescata del pasado algunas de las anécdotas más curiosas de este selecto lugar de la Costa del Sol que atesora un sinfín de curiosidades y secretos.

La legendaria actriz Deborah Kerr –protagonista de De aquí a la eternidad (1953) o El rey y yo (1956)- solía acudir a la peluquería normalmente ebria y le encantaba plantar los huesos de los nísperos para que crecieran los árboles; Julio Iglesias (76) se abría camino cantando de bar en bar; memorable fue la paliza que recibió Cristóbal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde y yerno de Franco, porque alguien se había metido con España; el dictador cubano Fulgencio Batista murió tras comerse una langosta de dos quilos después de salir del restaurante JP de Los Chorys (el grupo de playboys formado por Luis Ortiz, Yeyo Llagostera, Jorge Morán y Antonio Arribas que animaba las noches marbellíes); Sean Connery (89) se relajaba en las terrazas tras jugar al golf, pero los camareros le odiaban porque era muy tacaño y nunca dejaba propinas; Kirk Douglas tenía una mansión en la zona y muchas mañanas jugaba a echar un pulso con amigos; la princesa Soraya, repudiada por el Sha de Persia, que paseaba sus famosos ojos tristes verdosos de bar en bar; Jaime de Mora de Aragón con su famoso monóculo –hermano de la reina Fabiola de Bélgica- solía sentarse en un trono en el restaurante Antonio para dejarse fotografiar por miles de personas; el primer tablao flamenco del puerto fue de Ana María, pero tuvo que marcharse porque los vecinos se quejaban del ruido y años después abrió otro Lola Flores.

Los cantantes Celia Cruz, Julio Iglesias, Chayanne, José Luis Rodríguez y Lola Flores en una fiesta en Marbella. Gtres

El segundo casino de España se abrió en Puerto Banús. Pero antes de que se legalizara el juego, El Cordobés montaba en la zona unas timbas ilegales impresionantes. En una de las salitas privadas del casino, una noche se reunieron Adnan Khashoggi, Abutaka –el rey de los diamantes- y Antonio Asensio, fundador del Grupo Z, que se estaban jugando sobre la mesa 700 millones de pesetas en los ochenta (4.2 millones de euros). Otro nombre real protagonizaba anécdotas divertidas. Don Juan de Borbón solía ir con su barco a Gibraltar donde cargaba la bodega con botellas de güiski que luego se bebía con amigos todas las tardes en la cubierta en Puerto Banús. Todos los que le conocieron opinan que eran muy campechano.

Uno de los grandes nombres en la década de los ochenta fue el traficante de armas saudí Adnan Khashoggi. Con él llegaron las mejores fiestas. Algunas tan inolvidables como las que se celebraban a puerta cerrada en su finca de 5.000 hectáreas denominada La Baraka –el suegro de Cristina Onassis le vendió las tierras a Khashoggi y actualmente estos terrenos son la urbanización de ultra lujo La Zagaleta- con cachorros de tigre con collares de diamantes y su yate llamado Nabila, cuyas letras eran de oro macizo en honor a su hija. En aquella época era el más grande del mundo y no podía atracar en el puerto, por lo que los vaivenes en helicóptero para trasladar a sus ilustres invitados como Elizabeth Taylor, George Hamilton (80), Gunilla von Bismarck, Brooke Shields (54) o Mick Jagger (76) eran constantes.

El rey Fahd de Arabia Saudí (silla de ruedas) con su comitiva subiendo abordo de su barco Al Diriyah durante unas vacaciones en Marbella. Gtres

Un caso aparte era el rey Fahd de Arabia –uno de los hijos del fundador del reino saudita- y su séquito. Con su llegada, toda Marbella se frotaba las manos. A finales de los años noventa, una señora de la limpieza podía ganar 3.000 euros mensuales y un chófer, 3.600 euros. Por eso, las colas infinitas se sucedían noche tras noche antes a las puertas de su palacio Mar-Mar, una réplica exacta de la Casa Blanca. Sus extravagancias eran constantes. Uno de los príncipes saudíes llegó a dejar en una pizzería del puerto una propina de 300.000 pesetas (1.800 euros); en la discoteca Olivia Valère podían gastarse en bebidas entre tres o cuatro alrededor de 160.000 pesetas (960 euros) y dejar propinas de 16.000 pesetas (100 euros).

La muerte del rey Fahd en 2005 influyó en el decrecimiento de la economía marbellí, pero con el auge de las monarquías del golfo pérsico, la Costa del Sol vuelve a recuperar su prestigio. Por ejemplo, hace cuatro años, un cliente saudí llegó a comprar relojes por valor de 360.000 euros en la joyería Gómez y Molina.

Puerto Banús fue un trampolín no solo para muchos famosos, sino también para los currantes. Por ejemplo, el maître de Jockey se hizo tan popular que al llegar a Madrid lo fichó Casa Real y a día de hoy sigue encargándose de los banquetes borbónicos. Con motivo de las bodas de oro del puerto, hace unos días, la modelo Lady Kitty Spencer (29), sobrina de Lady Di, fue la embajadora y protagonista de la campaña Have a great day que a partir de finales de marzo promocionará este lugar como un destino de lujo de referencia internacional.

La modelo Lady Kitty Spencer, sobrina de Lady Di, en Puerto Banús. Gtres

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