Está más delgado que nunca, pero José Sacristán (81 años) está fuerte como un Miura. Y no es para menos, porque enfrentarse a una representación teatral del calado de Señora de rojo sobre fondo gris tiene su qué. Miguel Delibes escribió la novela para desahogarse del dolor profundo que le produjo la muerte de su mujer tan joven, y Sacristán se quedó tan prendado de la historia que no paró hasta que convenció al autor vallisoletano para llevarla a las tablas.

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En este monólogo, Sacristán se deja la piel. Y, tras acabar las representaciones pendientes, empezará a plantearse una especie de jubilación. No tiene nostalgia del pasado, disfruta de su casa de Chinchón con una gran pantalla de cine con sus amigos de siempre y está terriblemente enamorado de su mujer, Amparo Pascual: "Es el amor de mi vida. Tengo una relación maravillosa con ella". 

José Sacristán posa para los medios en Barcelona. Luis Fernando Romo.

Bienvenido al teatro Romea de Barcelona.

Para mí es una satisfacción pisar por primera vez este templo. Es una forma de redondear y culminar de saber que estás. 

A pesar de tener una gran amistad con Miguel Delibes, el autor le impidió adaptar la novela a teatro. 

Tenía una muy buena relación con Miguel, le mostré el interés y se negó. Me dijo que no lo iba a consentir porque la novela era un vómito que había largado desde el dolor inmenso tras la muerte de su esposa. Al final nos dio permiso para la adaptación, pero pasaron bastantes años hasta que conseguimos el tono. Para mí es un regalo, una suerte y un privilegio hacer esta función. Siento el deber cumplido de haber hecho un homenaje a Delibes. Después de más de 60 años como actor, mi idea es volver a Buenos Aires y luego no sé si tendré fuerza o valor para meterme en el pellejo de otro personaje.

¿Tan exhausto le deja?

No. Al contrario. No es el cansancio. Esto carga las pilas. Salgo fortalecido. Hoy en día esto de hacer teatro es cosa de señoritos porque haces una función al día y lo vivo como un triunfo. Recuerdo a mi admiradísimo y queridísimo José María Rodero cuando yo era un pardillo que se incorporó en el Lope de Vega en el 1963. Rodero estaba en la cresta de la ola y estaba todo el día encabronado porque se hacía catorce Calígulas a la semana, los siete días de la semana. El oficio de actor para este hombre suponía un cabreo, un fastidio y una frustración acojonante. Y actualmente, hago la función y me voy a casa. Ya van pasando los años y voy a tratar de negociar conmigo mismo para dedicarme más tiempo a mí y menos a mis personajes.

 Es uno de los actores más importantes del siglo pasado y de éste…

Como decía Fernando Fernán Gómez, vamos durando (risas).

¿Se ve como una leyenda de las artes?

Antes monja que verme leyenda (carcajadas). Todo ha sido cuestión de suerte y de privilegio porque, después de más de sesenta años, me he permitido el lujo de poder escoger. El crío de Chinchón, que es el que habla en estos momentos, ha conseguido lo que no era nada fácil. Recuerdo cuando de pequeño me ponía las plumas de las gallinas y le hacía creer a mi abuela que era un comanche. Este crío es el soporte moral de lo que a mí me mueve para seguir en este oficio que tiene mucho de juego. El juego de hacer creer al otro que soy el que no soy y algo le va a pasar.  

¿Le queda algún personaje por interpretar? 

Sí, pero no tengo fijación por ningún personaje ni histórico ni de la literatura dramática. A esta obra aún le queda recorrido y tengo serias dudas de que me vaya a meter en otro berenjenal. 

¿Qué es lo más bonito que le está pasando últimamente?

Chicos muy jóvenes se me acercan con mucho cariño y me dicen que sus padres les ponen mis películas. Eso es un gran orgullo. Es el mejor regalo para un actor. 

José Sacristán en la presentación de su nuevo proyecto. Luis Fernando Romo

Su método de trabajo es bastante divertido, ¿nos lo cuenta?

Es mitad Stanislavski y mitad la Niña de los Peines (risas). 

De lo que no cabe duda es que usted es uno de los actores más completos del último siglo.

En el fondo soy una tonadillera frustrada. A mí me hubiera gustado ser Juanita Reina y me he quedado en esto. Ahí lo tengo todo clavado. 

Desde hace unos días el patio anda algo revolucionado tras el nombramiento de Lluís Homar como director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico porque el actor ha afirmado que nunca ha representado un clásico del Siglo de Oro español. ¿Qué opinión le merece esta situación? 

Admiro a Lluís como actor, como gestor del Teatre Lliure, y soy de los que aplaude sin más este nombramiento. Pero sin ningún género de dudas. Le conozco y me consta que en todo aquello en lo que no sea un experto se va a aplicar y a resolverlo porque es un hombre de una integridad, un compromiso y de un talante profesional que respeto y admiro. 

¿Le sorprende la situación política actual con el retorno de la ultraderecha?

No me divierte nada. Está claro que Franco estuvo ahí porque ganó una guerra, pero estos están aquí porque los votan. Es algo que me parece aterrador. Ya a estas alturas uno tiene el culo chamuscado después de varias sillas eléctricas, pero este tema asusta un poco. Supongo que habrá la conciencia suficiente para neutralizar todo. 

La izquierda anda un poco de aquella manera.

Lo que más me duele ahora de la nueva izquierda es su despiste, su descoloque, su desacuerdo, hay una falta de coherencia y de rigor. 

¿Cómo vive el tema del Procés?

Tengo muchos amigos independentistas y no independentistas y cuando hablo con ellos, me digo: "mejor no me meto en esto". Las cosas que les oigo decir no se las he oído a uno de Zamora y otro de Logroño. La falta de acuerdo y de respeto de uno hacia al otro hace que me desentienda. Es algo temario. Yo tengo una posición, pero no acabo de entender esta diferencia de actitud frente a una cuestión como lo que pueda resolverse a favor de la proclamación o no de una república. 

¿Tiene redes sociales?

No. Y tampoco móvil. Cuando le oigo a mi mujer hablar de algunos términos me parece pura pornografía. No soy idiota, reconozco las ventajas, pero ella es la que maneja el móvil y yo vivo perfectamente. La impunidad de la gente que larga y larga en internet... no tengo el menor interés en conocerlo. 

Un tuit de la Unión de Actores se hacía eco de unas declaraciones de Aitana Sánchez-Gijón que decía que al cumplir 35 años se había vuelto invisible y que en los últimos quince años sólo había rodado tres películas. ¿Cuándo se conseguirá la igualdad en los sexos?

Yo tengo serias dudas porque no creo que llegue a producirse. Creo que en este negocio si hay un productor que paga más a Manolo que a María no le da más dinero a él por ser varón, sino porque se supone que vende más. Y curiosamente, Manolo vende más porque tiene un público femenino que le sigue. No creo que esa discriminación en el mundo de espectáculo se produzca sin más por una cuestión de género. Es una ley de oferta y demanda injusta, arbitraria, como lo ha sido toda la puñetera vida. Ha habido intérpretes maravillosos que no se han comido una rosca y otros mediocres que han vendido el culo y las tetas y la gente lo ha comprado. Tengo serias dudas de que esto llegue a igualarse. Ojalá muchos intérpretes puedan ganar lo que Penélope Cruz. Además, en el mundo del espectáculo en España nadie ha ganado lo que ganaba Sara Montiel, o en el teatro doña María Guerrero o doña Margarita Xirgu. Sin embargo, todo lo que se haga por reivindicar la igualdad es poco. 

A pesar de desentenderse de las nuevas tecnologías ha apostado por rodar una serie de televisión con Netflix, ¿a qué se debe?

Me interesó porque me lo ofreció la productora Bambú, con la que ya había trabajado en Velvet y Tiempos de guerra. Son muy serios y actualmente estamos rodando la segunda temporada de Alta mar. 

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