Isabel Preysler (67 años) tiene ya una 'hermana gemela' en Madrid. En el Museo de Cera de la capital ya reposa junto a Mario Vargas Llosa (82) la figura de la reina de corazones en la zona de Artes y Ciencias.

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Hace un año, en octubre de 2017, un par de trabajadores del genuino museo acudieron al domicilio de Preysler para tomarle medidas y hacerle fotografías y vídeo para conocer sus facciones y ponerse en marcha con la escultura. Y desde este jueves a las 20 horas se puede visitar en el local de la madrileña calle de Recoletos.

JALEOS ha hablado con una fuente interna del Museo de Cera que ha confirma la buena disposición que tuvo Isabel y la donación que ha hecho a la causa: "El vestuario, en esta ocasión, como en la mayoría de los casos de personajes contemporáneos siempre es donado por el propio protagonista. Isabel ha donado un vestido de cóctel, el bolso y los zapatos que luce ya su réplica".

Isabel Preysler con dos opciones de vestido de cóctel azul.

"Lo único que te puedo decir del vestido es que es corto, tipo cóctel, que ya lo ha lucido, que tiene una historia y que es azul de fondo", puntualizan a este medio. Por otro lado, "lo que no ha donado ella son los pendientes, que son unas perlas que ha puesto el propio Museo". Pero no es que haya sido una negativa de Preysler, sino algo habitual: "Por una cuestión de que no durarían en el museo ni dos horas. Por eso directamente no pedimos nada de joyería a los personajes porque no merece la pena. Eso pasa también con las joyas de la reina, que obviamente son bisutería siempre".

No son muchas las veces que Isabel ha vestido de azul y menos de corto. Por eso las dos opciones que podrían ser las seleccionadas son: el diseño ceñido de escote corazón en azul cielo que lució para la boda de Manuel Colonques y Cristina Babiloni en 2010; o el que vistió en Nueva York el año pasado, precisamente junto a Vargas Llosa y su hija Tamara Falcó (36) para la entrega de premios The J. Paul Getty Medal.

El proceso: creando a Isabel Preysler

El primer proceso es siempre tomarle las medidas, se le hace una sesión vídeo-fotográfica y después el escultor lo trabaja en arcilla. Delante de ese material fotográfico y con las medidas a su alcance va modelando sobre una masa de barro el rostro incluido el pelo. Entonces cuando ya esa escultura tiene la forma del representado, se desmolda y se le quita la parte del pelo. Y luego ese barro en dos procesos: silicona hirviendo, que dejas que se enfríe durante 48 horas, para después sobre ésta se echa escayola líquida hirviendo también, y se espera unas 20 horas.

El siguiente paso es abrirlo por la mitad, de oreja a oreja. Y tras esto se quita la parte de delante, la capa de escayola y después la de silicona. Y se hace el mismo proceso con la zona de atrás. Así se vacía el interior de barro. Después se usa esa misma silicona y escayola para juntar ambas partes y el hueco donde antes estaba el barro se llena con una gelatina especial. Este material va ligado a las características del personaje, como su color de piel.

Esa gelatina es un tipo de cera resistente que se echa caliente. Se deja enfriar y se retira toda la silicona y escayola, y solo queda ya la figura de cera. El último proceso es ya colocar los ojos por el hueco del cuello, se maquillan las facciones y lo que lleva más tiempo es insertar el pelo uno a uno con aguja en la base del cráneo, lleva como mes y medio terminar esta parte. El pelo es natural y se selecciona del mismo color que la melena del representado. Finalmente se pintan los labios, las uñas o las pestañas.

[Más información: Pillamos a Isabel Preysler bailando con un hombre (y no es Mario Vargas Llosa)]