Alicia Padierna de Villapadierna y Klein sigue siendo la mejor embajadora de la aristocracia marbellí en el recuerdo. Así lo evidenciaron todos los que la quieren, en el aniversario del sexto mes de su fallecimiento, en el que su esposo Ricardo Arranz -ahora el viudo millonario más cotizado de la Costa del Sol-, colocó como prueba de su eterno amor la primera piedra del sueño de su mujer, en el terreno que será el primer resort de cinco estrellas gran lujo con 200 habitaciones y supondrá una inversión de 650 millones de euros.

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Este proyecto, según cuenta el empresario Arranz a EL ESPAÑOL, "fue su obra y su trabajo día a día y codo con codo conmigo. Hoy, que hace seis meses que Alicia se nos fue, he querido que algo de ella siga aquí". Y ese algo se tradujo en una preciosa caja de madera en la que se encontraba una foto de la condesa, una virgen de Guadalupe y unas monedas. "Esa caja la guardaba hace tiempo para este momento, es la última fotografía que le hicimos a Alicia. La virgen de Guadalupe es la imagen a la que ella ha rezado toda la vida. Y las monedas ahí están como signo de prosperidad. Mi esposa sigue muy presente en nuestras vidas. Ahora Four Season será también un poco de ella. No hay un solo minuto desde que se fue que no haya dejado de recordarla". 

Ricardo, el viudo, junto a Susana Díaz. EL ESPAÑOL

Cuando se enterró el capitel jónico, como seña de identidad de lo que será el complejo hotelero, nadie fue ajeno al detalle que el empresario quiso tener con su esposa fallecida, y hasta la mismísima Susana Díaz (43 años), que utilizó la pala para enterrar la primera piedra, expresó a este periódico que "he tenido la caja en mis manos y casi se me saltan las lágrimas. Estoy emocionada, ojalá que cuando yo no esté aquí, alguien se acuerde y tenga un detalle como el que Ricardo ha tenido con su esposa. Estas historias de amor enternecen". 

Los herederos del Clan Padierna

Ricardo Arranz, que últimamente no se ha prodigado en ningún evento social de la ciudad, estuvo acompañado en todo momento de sus tres hijos. El mayor de ellos, Alejandro, que estudia aún, ya empieza a llevar alguno de los negocios de su padre. El primogénito de los Arranz ha recogido ahora el testigo de su madre y se encarga, entre otras cosas, de que los beneficios de la boutique del Villapadierna -que están dirigidos a los estudios y manutención de tres niñas que su madre amadrinó en Nepal- sigan siendo la prioridad de este proyecto. Sus hermanos, Alejandro y Nico, estaban felices y departieron como auténticos anfitriones con todos los invitados de su familia en el evento.

Los hijos del empresario son muy amigos del sobrino del rey Felipe VI (50), Froilán (20), que ha estado en todo momento, en estos tiempos de dolor tras la muerte de su madre, arropando a sus amigos. La eterna sonrisa de la condesa Alicia Villapadierna ahora ha quedado prendida en la comisura de los labios de sus hijos que se parecen ferozmente a ella. Su calidez y forma de ver la vida tocó siempre a todos la que la rodeaban. Incluso a la mismísima Michelle Obama (54) que llegó a decir que era la mejor embajadora de España cuando pasó por Marbella. La dura enfermedad que padeció Alicia nunca le cambió esa sonrisa.

La caja con las pertenencias y la foto de la condesa. EL ESPAÑOL

"Luchó hasta el final como una campeona", comentaba su esposo. Los tratamientos que seguía en la Clínica Mayo de Nueva York, donde acudía regularmente, fueron seguidos después con el mismo protocolo en el HC Hospital de Marbella, centro donde estuvo ingresada las últimas semanas. Pero, al final, el cáncer ganó la batalla y Alicia se marchó, como en ese cuento de Lewis Carroll que tanto le gustaba de niña. Hasta el último verano la veíamos en su hotel, en plena contienda con su enfermedad, al lado de la actriz Gwyneth Paltrow (46), sin dejar de bromear y con un mensaje de positividad. A Alicia siempre le fascinó la naturaleza. Nunca fue una condesa al uso de tacón de aguja; a ella le gustaba caminar descalza sobre la hierba para sentir su esencia.

Desde que su esposo rehabilitó el monasterio de El Cuervo, un edificio antiguo difuminado en medio del Parque Natural de Los Alcornocales en Cádiz, ella pasaba mucho tiempo en este lugar que le daba la paz. Su impronta espiritual la llevó a este santuario que en su día perteneció a la orden de los carmelitas descalzos.

La noche en que Ricardo conoció Alicia

Alicia y su hermano José Felipe son los últimos eslabones del condado de Villapadierna, un título nobiliario español creado por el rey Alfonso XII. Alicia Klein, su madre, fue una de las aristócratas sobre la que más tinta se vertió en los alocados años 60. Bella, divertida, deportista, indispensable en cualquier portada de papel cuché, la Klein conquistó al dandi y afamado conde de Villapadierna y lo llevó al altar de los Jerónimos tras sus sonados romances con actrices en los 50. Al poco tiempo nació Alicia Raimunda y después José Felipe, sucesor al título y a la historia del caballero armado por Fernando el Católico en la batalla de Perpignan.

Con el tiempo, la historia se repitió y Alicia consiguió que abandonase su soltería uno de los hombres más atractivos de la Costa del Sol: Ricardo Arranz. Este colgó los hábitos de soltero de oro después de los cuarenta para convertirse en el padre de sus cuatro hijos. Tal como nos cuenta el propio Arranz, desde la noche que la vio en La Fonda, el célebre restaurante que Horcher tenía en Marbella, ya jamás pudo apartar los ojos de ella. La pareja se casó el 11 de julio de 1992 en la iglesia de San Pedro de
Alcántara. Era la época de Jesús Gil, un periodo en los que los que caballos no podían faltar en ningún acto de postín. Muchos aún recuerdan ese Rolls Royce que llevaba a la pareja escoltada con la guardia de gala atravesando las calles de la ciudad.

Ambos se involucraron en el proyecto empresarial del hotel Villa Padierna. Su esposo aún recuerda el día que le dijo a Alicia que sobre ese "pedregal" iba a "construir un resort exclusivo con tres campos de golf". Ella, tal y como la recuerda su esposo, siempre fue la mejor visionaria, y ahora en Four Season, un resort en el que en algunos países puede costar una noche 10.000, ya tiene la impronta de la embajadora que sabia como sonreír a Marbella.

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