Durante más de dos décadas Eugenio se convirtió en un referente del humor de nuestro país. No obstante, un documental reciente desvela que tras esas grandes gafas de sol, esa abundante barba y el cigarrillo siempre a cuestas se escondía una vida repleta de dificultades: mujeriego, adicto a la cocaína y sumido en una depresión.

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Al parecer, Eugenio experimentó en toda su plenitud los beneficios y los prejuicios de la fama de los años ochenta: la noche barcelonesa, la cocaína, el derroche, las mujeres... Pero cuando se dio cuenta era demasiado tarde: "He sido un mal padre, lo he hecho fatal. He ganado mucho dinero y lo he perdido. Todo lo he gestionado mal", se disculpaba el cómico ante su hijastro. 

Eugenio en una imagen de archivo.

Su familia desvela en este documental de la plataforma Filmin los lados oscuros de un hombre que con su "Saben 'aquél' que diu?" conseguía despertar las carcajadas entre el público, pero no logró cambiar su destino: "Alguien que hizo reír a tanta gente murió de pena", afirman sus hijos en el documental. 

Mucho antes de que ese hombre de camisa negra, pelo en pecho y cadena de oro se colase en muchos de los hogares españoles, había un niño que se crió en un ambiente autoritario y machista. Eugenio nació en una familia humilde de Barcelona, en plena posguerra española. 

Tras volver de la mili, a los 17 años conoció a Conchita, la mujer que le cambió la vida. Se trataba de una andaluza de gran belleza y carisma con la que Eugenio se casó en 1967. Juntos formaron el dúo Els Dols, grabaron varios singles con Belter e incluso lograron llegar a las semifinales de Eurovisión el mismo año que Julio Iglesias (74). 

El principal escenario del dúo era los pubs barcelonés de la Transición, en los que se convierten en todo un éxito a pesar de su corto repertorio. Ya entonces se adivinaba el futuro del catalán, pues entre tema y tema el guitarrista ponía un semblante serio, hablaba al público y conseguía arrancarle una gran carcajada. Así, hasta que un día Conchita tuvo que marcharse a su pueblo natal a cuidar de su madre, y el propietario del club le sugiere a Eugenio que cuente chistes. Una decisión que le supuso un antes y un después en su vida. 

Todo un éxito como humorista

Poco tiempo después el peculiar sentido del humor ya era todo un éxito en la ciudad condal. Conchita y Eugenio, que ya tenían dos hijos en común, se decidieron a comprar el pub Sausalito y las colas cada noche daban la vuelta a la manzana. 

Ya entonces Eugenio perfeccionó la coletilla que se convertiría en su seña de identidad: "¿Saben aquél que dice?". Los casetes que graba por su propios medios se agotan en gasolineras y mercadillos. 

Pero el éxito quedó ensombrecido por una triste noticia en 1980: Conchita fallece a causa de un tumor en el pecho, justo a la misma hora que el pequeño hace la Primera Comunión. La mujer de su vida se marcha poco antes de que Eugenio se convierta en todo un éxito a nivel nacional. El catalán con solo 38 años ya actúa en Televisión Española, en el Florida Park (Madrid), en Un, dos tres y vende un millón de cintas. ¿Resultado? Unas cifras astronómicas por cada gala y una fama que empezó a conocer los lados más oscuros de los años ochenta. 

Eugenio en la televisión.

Intentó rehacer su vida sentimental. Al principio con su segunda mujer, también de nombre Conchita, y después con una tercera que le acercó más a las revistas del corazón que a una plena felicidad. 

Paralelo a estos fracasos amorosos, la vida de Eugenio se torcía más y más. Mientras hacía reír a cientos de personas con sus actuaciones, su existencia se volvía cada vez más triste: adicción a la cocaína, infartos, cáncer de vejiga, depresiones... 

En los años 90 intenta volver a los escenarios para pagar las deudas acumuladas. Pero los excesos le pasan factura, y Eugenio no logra conseguir los resultados esperados. En 2001 el cómico que había creado su propio estilo de humor y se había convertido en todo un referente fallece a los 59 años en la pista de baile del restaurante Olvier y Hardy.