Cuando en la mañana de este martes 17 de abril JALEOS traspasa, en exclusiva, el umbral de la casa de La Moraleja en la que, hasta ese momento, vivía la hija del marqués de Larios, Sandra Fernández de Villavicencio (30 años), y su nieto Kenzo, en el ambiente se respiraba tensión y nervios mal disimulados. Abre la verja Eva Frommer -la exmujer del marqués, José Carlos Fernández de Villavicencio y Eleta, y apoyo de su hija- con una sonrisa forzada. Una vez en el salón, completamente desangelado y lleno de 'gamberras' pintadas del niño de la casa, el silencio y el eco -ni un solo mueble adorna la estancia- reinaban hasta que por una puerta aparece la algarabía típica de un niño de 6 años, Kenzo (6). 

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De la mano de su madre, con el pelo rubio alborotado, vestido de chándal -con manchas de pintura- y con unas deportivas, el menor se acerca a nosotros discretamente. Muy educado aunque tímido, saluda a este medio y se pone rápidamente a jugar con unos lápices que guardaba en una caja de zapatos mientras su madre responde a nuestras preguntas. "Mira cómo me tiene la casa y las paredes. Le he dicho que solo pinte uno de los salones, para que este en el que estamos esté un poco en condiciones. Es su única manera de relajarse y evadirse. Lo ha pasado muy mal porque, aunque tiene seis años, se da cuenta de todo", aclaró su madre.

Sin embargo, ningún caso le hace Kenzo a su madre y no duda en comenzar a dibujar en la pared una casa. Mientras que se hacían las diez de la mañana, Kenzo sabía que allí iba a ocurrir algo, pero lo veía desde la óptica de un niño. No paraba quieto; sacaba punta a sus lápices, dibujaba la pared, hacía ingenuas preguntas a este medio sobre cómo funcionaba la cámara, convertía a los perros en sus amigos. "Estos son los perros peligrosos que decían la semana pasada", apostilló Sandra entre risas: "Lo único que hacen es ponerse nerviosos cuando desconocen". 

Desde un primer momento, se notaba el fuerte vínculo entre el pequeño y los perros. De hecho, su mayor preocupación "de que entraran los polis a casa" era qué iba a pasarle a los perros. "Cuando entren, los perros les van a morder el culo, que se preparen", amenazaba divertido. Por su manera de hablar de "los polis" se notaba que su madre le había hablado de lo que estaba pasando. "Cuando hablamos del tema siempre me dice que cómo es posible que su abuelo nos haga esto", aseguraba Sandra.

Sandra y Kenzo, la hija y el nieto del marqués de Larios. Carmen Suárez/EL ESPAÑOL

"El marqués no sabe lo que es la familia"

Mientras que el menor se entretenía, este medio aprovecha para conocer, en exclusiva, la versión de Eva Frommer, la abuela de Kenzo, cuyo testimonio hasta el momento se desconocía. Entre la impotencia y las lágrimas, hay varios momentos en que se oculta tras las gafas de sol: "El marquesito es un hombre frío, sin sentimientos, no sabe lo que es una familia. Solo conoció lo que es una cuando entró en mi casa. Era uno más y no ha agradecido nunca todo lo que mi padre ha hecho por él. Qué se puede esperar de alguien que actúa así. Yo me cansé de intentar que se preocupara de su hija y nieto. Le mandé muchos mensajes diciéndole todo lo que se estaba perdiendo, pero nunca me los contestó". Ella ha sufrido mucho y ahora solo intenta que las cosas no le afecten tanto porque tiene problemas cardíacos: "Mira qué niño más lindo y educado se está perdiendo. Esto es lo más importante. Yo antes no creía en el karma, pero con los años sí". 

Minutos antes de las diez de la mañana -la hora decretada para el lanzamiento- Eva se va de casa por unos minutos- aunque luego no la dejaron entrar los agentes- y este medio se aposta en la ventana desde donde se ve la verja. Queda nada y los perros se ponen nerviosos. "Mami, los perros", casi grita Kenzo, dejando ya de lado la pintura. "No te preocupes, hijo, que ya he hablado con los de la perrera, no les pasará nada", lo tranquiliza su madre mientras le pide que se aleje de la ventana. En ese momento, la alegría desaparece del menor. "Mamá, ¿qué van a hacer?", era su pregunta. Se lo veía nervioso, sabía que algo grave estaba pasando y se pega a su madre como una lapa. El murmullo de los agentes y los ladridos de los perros camuflaban sus gemidos: "Mamá, cuando entren, ¿qué van a hacernos? ¿Se quedarán con los perros y la casa?"

Madre e hijo en el interior del chalet de La Moraleja. Carmen Suárez/EL ESPAÑOL

"Iros, iros, iros", suplicaba Kenzo

Antes de que el cerrajero -el mismo de la semana anterior- taladre la puerta, los agentes intentar entablar conversación con Sandra desde la ventana de uno de los salones. "Para hacerlo más fácil, danos al niño para que no viva esto", argumentaba la autoridad mientras la hija del marqués rebatía a gritos y el pequeño se colgaba de sus 'faldas'. Justo cuando "los polis" abren la puerta principal, el niño se rompe en un llanto desconsolado mientras su madre trata de calmarlo dándose abrazos y besos. "Iros", les suplicaba a los agentes.

Mientras Sandra, entre lágrimas, intentaba defenderse, Kenzo repetía sin descanso: "Iros, iros, iros". Desde ese momento, los agentes adoptan una actitud empática y optan por hacerse con la 'amistad' del pequeño gastándole bromas. "Tranquilo que a los perros no les va a pasar nada. ¿Sabes? Yo tengo uno como este en casa", ha intentado mediar un policía nacional. Él, sin soltarse de su madre en ningún momento, y entre gemidos, miraba en derredor con desconfianza y los ojos rojos de tanto llorar. "¿Por qué nos queréis echar de esta casa si sois polis buenos?", llegó a preguntar el pequeño, que veía cómo su casa se llenaba de hombres en uniforme. Tras esa dura pregunta de un niño de 6 años que no entiende de desahucios, este medio abandona la vivienda por orden expresa de los agentes. 

En la calle, acordonada y plagada de agentes de la policía y de medios de comunicación, se encuentra Eva Frommer, quien, indignada, relata a este medio el momento en que no la dejaron pasar: "Antes de la diez tenía derecho a entrar en esa casa, la cual he mantenido yo durante 25 años, pagando todo lo que el marqués no hizo". No podemos seguir charlando porque la reclaman para que entre en el domicilio y recoja a Kenzo. En ese momento comienzan a salir del domicilio agentes con los perros, las gallinas, la tortuga y los conejos.

Minutos más tarde, Eva abandona la casa con el pequeño Kenzo en brazos mientras Sandra atiende a la prensa: "Mi padre es un cabrón, voy a demostrar todo lo que me ha hecho durante 25 años. Me he hecho maltrato psicológico y me ha abandonado, me ha ignorado. Tiene mucha corrupción, esconde su patrimonio en empresas en el extranjero y tengo pruebas". Cuando parecía que Sandra se despedía de los medios -tal como se recoge en el vídeo adjunto a este texto- un marmolista la increpa pidiéndose el dinero que le debe, según él. Ella lo niega, pero el joven mantiene la existencia del deudo de 2.000 euros: "A mí me da igual su situación personal, lo que no entiende es por qué pide trabajos si no puede pagarlos. Le debe dinero a mucha gente". Sin duda, los problemas se le han acumulado este martes a Sandra Fernández de Villavicencio. 

[Más información: El desahucio de la hija y el nieto del marqués de Larios desde dentro de la casa, minuto a minuto]