10:00 horas. Nadie quería perdérselo. En el número cinco de la madrileña Cuesta de Santo Domingo una multitud de periodistas se agolpa con una única misión: conseguir las primeras declaraciones de Paula Echevarría (39 años) tras publicarse la noticia de su separación de David Bustamante (35).

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A las 11:00. Se abren las puertas. Los comunicadores caminan ligeros para coger el mejor sitio en la sala habilitada para la cita. Esas cuatro paredes estaban presididas por un gigantesco bote de perfume, el que debía ser el gran protagonista del evento pero por el que nadie se preocupó en preguntar. Y es que, con su perfume o sin él, Paula ya se olía lo que iba a pasar esa mañana, aunque nunca pensó que fuera a ser tan intenso.

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"Esto parece la ceremonia de los Goya", se oía decir entre los corrillos de los periodistas haciendo referencia a la gran acogida del evento por parte de los medios. Más de una decena de programas de televisión, multitud de agencias y un pelotón de redactores esperaban recoger una respuesta clara de la actriz, y todos se quedaron con las ganas. 

Veintidós minutos más tarde de lo que expresaba la citación de prensa, apareció Paula vestida de blanco y dorado, a juego con la imagen de su fragancia. Entró con los labios apretados y mirando de lado a lado a todos los flashes y micrófonos que estaban listos para apuntarle. Solo al llegar al centro de la sala y ver 'lo que se le avecinaba' decidió sonreír y mostrar su mejor cara.

Lanzó besos en todas las direcciones y tras casi diez minutos repitiendo poses para los diversos medios gráficos, se retiró a un lado para coger aire de cara a lo que le tocaba a continuación: responder. La cámaras de vídeo y tras ellas todos los demás periodistas se reunían alrededor de Paula, como si ella fuera Saturno, en el centro, y los medios, su anillo.

Nadie quiso disimular y por eso la primera pregunta fue clara: "¿Qué está pasando con vuestra historia?", dijo un reportero. "No pasa nada, pasan cosas en casa, pero en eso no vamos a entrar". Ya viendo esa primera respuesta con la que pretendía decir algo pero no aclaraba nada y tras certificando después que esa iba a ser su ruta a seguir en el resto de sus declaraciones, las ganas de preguntar sin parar por parte de los medios se hizo infinita y esa incontrolable situación era algo que se podía apreciar en el rostro de Paula: "No es que esté más nerviosa de lo normal, pero si os pusierais en mi posición y vierais lo que ahora mismo veo yo (refiriéndose a las decenas de medios que le apuntaban) entenderíais que esté algo tensa".

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No quiso desmentir ni confirmar las informaciones sobre su separación, porque "yo no he sido la que ha sacado la noticia así que no tengo por qué dar un sí o un no". Se limitó a decir que "se encuentra muy bien" y que "quiere muchísimo a David", algo que, aseguraba, es recíproco.

"Si me divorciara, no necesitaríais ni que lo dijera, se vería claramente", explicaba la actriz ante los medios. Unas palabras que quizá no serían las más acertadas, ya que si las tomásemos al pie de la letra, su presencia en el acto podría ser la definición perfecta de ello. Y es que, nada más terminar de responder a las televisiones, Paula se retiró a una esquina donde estaban su asistente y su maquillador y con el rostro a punto del llanto pidió "que le retocaran el maquillaje". Lo que muchos pudieron comprobar después es que detrás de esa frase se escondían unas fuertes ganas de llorar que finalmente se produjeron.

Paula Echevarría durante el acto, poniendo una sonrisa que probablemente no llevara por dentro Gtres

Con los ojos aún vidriosos volvió a la zona del photocall para atender a la última ronda de preguntas, esta vez sin ningún tipo de cámara presente, únicamente cara a cara con los redactores y sus grabadoras. Paula se mostró más tranquila, al mismo tiempo que ya no ocultó en momentos su incomodidad y optó por dar la callada por respuesta o por utilizar un "chicos..." para dar a entender que las preguntas que se le formularan no siguieran por ese camino.

El acto fue realmente duro para la actriz, lo decían sus gestos, sus silencios y su sonrisa a ratos demasiado forzada, pero ella misma también lo dijo: "No me encontraba con tanta presión mediática desde mi embarazo", expresó. A las doce y diez del mediodía, Paula se despidió de la decena de periodistas que quedaban en la sala y se dirigió hacia la puerta con un gesto de alivio y de tranquilidad tras cuarenta minutos de tensión acumulada. Aún sin nada claro, pero con un sabor amargo, solo queda esperar y que se lleve a cabo eso que según la propia Paula Echevarría es una frase que repetimos constantemente los medios: "El tiempo dirá".