Esta es la historia de un diamante de ensueño. Una gema única, nunca antes vista -o al menos en la esfera pública- y que rompió todos los récords por su belleza, su pureza y, cómo no, por su precio. El diamante es el mineral más duro que existe: puede rayar a todos, pero ninguno puede rayarlo a él. Indestructible.

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El diamante Pink Star -el nombre vino después- fue extraído en 1999 en África por De Beers, empresa dedicada principalmente a la explotación, talla y el comercio de diamantes. Lo que se obtuvo en aquel momento fue un precioso diamante con un volumen en bruto de 132,50 quilates y sobre el que se tardó dos años de trabajo hasta transformarlo en la piedra preciosa rosa que es hoy.

Un diamante rosa intenso, que finalmente quedó en 59,60 quilates y un tamaño de 2,69 por 2,06 centímetros, con forma ovalada y libre de impurezas, es decir, perfecto. O lo que en anglosajones llamarían en el argot de la alta joyería -y algunos otros- flawless.

El Pink Star ha recibido la mayor calificación en color y calidad por el Instituto Gemológico de América (Gemological Institute of America - GIA) y se halla en el subgrupo del 2 por ciento de diamantes del tipo Ila, los más puros y de transparencia óptica excelente. A pesar de que el Pink Star fue encontrado en el sur de África, los diamantes rosas tienen su origen en India y fueron descubiertos hace siglos. 

El 4 de abril de 2017, este diamante rosa fue vendido en una subasta en la prestigiosa casa de subastas Sotheby's de Hong Kong. No fue una venta fácil, aunque sí muy rápida. Al teléfono, en tres lugares completamente indeterminados del mundo -el anonimato es clave en este tipo de operaciones-, tres personas pugnaban y pujaban por esta gema hasta la elevada cifra de los 72 millones de dólares (60,5 millones de euros). Se trata del precio más alto pagado por un diamante en subasta. Se vendió en menos de diez minutos.

Tras la palabra "adjudicado" y el metafórico golpe de maza en Sotheby's, respiraba tranquilo y victorioso al otro lado de la línea el equipo de la joyería hongkonesa Chow Tai Fook. El orgulloso propietario, representado por el director de la empresa, Henry Cheng Kar-Shun (74 años), bautizó la gema como la CTF Pink, representando así las iniciales de la compañía.

Chow Tai Fook no es una empresa nueva en este tipo de adquisiciones, pues hasta esa fecha ya había adquirido otras gemas excepcionales, como la Aurora Green, un diamante verde de 5,03 quilates o el Cullinan Heritage, un extraordinario diamante crudo de 507 quilates por el cual se pagó la cifra de 35,3 millones de dólares (29,6 millones de euros).

Por muy escandalosa que parezca la cantidad de dinero por la que se compró el Pink Star, no está de más recordar que este diamante, ya pulido y en un extremo estado de perfección fue ofrecido a Sotheby's Ginebra por la cantidad de 83 millones (69,5 millones de euros) en 2013. Si bien a priori el tallador de diamantes de Nueva York Isaac Wolf, representando a un grupo de inversores aceptó comprarlo, finalmente, no consiguió pagarla.

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