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Si quieres con tu familia reñir, echa algo a repartir. Este es tan sólo uno de los muchos refranes o dichos populares que existen en torno a las guerras familiares que se desatan por cuestiones económicas. Si encima hablamos de una herencia como la de Dolly Parton, la trifulca alcanza picos épicos.

Fue el pasado 25 de agosto cuando pereció la legendaria estrella de la música country, a los 80 años, en la localidad de Nashville, donde residía. La causa de su fallecimiento se hizo pública a las pocas horas: padecía cáncer. Cuentan las crónicas que tras la enfermedad Dolly se aisló.

Poquísimas fueron las personas que estaban al tanto de su realidad médica. En las últimas horas, en la línea de la salud, se ha conocido que la intérprete de Jolene viajó en secreto a Alemania para someterse a un tratamiento contra su dolencia. Pese a todo, nunca perdió la esperanza.

La artista, en uno de sus recitales. Gtres

La artista voló a Frankfurt en un avión privado para recibir el tratamiento, aunque TMZ indica que "no está claro en qué consistía el procedimiento médico". Al parecer, la leyenda creía que el tratamiento le ayudó a recuperar fuerzas, por lo que consideraba que había sido eficaz.

Finalmente, nada se pudo hacer. En otro orden de cosas, este artículo está centrado en la pelea que se ha originado en el entorno de la artista por hacerse con el control de su imperio. Parton murió habiendo amasado una fortuna que ascendería a 650 millones de dólares.

Ante tamaña cifra, la guerra campal no ha tardado en desatarse. Los albaceas y administradores del legado de Dolly han acudido de urgencia a los tribunales de Nashville para solicitar una orden de restricción temporal contra el sobrino de la cantante, Bryan Seaver.

Los herederos, y albaceas, de la estrella acusan a Seaver de orquestar una campaña de acoso, chantaje económico y amenazas de violencia física que han puesto en jaque la estabilidad del imperio empresarial de la estrella. Directamente, lo han puesto en peligro.

Se viven horas críticas. La demanda, presentada este pasado martes, 22 de septiembre, en el estado de Tennessee, supone el primer indicio público de fractura en el entorno de la artista tras décadas de gestión intachable.

Los documentos judiciales pintan un retrato cuanto menos inquietante de la conducta de Bryan Seaver, un familiar que hasta hace escasas semanas gozaba de la absoluta confianza de Dolly. Hoy, todo hecho añicos.

Conviene dejar claro que Seaver no era, en absoluto, un sobrino lejano ni una figura secundaria en los últimos años de la artista. Antes al contrario: la estadounidense lo tenía en alta consideración y depositó en Seaver su confianza en trances decisivos de su existencia.

Como sobrino de Dolly Parton, Seaver lideraba la empresa de protección Squadron Augmented Protection Services, la entidad contratada durante años para proporcionar los equipos de seguridad personal y la custodia de los eventos y propiedades de la cantante.

El hermano de Dolly Parton. Redes Sociales

Su nivel de cercanía con la artista era tal que fue el propio Seaver la persona elegida personalmente por Parton antes de morir para actuar como portavoz familiar y comunicar de forma oficial a los medios de comunicación su fallecimiento a causa del cáncer el mes pasado.

Sin embargo, según la documentación remitida al juez, esa posición privilegiada se transformó en una herramienta de coacción a medida que la salud de la cantante empeoraba. Una falla empezó a sembrarse en el carácter de Bryan: ya no era el mismo de antes, según se narra.

Seaver, quien según la denuncia alardeaba de haber trabajado para contratistas militares privados en el extranjero durante la guerra de Irak, habría utilizado su conocimiento de los esquemas de seguridad familiar para intimidar a los empleados y directivos del grupo.

En paralelo se encuentra Shes Alive, la entidad corporativa diseñada minuciosamente en vida por la propia cantante para gestionar, proteger y explotar sus bienes profesionales, marcas registradas y su monumental catálogo musical.

Al frente de esta estructura y como figura clave del litigio está Danny Nozell, mánager de Dolly Parton durante décadas y verdadero arquitecto del renacimiento comercial de la artista en el siglo XXI.

Nozell, un respetado ejecutivo de la industria musical, asumió la dirección de She’s Alive con el mandato expreso de velar por el legado artístico y filantrópico de Parton.

Tras detectar una conducta "intimidatoria e insostenible", la productora dirigida por Nozell tomó la decisión la semana pasada de rescindir unilateralmente el contrato de seguridad que mantenía con Seaver y su empresa, Squadron Augmented Protection Services.

Fue esa cancelación contractual la que desató la furia del sobrino. Los documentos judiciales aportados al expediente incluyen una serie de desgarradores correos electrónicos y mensajes de texto enviados por Seaver tanto en los días previos a la muerte de la estrella.

En ellos, el sobrino alardea de su reciente notoriedad pública y llega a autodenominarse en tono desafiante como un "traficante internacional de armas".

Uno de los mensajes más reveladores redactado el pasado 1 de septiembre, e incorporado como prueba de cargo en la denuncia, muestra sin tapujos la presunta intención de chantaje económico: "Voy a crear un podcast dedicado a arruinar las colaboraciones de marca de Dolly".

La artista en una imagen de archivo. Gtres

Y prosigue: "Y voy a contar las violaciones que esta gente ha cometido contra nosotros. Va a ser genial. O que me paguen, carajo", escribió Seaver según la denuncia formulada por la entidad gestora.

El nivel de agresividad de las misivas ha tenido un impacto devastador en la operativa diaria de los administradores del patrimonio.

La gravedad de las amenazas ha provocado la dimisión inmediata del abogado principal de fideicomisos y sucesiones de Parton, así como la renuncia en cadena de varios empleados clave de She’s Alive.

Para garantizar la integridad física de los trabajadores que permanecen en sus puestos, la entidad ha tenido que contratar servicios de seguridad privada externa que vigilan de forma permanente los domicilios particulares de los ejecutivos.

Ante esta situación de emergencia, la solicitud judicial presentada en Nashville busca prohibir de forma tajante que Bryan Seaver pueda ponerse en contacto con empleados, abogados, administradores o socios comerciales de la firma.

Dolly Parton, en un acto público, en 2012, en Los Ángeles. Gtres

Asimismo, exige establecer una perimetral de alejamiento que le impida acercarse a menos de 304,8 metros -1.000 pies- de cualquier persona o instalación vinculada a la empresa, impidiendo cualquier interferencia en los negocios de la marca.

Por el momento, ni Seaver ni sus representantes legales han respondido a las peticiones de comentarios formuladas por agencias internacionales como Associated Press.

La contienda legal no solo amenaza con empañar la memoria de una figura venerada, sino que pone en riesgo uno de los catálogos de propiedad intelectual más lucrativos de la historia de la música popular.

A lo largo de más de seis décadas de carrera, Dolly Parton compuso cientos de canciones convertidas en himnos universales -como Coat of Many Colors y la inmortal I Will Always Love You-.

Con un historial que supera los 100 millones de discos vendidos en todo el mundo y más de mil millones de reproducciones en plataformas digitales, el patrimonio custodiado por She’s Alive representa un activo comercial de dimensiones astronómicas.

Mientras los tribunales de Tennessee deciden sobre la petición de protección urgente contra Bryan Seaver, los albaceas designados por la estrella luchan por blindar un legado musical que su fundadora pretendía mantener al margen de las disputas familiares.