Un agosto más, Mallorca vuelve a consolidarse como el gran epicentro estival del glamour y las grandes fortunas internacionales. En estos días, las aguas baleares y las fincas más exclusivas de la isla se han convertido en el refugio de rostros tan variados como el oscarizado actor Michael Douglas (81) junto a su familia, el cantante Rod Stewart (81) o las actrices Jennifer Aniston (57) y Courteney Cox (62).
Entre todos ellos, la presencia del magnate británico Richard Branson (76) destaca de manera especial: el fundador del imperio Virgin se encuentra disfrutando de una escapada en la isla. A tenor de lo que ha compartido en sus redes sociales, está descansando y desconectando muchísimo.
Pero este no es un verano cualquiera. Es uno significativamente distinto para él. Se trata del primer estío que pasa como viudo tras el fallecimiento de su esposa, Joan Templeman, el pasado mes de noviembre de 2025.
Richard Branson, en Mallorca, en una imagen de sus redes sociales.
Joan, quien fuera la fiel compañera de vida del empresario durante más de medio siglo e inseparable pareja en sus veranos baleares, perdió la vida en noviembre de 2025. Recientemente ha salido a la luz que había fallecido a causa de un coágulo de sangre que se produjo tras una caída.
Tras perder al amor de su vida, con la que contrajo matrimonio en 1989, Branson se despidió de ella en una conmovedora carta.
"Fue la madre y abuela más maravillosa que nuestros hijos y nietos podrían haber deseado. Era mi mejor amiga, mi apoyo, mi guía, mi mundo. Te amaré por siempre, Joan", escribió entonces.
Ahora, nueve meses después de tan dolorosa pérdida, Branson ha buscado consuelo y desconexión en su propia joya hotelera de Mallorca.
El multimillonario Richard Branson se aloja estos días en Son Bunyola, su hotel en Mallorca.
Una historia de amor con Mallorca
Se trata de Son Bunyola, el exclusivo resort que abrió sus puertas en junio de 2023 en la localidad de Banyalbufar.
Apasionado del deporte y del paisaje balear, el propio multimillonario ha compartido con sus seguidores en su cuenta de Instagram el idilio que mantiene con este rincón del Mediterráneo.
"¡Mi destino favorito de verano en el mundo. Son Bunyola! Las mejores vistas, las mejores rutas de ciclismo, y el mejor hotel en mi humilde opinión", ha recordado.
El vínculo de Richard Branson con las Islas Baleares no responde a caprichos. Tampoco al azar. Es una historia de devoción que se remonta a finales de la década de los años 80, cuando visitó por primera vez la zona y se enamoró del paisaje.
Richard Branson juega al tenis en las instalaciones deportivas de Son Bunyola, su hotel en Mallorca.
A lo largo de casi 40 años, el multimillonario ha invertido decenas de millones de euros en el patrimonio y la oferta turística de la isla. Su primera gran apuesta fue el célebre hotel La Residencia en Deià. Una propiedad que vendió en 2002, pero de la que siempre guardó un recuerdo entrañable.
Su verdadero gran reto personal comenzó en 1994, cuando adquirió por primera vez la histórica finca de Son Bunyola, de más de 520 hectáreas de terreno, en Banyalbufar.
Tras casi una década intentando conseguir las licencias pertinentes para restaurar la antigua possessió del siglo XVI perdió toda esperanza de sacar adelante su plan.
Desencantado y frustrado después de tropezar repetidamente con la negativa de las autoridades locales debido a las estrictas normativas de protección medioambiental de la Serra de Tramuntana, Branson decidió tirar la toalla. Y vendió la propiedad en 2002.
Pero, ya se sabe, las obsesiones son como un bumerán: siempre vuelven. Por eso, a pesar de zafarse de los terrenos, años después retomó su sueño de levantar el mejor hotel boutique del Mediterráneo. Así, en 2015, volvió a comprar la finca.
Tras la recompra inició de nuevo un meticuloso proceso de rehabilitación que duró más de dos décadas.
Esta vez sí contó por fin con la aprobación de las autoridades. Trabajó mano a mano con el Consell de Mallorca para diseñar un plan de rehabilitación exhaustivo. Este albergaba un enfoque completamente centrado en la sostenibilidad y el respeto absoluto al patrimonio arquitectónico y medioambiental.
Richard Branson, en una imagen de sus redes sociales.
Son Bunyola, refugio en la Serra de Tramuntana
Ubicado en pleno corazón de la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el Son Bunyola Hotel & Villas se despliega sobre una sobrecogedora finca salpicada de olivos centenarios, almendros, viñedos y acantilados con vistas directas al mar Mediterráneo.
El complejo combina el encanto de la arquitectura tradicional balear con los estándares de máximo confort del turismo ultra-luxury.
El Hotel Principal es una finca rural restaurada que alberga 26 habitaciones y suites decoradas al detalle, combinando arcos de piedra originales, vigas de madera vista y azulejos hidráulicos tradicionales.
Lujo al alcance de pocos
El complejo cuenta también con varias villas privadas. Son tres residencias independientes (Sa Terra Rotja, Sa Punta de S'Aguila y Son Balagueret) pensadas para grupos o familias que buscan privacidad, con piscina propia, servicio de chef exclusivo y atención personalizada las 24 horas.
En lo que respecta a la oferta gastronómica, el hotel dispone de dos restaurantes de referencia.
Uno de ellos es Sa Clastra, de alta cocina mediterránea de autor. El otro es Sa Tafona, ubicado en la antigua almazara de aceite de la finca. El local está enfocado en tapas e ingredientes cosechados en su propio huerto ecológico.
De sus instalaciones, destaca la piscina exterior con vistas al emblemático acantilado de Sa Foradada, así como el spa de tratamientos botánicos, las pistas de tenis, los viñedos propios y el acceso directo a rutas privadas de senderismo y ciclismo de montaña (la gran pasión, por cierto, a la que Branson se entrega cada mañana).
La privacidad y el nivel de conservación patrimonial de Son Bunyola se reflejan en sus exclusivas tarifas.
Reservar una habitación doble estándar en el edificio principal oscila entre los 1.000 y los 1.500 euros por noche en temporada alta, mientras que las suites con terraza privada pueden superar holgadamente los 3.500 euros la noche.
Quienes deseen un blindaje absoluto en sus vacaciones pueden hacer sus números. Las cuentas no salen, en absoluto a la baja. El alquiler completo de una de sus villas privadas excede fácilmente los 25.000 a 45.000 euros por semana.
Y es que el refugio soñado de Richard Branson es solo apto para bolsillos acaudalados. Un rincón donde encuentra el respaldo de sus dos hijos: Holly (44), médico de formación y miembro del equipo directivo del Grupo Virgin y su fundación solidaria (Virgin Unite); y Sam (40), músico, cineasta y creador de contenido, igual de involucrado que su frenético padre en proyectos de impacto social y aventuras extremas.
Ambos se han convertido en el mayor apoyo del magnate desde que se quedó viudo. "Aprender a caminar sin Joan es lo más difícil a lo que me he enfrentado jamás", afirmó recientemente.
"Sin embargo, sé que ella querría que sigamos celebrando la vida, apoyando a nuestros hijos, disfrutando de nuestros nietos y buscando la belleza en el mundo, exactamente como siempre lo hicimos juntos", añadió.
Queda claro que eso es, exactamente, lo que está haciendo el británico. Sus días de descanso en Mallorca son, a su manera, el mejor homenaje a su esposa. Ella, desde la sombra, siempre aplaudió sus gestas. Las personales, y las empresariales.
"Joan nunca quiso los focos, las alfombras rojas ni el estatus. Mientras yo volaba en globos aerostáticos o creaba empresas, ella era la fuerza serena que mantenía unida a nuestra familia. Sin su cordura, su sabiduría y su apoyo incondicional, Virgin nunca habría existido", ha confesado.
