La espectacular megamansión brutalista que Jim Jannard (77 años), fundador de Oakley, mandó construir a su medida en Beverly Hills ya tiene nuevo propietario. La operación se ha cerrado por 46,95 millones de dólares (unos 41 millones de euros), convirtiéndose en una de las transacciones inmobiliarias de lujo más destacadas del momento en Los Ángeles.
Ubicada en el exclusivo enclave de Trousdale Estates, la propiedad llevaba en el mercado desde 2024, cuando salió a la venta por 68 millones de dólares. Tras varios ajustes, en enero de este año reapareció con un precio reducido de 59,48 millones, hasta que finalmente ha encontrado comprador con una rebaja superior a los 10 millones.
Detrás de esta singular vivienda está la visión de Jannard, quien amasó su fortuna con Oakley -empresa que sacó a bolsa en los años 90 y vendió en 2007 al grupo italiano Luxottica por 2.100 millones de dólares-. El empresario adquirió el terreno, de más de 8.000 metros cuadrados, en 2009 por 19,9 millones y encargó al estudio idGroup el diseño de una residencia única.
Casa del fundador de Oakley en Bervelly Hills.
El resultado, finalizado en 2014, es una construcción de más de 1.700 metros cuadrados que apuesta por una estética industrial extrema: hormigón visto, acero inoxidable y detalles de inspiración steampunk, todo ello protegido por un contundente muro perimetral de geometría poligonal.
La estructura principal se sostiene sobre 96 pilares de hormigón vertido ‘in situ’, con los anclajes visibles, reforzando su carácter escultórico y casi futurista.
Sin embargo, la rotundidad del conjunto se equilibra con elementos que aportan luz y amplitud. Un gran patio circular central articula la vivienda, mientras que las paredes de vidrio retráctiles permiten abrir completamente el salón hacia el exterior, integrando una piscina infinita y espectaculares vistas panorámicas sobre Los Ángeles.
El impresionante salón con vistas a la piscina.
La propiedad comparte además el mismo ADN estético que la sede de Oakley en el sur de California, diseñada en los años 90 bajo la influencia de clásicos de ciencia ficción como Blade Runner y Metrópolis, consolidando así el universo visual que marcó la identidad del empresario.
Enigmático
James Jannard nació para romper moldes. En 1969, el joven californiano dejaba atrás sus estudios de Ciencias Químicas para subirse a una motocicleta y recorrer Estados Unidos en busca de libertad, identidad y un rumbo propio.
Aquel viaje marcado por el asfalto y la rebeldía acabaría siendo el punto de partida de una de las fortunas más llamativas del mundo empresarial. Lo que entonces parecía una aventura sin demasiada dirección se transformó, con el paso de los años, en el germen de Oakley, la marca que lo convertiría en multimillonario y en una figura de referencia dentro del diseño deportivo y la innovación.
Dormitorio principal del mansión.
Poco se sabe de los primeros años de Jannard, precisamente porque siempre ha cultivado un perfil reservado y enigmático. Sí se conoce que nació en 1949 en California. Ya en la década de los 70, comenzó a ganarse la vida reparando piezas de motocicleta en el garaje de su casa y vendiéndolas desde la cajuela de su coche.
Con una esposa embarazada y apenas 300 dólares en el bolsillo, Jannard entendió que necesitaba dar un salto. Entonces recurrió a los conocimientos de química que había adquirido en la universidad y empezó a fabricar unas empuñaduras para moto con un material especial que mejoraba el agarre. Aquella idea sencilla pero innovadora fue el primer gran paso hacia el éxito.
La marca recibió el nombre de Oakley, como su perro, y pronto empezó a ganar relevancia gracias a productos de diseño rompedor y alto rendimiento. Primero fueron las empuñaduras, después llegaron las gafas de sol pensadas para motociclistas, un producto que terminaría consolidando su fama internacional.
El ciclista Greg LeMond con gafas Oakley.
"Algo diferente y rompedor o no merezco ser empresario", llegó a decir Jannard, una frase que resume bien la filosofía que ha guiado toda su trayectoria. Esa mentalidad lo llevó a convertir Oakley en una firma de culto y, más tarde, a situarla en el radar de millones de personas en todo el mundo, especialmente cuando el ciclista Greg LeMond lució sus gafas en plena cima deportiva tras un acuerdo de patrocinio en los años 90.
Con el tiempo, su visión empresarial le permitió amasar una fortuna que supera los 4.000 millones de dólares. Pero Jannard no se detuvo ahí. Tras vender Oakley al grupo Luxottica, decidió volver a empezar con un nuevo proyecto: Red Digital Cinema, una compañía orientada a desarrollar cámaras de cine de alta calidad a precios más accesibles.
