Cuentan quienes siguen de cerca sus pasos que Andrés Mountbatten-Windsor (66 años) tiene una rutina muy discreta en su finca en la campiña inglesa de Norfolk. Desde que fue apartado de la Familia Real británica atrapado en la telaraña de Epstein, apenas si hay fotografías suyas.
Ha optado el hermano del rey Carlos III (77) por una vida de recogimiento. Además, conviene recordar que las últimas informaciones que se han conocido en torno a su figura no han hecho más que enturbiar su nombre y honorabilidad, ya de por sí bastante tocados.
No en vano, se ha hecho público, entre otros desmanes, que se habría embolsado un dinero subarrendando las cabañas de Royal Lodge sin haber pagado el alquiler de éstas durante 20 años.
En medio de este escándalo mayúsculo, por aquellos días, se lo inmortalizó con un morado en la mejilla, una impactante imagen que todos los medios recogieron. Ahora se ha conocido, por fin, cuándo se hizo Andrés ese hematoma.
Mohammad A. Baker.
La fotografía del hijo preferido de Isabel II magullado tuvo lugar después de haber disfrutado de un fin de semana de escapada clandestina a Francia. En concreto, Andrés se relajó en la yeguada francesa de un buen amigo.
Así lo sostiene Daily Mail. De acuerdo a su información, el exmarido de Sarah Ferguson (66) emprendió, entre el 30 de mayo y el 1 de junio, un viaje secreto a Saint-Malo, en el noroeste de Francia, donde el multimillonario emiratí Mohammed A. Baker lo acogió.
Este hombre, prácticamente desconocido para el gran público hasta ahora, ha saltado a los titulares internacionales tras revelarse que ha sido el anfitrión del expríncipe Andrés.
Mohammed es un magnate de la industria deportiva, criador de caballos y figura influyente en los círculos económicos y sociales de Oriente Medio. Este hombre, siempre según lo publicado, ha costeado íntegramente la escapada del expríncipe.
Mohammed, en una imagen de sus redes sociales.
El viaje, tan exprés como clandestino, tuvo lugar en MAB Stables, la prestigiosa granja de cría de caballos del empresario, situada en un enclave rural cercano a Saint-Malo, en el noroeste de Francia.
La expedición, que pretendía ser discreta, ha terminado generando aún más preguntas después de que, apenas 72 horas tras su regreso a Norfolk, Andrés fuera fotografiado con un hematoma visible en la cara, lo que sugiere que la lesión se produjo durante su estancia en Francia.
Aunque no se ha ofrecido ninguna explicación oficial, la coincidencia temporal ha alimentado la especulación.
Pero ¿quién es exactamente Mohammed A. Baker, el hombre que ha ofrecido refugio, hospitalidad y un fin de semana de lujo al ex duque de York? ¿Qué conexiones tiene con la realeza británica y por qué su nombre aparece ahora vinculado a Andrés?
Mohammed A. Baker, de 38 años, es conocido en los Emiratos Árabes Unidos como el "rey de las zapatillas deportivas".
Su fortuna proviene de un conglomerado de empresas dedicadas a la distribución de marcas internacionales de ropa y calzado deportivo, entre ellas Nike y Puma, con las que mantiene acuerdos comerciales altamente lucrativos.
Su influencia se extiende por Oriente Medio y el Sudeste Asiático, donde controla una red de tiendas, franquicias y acuerdos de distribución que lo han convertido en uno de los empresarios más poderosos del sector.
El expríncipe Andrés y el rey Carlos III.
Su marca personal, MAB, responde a sus iniciales y funciona como sello comercial en sus diferentes negocios. Aunque su imperio empresarial es amplio, Baker ha mantenido un perfil relativamente discreto fuera de la región del Golfo.
Además de su actividad en el sector deportivo, Baker ha invertido en cría de caballos de pura sangre.
Se trata, conviene matizar, de una afición profundamente arraigada en la cultura emiratí y que comparte con algunas de las figuras más influyentes del país, incluido el gobernante de Dubái, el jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum.
La finca donde se alojó Andrés, MAB Stables, es una de las joyas personales de Baker. Situada en un entorno rural idílico cerca de Saint-Malo, alberga alrededor de 130 caballos de pura sangre, además de potros y ejemplares destinados a competiciones internacionales.
La propiedad incluye una casa principal de grandes dimensiones, establos de última generación, pistas de entrenamiento, acceso directo a una playa cercana y zonas de recreo y jardines privados.
Según trabajadores locales, Baker visita la finca con frecuencia, "unos días cada dos semanas", atraído por la tranquilidad del entorno y la posibilidad de entrenar a sus caballos en la playa, una práctica habitual en la región.
Fue en este escenario donde el expríncipe Andrés pasó tres días como invitado VIP, disfrutando de paseos a caballo, partidas de petanca en el patio histórico de la casa principal y comidas preparadas por un chef privado.
El expríncipe Andrés.
En otro orden de cosas, hay que recordar que Baker fue designado personalmente como enviado comercial de los Emiratos Árabes Unidos por el jeque Al Maktoum, gobernante de Dubái y una de las figuras más poderosas del mundo árabe.
Por su parte, Andrés mantuvo durante años una estrecha relación con el jeque en su etapa como representante comercial del Reino Unido, cargo del que fue apartado tras el escándalo Epstein.
Ambos coincidieron en múltiples eventos oficiales y privados, especialmente relacionados con las carreras de caballos. Además, el jeque Al Maktoum fue un invitado habitual de la reina Isabel II, con quien compartía una profunda afición por los caballos.
La relación entre ambos se extendió durante décadas, y Andrés estuvo presente en numerosos encuentros.
Baker también mantiene vínculos estrechos con el presidente emiratí, el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan, quien, según diversas fuentes, llegó a ofrecer a Andrés una residencia con todos los gastos pagados en los Emiratos tras su caída en desgracia.
Desde que su relación con el financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein salió a la luz, Andrés ha sido apartado de la vida pública británica, despojado de sus títulos militares y obligado a retirarse de sus funciones oficiales.
En Reino Unido y Estados Unidos su reputación está gravemente dañada, pero en Oriente Medio la situación es distinta. En los círculos árabes adinerados, donde las relaciones personales y la hospitalidad tienen un peso cultural significativo, el escándalo ha tenido mucho menos impacto.
Andrés conserva allí una red de contactos influyentes que no solo no le han dado la espalda, sino que parecen dispuestos a ofrecerle apoyo y refugio.
Una pasión: los caballos
Tanto Baker como Andrés comparten una afición profunda por los caballos. El expríncipe ha sido fotografiado montando en numerosas ocasiones desde su retirada de la vida pública, mientras que Baker asiste regularmente a eventos ecuestres por toda Europa y supervisa personalmente sus establos.
Esta pasión común habría sido uno de los elementos que propició la invitación. La escapada de Andrés a la Bretaña francesa revela mucho más que un simple fin de semana de descanso.
Pone de manifiesto que, pese a su caída en desgracia en Occidente, el expríncipe mantiene apoyos sólidos en Oriente Medio, donde figuras como Baker continúan ofreciéndole respaldo, hospitalidad y oportunidades de desconexión.
Alquiler de cabañas
Andrés junto a su madre, la reina Isabel II.
En los últimos meses, el expríncipe ha vuelto a situarse en el centro de la polémica tras conocerse que habría estado subarrendando casas rurales de su propiedad en Balmoral a terceros sin autorización formal.
Una práctica que, según diversas informaciones, vulneraría las normas internas de gestión de las propiedades reales.
Estas viviendas, destinadas originalmente a personal de servicio y a actividades vinculadas a la finca, habrían sido ofrecidas como alojamientos vacacionales de lujo, generando ingresos privados para Andrés pese a que él no es el propietario legal de los inmuebles.
El escándalo ha reavivado el debate sobre su papel dentro de la Familia Real y sobre los límites de su autonomía económica desde que fue apartado de la vida pública tras el caso Epstein, alimentando nuevas críticas sobre su uso de recursos vinculados a la Corona a pesar de su caída en desgracia.
