Los reyes Carlos III (77 años) y Camilla (79) desplegaron la alfombra roja del palacio de Windsor este martes, 20 de octubre, para recibir al sultán de Omán Haitham bin Tarik Al Said (71) con un banquete de Estado en el Salón de San Jorge.
La velada se produjo dentro de la visita de Estado del mandatario omaní que estará tres días en Reino Unido -del martes 20 al jueves 22 de octubre de 2026- para reforzar la alianza estratégica entre ambas naciones.
A la cita no faltaron los príncipes de Gales, Guillermo (44) y Kate (44), así como la princesa Ana (76) con su marido, Tim Laurence (71), y los duques de Gloucester, que arroparon a los monarcas británicos en una noche marcada por las declaraciones que horas antes hacía el príncipe Harry sobre el distanciamiento con su padre y su hermano.
Carlos y Camilla con el sultán de Omán en la cena de gala.
El duque de Sussex, que no se habla con Guillermo desde hace cuatro años, admitió en una entrevista para QG que él quiere solucionar los conflictos con su familia "pero hay quienes no quieren".
Al margen de las polémicas, la cena supuso un momento ideal para que los Windsor desplegaran toda su artillería con una mesa espectacular, un menú de lujo y una princesa de Gales que deslumbró por encima de los 160 invitados.
Kate Middleton apostó por un vestido amarillo pálido de Elie Saab, con escote en V, detalle de capa y una larga cola que le dio un aire verdaderamente de cuento. Combinó el diseño con su tiara favorita, la Lover’s Knot, que perteneció a la reina María y que Diana de Gales hizo icónica, además de pendientes de diamantes y una pulsera de la reina Isabel II.
Los príncipes de Gales, Guillermo y Kate.
Guillermo, por su parte, acudió con frac y corbata blanca, la faja de la Orden de la Jarretera y varias condecoraciones. Camilla eligió un vestido de gasa en tonos púrpura de Fiona Clare, mientras que Carlos lucía la banda de la Orden de Al Said, una distinción que le había sido concedida por el propio sultán horas antes.
Festín de altura
Los invitados se sentaron a una mesa de 50 metros dispuesta con 480 cuchillos, 480 tenedores y 160 cucharas, además del Gran Servicio encargado por Jorge IV, compuesto por más de 4.000 piezas de plata dorada.
El menú estuvo compuesto por un plato de langostinos escoceses y cangrejo de Cornualles como entrante; faisán de Windsor asado en olla, acompañado de membrillo especiado, repollo relleno y patatas fondant con salsa de mostaza Dijon; y, de postre, un Alaska al horno individual con ciruela de Balmoral y helado de miel de la finca de Windsor.
La decoración de la mesa también tuvo su aquel. El candelabro central, de 12 brazos y con la figura de San Jorge y el dragón, se adornó con granadas cultivadas en un árbol plantado hace unos 50 años por el duque de Edimburgo en la Terraza Este del castillo. El verano inusualmente cálido hizo que diera fruto, y el equipo de Windsor decidió convertirlo en un guiño decorativo, aunque las granadas no se comieron.
En lugar de un cóctel con alcohol, los anfitriones quisieron rendir homenaje al Kahwa, el café especiado que se comparte tradicionalmente en Omán junto a dátiles como símbolo de hospitalidad. La propuesta se reinterpretó con una esencia muy británica: té, miel de Windsor, cardamomo, rosa y dátiles.
Mesa con 160 invitados en Windsor.
Los comensales pudieron elegir entre un Earl Grey helado con dátiles, un té helado de menta y rosa o una mezcla templada de cardamomo endulzada con miel de Windsor.
Durante su discurso, el Rey subrayó los lazos históricos entre Reino Unido y Omán, especialmente en un momento de tensión en Oriente Medio. Carlos elogió la "neutralidad constructiva" del país y su papel para mantener abierto el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo.
También tuvo un momento especialmente emotivo al recordar que Guillermo y el príncipe heredero de Omán son patrocinadores conjuntos de la expedición Joya de Arabia. "Pocos símbolos de éxito son más gratificantes que una relación viva que se transmite de una generación a otra", afirmó el monarca.
Declaraciones de Harry
La inusual entrevista de Harry de Inglaterra vio la luz escasas horas antes de que se produjera la cena de gala en Windsor. Aunque sus declaraciones habían sido grabadas en septiembre durante su estancia en Nueva York, no fue hasta este pasado martes cuando se hicieron públicas.
El duque de Sussex rompió su silencio para hablar de los problemas con su padre, Carlos III, y su hermano, Guillermo. El hijo pequeño de Diana de Gales aseguró que desea "solucionar" el conflicto familiar y dejó entrever que no todos en su entorno comparten esa voluntad. "Con todo lo que pasa en el mundo, lo más importante es reconciliarse. Esa es la clave".
"Yo quiero solucionarlo, pero hay quienes no quieren", desveló a la vez que animó a todas las personas que se encuentran en una situación parecida a la suya a dejar atrás el pasado aunque las cicatrices siempre vayan a estar ahí.
