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Conocida por su elegancia serena, su inalterable discreción y su firme compromiso con las causas sociales, la reina Jetsun Pema (36 años) ha dado un paso al frente para liderar la transformación más ambiciosa en la historia reciente del reino de Bután.

La soberana -a quien se la conoce como la 'Kate Middleton del Himalaya' por su carisma y estilo- se ha desplazado a la región meridional del territorio para ponerse al frente de un insólito proyecto que busca revolucionar la estructura urbanística y espiritual del país.

Sin hacer ruido de ningún tipo, operando en la reserva en que vive, la reina de Bután lidera la creación de Gelephu Mindfulness City (GMC), la megaciudad de más de 1.000 kilómetros cuadrados concebida para redefinir el futuro de Bután.

Aunque el reino es famoso en todo el mundo por priorizar la Felicidad Nacional Bruta (FNB) sobre el crecimiento financiero, el país sufre una preocupante escasez de oportunidades que provoca la migración masiva de sus jóvenes cualificados hacia países como Australia.

Para retener el talento local y atraer inversión extranjera, la zona operará como una Región Administrativa Especial (SAR), con leyes propias, un sistema judicial independiente y exenciones fiscales.

El objetivo es atraer a bancos internacionales, firmas tecnológicas y centros de investigación ofreciendo seguridad jurídica bajo un requisito innegociable: el 100 % de la inversión debe ser verde, ética y respetuosa con el medio ambiente.

El diseño urbanístico, encomendado a un estudio de arquitectura danés, salvará el paso de más de treinta ríos mediante innovadores puentes habitables inspirados en las fortalezas-monasterio tradicionales (dzongs).

La reina junto a sus hijos, supervisando el proyecto. Redes Sociales

Estas estructuras acogerán el nuevo Aeropuerto Internacional de Gelephu, campus universitarios, centros médicos y mercados.

Entre las obras de ingeniería destaca la Presa-Templo de Sankosh, una barrera hidroeléctrica que integrará plataformas de meditación y un templo excavado en la roca.

Fiel a la premisa de situar la espiritualidad en el centro del progreso, Jetsun Pema ha lanzado, entremedias, otro plan, más modesto a priori, pero igualmente ilusionante: Proyecto 108, la antesala sagrada de la futura ciudad.

La iniciativa consiste en la elevación simultánea de 108 Jangchub Chortens o estupas de la iluminación, alineadas milimétricamente a lo largo de 12 kilómetros a orillas del río Mau Chhu con una separación exacta de 108 metros entre cada una.

La Reina, perfilando los detalles de la gran ciudad. Redes Sociales

La ejecución de esta monumental obra en apenas 24 horas no se ha dejado en manos de contratistas privados, sino que se ha llevado a cabo a través del concepto tradicional butanés de trabajo comunitario (laytsho).

La reina Dragón ha coordinado el despliegue de más de 40.000 voluntarios locales respaldados por técnicos especializados, transformando el paisaje del sur en un imponente santuario de paz que evoca a enclaves como Borobudur o Bagan.

Volviendo al proyecto base, a la megaciudad, la soberana, acompañada en todo momento por sus tres hijos -los príncipes Jigme Namgyel, Jigme Ugyen y la pequeña princesa Sonam Yangden-, supervisa sobre el terreno las obras de esta gran misión de Estado.

La Escuela Hatisar

La reina Dragón ha querido que sus vástagos sean testigos directos y participantes activos de la metamorfosis de Bután. Junto a ellos, la soberana ha colocado la primera piedra de la Escuela Hatisar, el primer pilar educativo del nuevo enclave urbano.

Este centro escolar privado, concebido para impartir enseñanza desde la primera infancia hasta un bachillerato de excelencia internacional, se erigirá respetando la arquitectura vernácula a partir de materiales autóctonos y sostenibles como la madera, la piedra y el bambú.

Con este gesto, la 'Kate Middleton del Himalaya' inculca a los Príncipes la visión de que el alma de la nueva superciudad reside en la educación de sus jóvenes, quienes deberán aprender a desenvolverse en un entorno tecnológico global sin perder el respeto por la naturaleza.

La solidez de la monarquía

Sea como fuere, con esta histórica misión, Jetsun Pema reafirma el rol fundamental que desempeña junto a su esposo, el rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck.

Desde su enlace en 2011, la pareja real ha sabido conservar el afecto de su pueblo a través de una modernización respetuosa.

Mientras el Rey abandera la proyección diplomática y la estrategia macroeconómica del país, la reina Dragón ejerce como la fuerza ejecutiva del compromiso social y cultural.

Los reyes de Bután. Gtres

Los reyes de Bután se casaron el 13 de octubre de 2011 en una ceremonia budista celebrada en el monasterio-fortaleza de Punakha, un enlace que conmovió al país por su aire romántico y por el hecho de que la reina procedía de una familia no real.

Cinco años después, el 5 de febrero de 2016, nació en el Palacio Lingkana de Timbu su primer hijo, el príncipe heredero Jigme Namgyel Wangchuck.

La familia creció con el nacimiento del príncipe Jigme Ugyen Wangchuck, el 19 de marzo de 2020, y culminó con la llegada de su primera hija, la princesa Sonam Yangden Wangchuck, el 9 de septiembre de 2023, también en el Palacio Lingkana.

La Familia Real de Bután al completo, en una instantánea tomada en Thimphu, en 2020. Gtres

Ambos estaban comprometidos desde que él tenía 17 años y ella tan sólo siete.

Por aquel entonces, el príncipe heredero quedó prendado de aquella pequeña Jetsun y acordó con sus padres que, si llegaba a la mayoría de edad sin marido, los dos se casarían, "siempre y cuando sintiéramos lo mismo", recalcó. Y así fue.

Asimismo, ella se convertía en la reina consorte más joven del mundo y consiguió romper una antigua tradición arraigada en la monarquía de Bután: la poligamia.

Ella se lo pidió y él aceptó, declarando que quería ser monógamo y fiel a su esposa, siendo contrario a los pasos del anterior Rey, que llegó a casarse con cuatro hermanas en un mismo día.