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La historia de amor, brevísima -poco más de un mes de duración-, pero sumamente intensa, que vivieron Diana de Gales y Dodi Al-Fayed ha regresado 29 años después gracias al libro que Charles Spencer (62 años), el hermano de la Princesa, ha publicado este pasado martes, día 22.

Cierto es que Charles no se excede por demás en cuanto a los detalles de aquel trágico romance que concluyó, de forma abrupta, el domingo 31 de agosto de 1997, en París, cuando el vehículo en el que viajaba la pareja se estrelló en el túnel del Pont de lAlma.

Hoy, el hermano de la Princesa tan sólo menciona a la poderosa familia Al-Fayed como de pasada, cuando narra que Raine, la madrastra de Diana, unió a la Princesa con Dodi, el hijo de Mohamed Al-Fayed, cual celestina, sembrando la semilla del amor, entre ellos.

El soberano, en los almacenes Harrods. Redes Sociales

Relata Charles que un día el que estaba llamado a ser su suegro, Mohamed, se sobrepasó con ella. "El hombre se le había acercado, le había puesto una mano en el culo. Y se lo había apretado mientras le decía, insinuante: 'Y en Egipto, el suegro es el primero...'.

Más allá de este lamentable suceso que tuvo que vivir la Princesa, en la obra de Penguin Random House se pone el foco en la saga Al-Fayed y en su templo del lujo, ese que levantó el propio Mohamed: los exclusivos almacenes Harrods.

Durante 25 años, este establecido, situado en Brompton Road, en el exclusivo distrito de Knightsbridge, en pleno centro de Londres, muy cerca de Hyde Park, fue el epicentro del todo, del consumo más selecto, y centro de reunión de la alta sociedad británica.

Esta es la historia del auge y caída de Harrods. Estos almacenes encarnan uno de los capítulos más fascinantes del capitalismo internacional. Lo que nació en 1834 como una modesta tienda de ultramarinos fundada por Charles Henry Harrod acabó convirtiéndose en un gigante comercial.

Un ingente negocio con más de 300 departamentos y el legendario lema Omnia Omnibus Ubique ("Todas las cosas para todas las personas, en todas partes"). Sin embargo, la historia moderna de Harrods no se entiende sin la irrupción de Mohamed Al-Fayed.

Imagen de la fachada de los almacenes. Getty Images

El multimillonario empresario Al-Fayed adquirió la compañía en 1985 junto a su hermano Ali por algo más de 600 millones de libras, tras una encarnizada batalla bursátil contra el empresario británico Roland 'Tiny' Rowland.

La compra supuso la llegada de un auténtico torbellino: Al-Fayed inyectó cientos de millones de libras para restaurar el esplendor victoriano del edificio, creó la célebre Sala Egipcia y convirtió el inmueble en un palacio barroco donde la extravagancia no conocía límites.

Para abrirse paso en la hermética clase alta británica -que siempre lo contempló con recelo e instintivo rechazo-, Mohamed utilizó Harrods como un potente instrumento de relaciones públicas y proyección de poder.

En esa línea, no dudó en fichar a miembros destacados de la aristocracia para elevar la marca y tejer puentes con la Casa Real. El caso más paradigmático, tal y como relata amargamente Charles Spencer en sus textos, fue el de su propia madrastra, Raine.

Tras enviudar del VIII conde Spencer en 1992, la viuda y enemiga acérrima de Diana en su juventud se incorporó a la plantilla directiva de Harrods como consejera y embajadora de la firma. Al-Fayed se aseguró así la lealtad y el prestigio de una condesa británica en su plantilla.

Un gesto de favor que el ladino empresario no dudó en cobrar con creces al facilitar y propiciar el acercamiento entre su hijo Dodi y la princesa de Gales durante el verano de 1997. Bien podría decirse, pues, que allí, en ese templo, se fraguó, de algún modo, el trágico romance de Dodi y Diana.

El altar que se levantó en los almacenes tras la muerte de Dodi y Diana. Getty Images

Y con ese idilio iba emparejada la desgracia, la tragedia. La muerte de Diana y Dodi en el túnel de Pont de l'Alma de París alteró para siempre el destino de los almacenes. Nada volvió a ser igual.

Sumido en un profundo duelo y alimentando teorías de la conspiración sobre un supuesto asesinato orquestado por los servicios secretos, Mohamed erigió en el edificio un monumental altar conmemorativo dedicado a la pareja, inaugurado oficialmente en abril de 1998.

El memorial, flanqueado por pirámides de iluminación, fotografías entrañables de la pareja y la estatua de bronce Las víctimas inocentes, se convirtió de inmediato en un centro de peregrinación para millones de turistas.

Entre sus reliquias más llamativas destacaban dos objetos protegidos bajo una pirámide de cristal: una copa de vino utilizada por la pareja en su última cena en el hotel Ritz de París -que aún conservaba la huella del lápiz de labios atribuida a la Princesa-, y un anillo que Al-Fayed expuso.

Tal y como se sostuvo en aquellos días, y Mohamed nunca desmintió, se hizo creer a la opinión pública que esa alianza era la del compromiso, que Dodi había comprado para Diana. La intrahistoria de dicha joya revela los matices del relato construido por el magnate.

El afamado joyero italiano Alberto Repossi vendió la pieza a Dodi Fayed el 30 de agosto de 1997 en su boutique de Mónaco. Pertenecía a la colección Dis-moi oui ("Dime que sí") y la factura de venta lo clasificaba expresamente como un anillo de compromiso.

Mohamed junto a la reina Isabel II. Getty Images

Sin embargo, se trataba de una joya que Dodi no llegó a entregarle oficialmente a Lady Di, pues nunca se pudo demostrar que Diana la hubiera aceptado ni que la pareja hubiera llegado a formalizar un compromiso matrimonial antes del accidente fatal.

Eso sí, por ahí circulan crónicas que dicen que ella le dijo que no; que, de momento, no quería compromiso. Volviendo a la alianza, los anillos cúpula eran la joya estrella de Repossi, en aquel momento.

Éste era de oro y tenía un diamante central en talla esmeralda y una cobertura de diamantes triangulares alrededor. Su precio entonces era de 11.000 euros. Tras el deceso de la dupla, aquella alianza estuvo expuesta en la suerte de altar que se alzó en los almacenes, en el ecuador de su brillo.

La venta a Catar

Tras un cuarto de siglo de gestión unipersonal y continuas polémicas políticas con el Gobierno británico -que le denegó sistemáticamente la ciudadanía-, Mohamed Al-Fayed decidió vender Harrods en mayo de 2010.

La transacción se cerró por una cifra cercana a los 1.500 millones de libras esterlinas -más de 1.700 millones de euros de la época-.

Los compradores y actuales propietarios de los almacenes son el fondo soberano Qatar Investment Authority (QIA), la rama inversora del Estado de Catar.

Mohamed, en una imagen de archivo. Getty Images

Bajo la gestión catarí, Harrods emprendió una profunda modernización para despojar al centro de los excesos personalizados del antiguo dueño.

En 2018, la nueva dirección decidió retirar definitivamente el polémico altar de Diana y Dodi para devolver las estatuas a la familia Al-Fayed, restituyendo el edificio a su arquitectura histórica sin la carga emocional del pasado.

Los herederos Al-Fayed: ¿dónde están?

Tras la muerte de Mohamed Al-Fayed en agosto de 2023 a los 94 años, la cuantiosa fortuna familiar y el legado del patriarca quedaron repartidos entre los cuatro hijos que tuvo con su segunda esposa, la modelo finlandesa Heini Wathén.

A diferencia de su difunto medio hermano Dodi, los cuatro herederos han optado por trayectorias vitales alejadas de la vorágine de la prensa del corazón británica.

Jasmine Al-Fayed es la primogénita del segundo matrimonio del magnate. Desarrolló una sólida carrera como diseñadora de moda en Londres.

Fundó su propia firma de alta costura, Jasmine Di Milo, vistiendo a grandes estrellas de Hollywood como Sienna Miller o Rihanna. Tras el cierre voluntario de su marca, mantiene un perfil público discreto volcado en el arte y el mecenazgo.

Por otro lado, Karim Al-Fayed es el hijo más reservado de la dinastía. Víctima de una sordera severa desde su infancia tras sufrir una meningitis, Karim volcó su pasión en el mundo de la fotografía de naturaleza y el paisajismo.

Mohamed Al-Fayed, en una imagen de archivo. Getty

Ha vivido apartado de los negocios familiares de la capital, residiendo largas temporadas en entornos rurales y promoviendo causas benéficas para personas con discapacidad auditiva.

Camilla Al-Fayed es, con diferencia, la más mediática y empresarial de los hermanos. Afincada en el sector de la restauración de lujo y el estilo de vida sostenible, fundó con enorme éxito el restaurante vanguardista de cocina basada en plantas Farmacy en el barrio londinense de Notting Hill.

Casada con el empresario sirio Mohamad Esreb, Camilla ha sabido labrarse un nombre propio en la industria gastronómica internacional sin depender del apellido paterno.

Por último, Omar Al-Fayed es el benjamín de la familia estuvo llamado en su juventud a ser el heredero natural del imperio tras la muerte de Dodi, llegando a ocupar un sillón en el Consejo de Administración de Harrods con apenas 19 años.

Sin embargo, tras diferencias estratégicas y desacuerdos sobre el rumbo comercial del grupo, abandonó los cargos ejecutivos.

Omar es hoy un activo ecologista y promotor de la exploración espacial y las tecnologías verdes, presidiendo varias fundaciones dedicadas a la conservación del medio ambiente.